Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Gay Talese acepta un terrible error, ¿cuántos medios harían lo mismo en México?

El hecho, es contundente: lo que prometía ser el reportaje del año resultó ser una farsa y así lo reconoció el mismo autor, Gay Talese. Por ello, escritor estadounidense adujo, hoy mismo, que no promocionará el libro El motel del voyeur, y la razón no deja lugar a duda: su fuente, el señor Gerald Foos, “no es de fiar. Es un hombre deshonesto. Totalmente deshonesto”.


Prescindo de reseñar el reportaje y también omito aludir a la gran equivocación del reportero de 84 años de edad, que tiene un fuerte prestigio sobre todo en Estados Unidos, y valoro su entereza ética y profesional al aceptar que su historia es una farsa porque está sustentada, vale la redundancia, en un farsante. Y enseguida pregunto cuántos medios de comunicación y periodistas mexicanos reconocerían una equivocación de este calado. Permítanme acudir a un ejemplo, que sucedió el 12 de junio de hace cuatro años en nuestro país; ese día varios medios como Reforma, Pájaro político y Proceso, entre otros, difundieron que un empresario méxico-estadounidense llamado José Luis Ponce de Aquino entabló una demanda penal en contra de varios integrantes del equipo de campaña del entonces candidato a la presidencia por el PRI, Enrique Peña Nieto. En la querella interpuesta en Estados Unidos, en la Corte del Distrito Centro en California, Ponce de Aquino dice que esos militantes del PRI emplearon la firma de un contrato celebrado con él para “desviar 56 millones de dólares de procedencia desconocida y depositarlos, en un solo día, en una cuenta del Banco Monex”.


El medio de comunicación que más preeminencia da al asunto fue Aristegui Noticias MVS al dedicarle atención durante 6 meses y darle una cobertura de 16 horas (15:43:02) porque la conductora consideró que el tema era “delicado” o “muy grave” dado que podría ser la primera pista de una ruta paralela de financiamiento de la campaña del PRI a la Presidencia. Durante medio año, es decir, durante los días de las campañas electorales, Carmen Aristegui se basó en los dichos de Ponce de Aquino para proponer a las audiencias una alianza con base en sus suposiciones contra un actor político. No obstante: en el decurso de la historia sucedió lo siguiente:


1) La corte de California resolvió que la demanda del empresario era “frívola” y que carecía de fundamento de derecho. El señor Aquino quería una indemnización de 5 millones de dólares y lavar su buen nombre.


2) En la ruta de la demanda los testigos del empresario se desistieron y lo denunciaron.


3) En sus declaraciones ante la autoridad electoral, el IFE, el demandante informó: a) que él no había demandado a los miembros del equipo del PRI sino a otro señor quien fue el que lo engañó; b) incluso dijo que creía que los compañeros de Peña Nieto también habían sido engañados. c) También aceptó que no existían los contratos que él le había mencionado a los medios de comunicación y, en particular, a Aristegui Noticias (no deja de sorprender que esa periodista no le hubiera solicitado los contratos al demandante).


4) La cuenta del banco que señaló el empresario donde se habrían depositado los recursos no existió, fue un invento. Incluso Jorge Alcocer se lo dijo a Aristegui en el noticiero pero ella no lo aceptó; la periodista se comprometió a esclarecer esto aunque no lo hizo porque “Pepe”, como ella le decía de José Aquino, no le proporcionó el número de cuenta.


5) Entre todo eso, lo más trágico (aunque también tiene algo cómico) es que la fuente en que se sustentó (es un decir) Aristegui Noticias ni siquiera se llamó como dijo llamarse, es decir, su nombre no es José Luis Ponce de Aquino sino: José Deaquino, José Ponce de León o José Diaquino además de otros tres nombres con los que había sido demandado por fraude este señor (o sea que nunca supimos cuál de esos nombres es el que el farsante quería lavar). También es trágico y cómico recordar que cuando Carmen Aristegui inició con el tema que le parecía muy delicado, dijo a las audiencias que ella y su equipo habían verificado el nombre del demandante y que en efecto, “Pepe” existía.


6) Sin embargo, frente a todos estos datos demoledores, los medios de comunicación a los que me referí al principio nunca dijeron nada más. No inforrmaron que todo eso fue una farsa y, desde luego, no lo hizo Carmen Aristegui. A pesar de su terrible error.


Por eso valoro que Gay Talese reconozca su error. Porque todos nos equivocamos aunque el mayor error sea no aceptarlo y engañar a las audiencias o lectores.

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