Cinque Terre

Jesús Ortega Martínez

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Coordinador Nacional de Nueva Izquierda del PRD.

¡La glorificación de la mentira!

La conferencia de prensa que día con día lleva a cabo el presidente de la República, se está convirtiendo en una gansada, y en una fuente de la que brota, inagotable, un caudal de mentiras y falsedades.

Algunos ingenuos afirmaban que con esta conferencia matutina diaria, se estaría dando cumplimiento a un compromiso ofrecido por López Obrador durante la campaña; me refiero a que el presidente se obligaría a informar con puntualidad lo realizado por el gobierno.

Como se puede comprobar durante estos primeros meses de campaña, esto no ha sido así, y en sentido contrario, el presidente se encuentra –de manera permanente- engañando a los reporteros, a la gente y al país.

López Obrador le miente al país sobre lo que hace como el encargado de la administración pública, pero además, miente sobre su comportamiento personal, sobre el de sus colaboradores, y en el colmo, miente sobre la política del país y sobre la historia en general.

Esto ya tiene consecuencias negativas en las tareas de la administración que son, sin ambages, un desastre y debería, en consecuencia, tener efectos punibles.

Las y los ciudadanos de cualquier nación, también la nuestra, no debieran permitir que su presidente mienta por sistema y que encuentre en la mentira su forma, su contenido, su estrategia para ejercer el poder.

López Obrador falseó hechos y datos cuando el debate sobre el nuevo aeropuerto; lo hizo sobre el asunto de la migración de personas hacia nuestro país; sobre la termoeléctrica en Morelos; sobre la inseguridad que nos flagela, sobre la refinería, sobre el uso del presupuesto, etcétera.

FOTO: MISAEL VALTIERRA / CUARTOSCURO.COM

Días atrás, López Obrador reconoció que sobre el tema del desabasto de los combustibles mintió y de la misma manera, es decir con cinismo, ahora mismo miente sobre la crisis profunda que experimenta todo el sector de la salud pública. Hace algunos meses mintió acerca de la carta que envió a las autoridades españolas. Lo hizo en varios sentidos, pero además lo hizo adulterando la historia de las relaciones entre las dos naciones. Ésta, la de una irrefrenable tendencia a tergiversar la historia es, quizás, la más grave manía que puede tener como presidente. Tergiversa la historia resultado de su ignorancia, pero sobre todo lo hace con propósitos políticos.

George Orwell expresaba que los historiadores y los políticos podrían disentir en muchas cosas, pero hay un acervo de datos que nadie, con elemental honestidad intelectual, podría ponerlos en duda. Esta convención de base, reitera Orwell, es la que evita los totalitarismos.

“Los nazis, por ejemplo, negaron que existiera algo llamado la verdad, y para los nazis, tampoco existía la ciencia. Lo único que hay, decían, era la verdad alemana, la ciencia alemana, la historia alemana, la historia levantada por los nazis”.

El objetivo tácito de esta obsesión, lo dice Orwell era “que el jefe o la camarilla gobernante pudiera controlar no solo el futuro, sino también el pasado”.

Si el jefe, el caudillo, el líder dice que tal acontecimiento no ha ocurrido (aunque todos lo estemos observando) pues no ha ocurrido; si dice –ante la evidencia tangible de escasez de medicamentos– que él tiene otros datos, pues entonces no hay escasez; si el presidente dice que en México se ha logrado la seguridad y la paz, entonces los asesinatos, secuestros, extorsiones, amenazas, robos que a diario padece la gente, no existen y solo son producto de la “prensa fifí” y la perversidad de sus enemigos; si dice “que hace diez mil años había imprentas y universidades en México”, entonces las ciencias universales como la historia, la biología, arqueología, física, antropología, química, no existen, y lo único que existe es “la verdad del presidente”, la misma que repiten sus corifeos, la que con mansedumbre vergonzosa aceptan sus colaboradores.

Cualquier persona que haga uso de la razón, podrá coincidir que el intento de controlar el pasado es un delirio, una locura. Y, sin embargo, los líderes del pensamiento totalitario lo pretendieron.

Ahora en el siglo XXI, lo continúan pretendiendo grupos de fanáticos y liderazgos, que como el de López Obrador, profesan una visión absolutista sobre la vida y el desarrollo de las sociedades.


Este artículo fue publicado en Big Bang México el 27 de mayo de 2019, agradecemos a Jesús Ortega su autorización para publicarlo en nuestra página.

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