Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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“Gatellfever”

No cabe duda de que “cuando no nos llueve, nos graniza”, de que sí se puede estar peor y de que el deterioro no conoce límites. Y es que quién iba a imaginar que a la descomposición generalizada en la que estamos inmersos desde hace meses se añadiría una pandemia de alcances aún insospechados. Y sí, cuando “ya éramos muchos, parió la abuela”. Cuando la autodenominada Cuarta Transformación ya mostraba múltiples signos de naufragio, nos cayó el “chahuistle”: el Covid-19. Pero ese bicho no sabía que en tierras aztecas toparía con pared pues se encontraría con un personaje cuyos poderes verborreicos le harían desear nunca haber pisado este telúrico terruño: el Dr. Hugo López Gatell, el “’rockstar’ de la epidemiología moderna”.

Pero ¡aguas querido lector!, que no me lo quieran agarrar de bajada. Por favor no se deje engañar. No permita que las “mañaneras” presidenciales o las “nocturnas” del hoy afamado subsecretario lo apantallen y le hagan olvidar la era AC (Antes del Covid). Tengamos memoria histórica, cuando menos algunos “flashazos” del pasado reciente, y recordemos que previo a la enfermedad distábamos de ser la Suiza tropical prometida en campaña por el Presidente López Obrador. Que no le digan “tan bien que íbamos y se nos presenta la pandemia” porque no es así. En modo alguno. ¡No!

“Cuando México recibe a la epidemia de Covid la enfrenta con su realidad….”. Sí, con una población cuyos malos hábitos le hacen padecer enfermedades crónicas y con un sistema de salud deteriorado tras décadas de abandono pero también -omitió decir el subsecretario López Gatell- con la nueva realidad de un régimen populista, autoritario y cuyas prioridades no parecen ser las sanitarias, un régimen que primero desestimó la pandemia, luego dijo que ya era “asunto de nosotros” (los ciudadanos) hacernos cargo del cuidado propio y en días recientes culpó a la gente y a las empresas por la dieta preponderante. Como si el fracaso en la estrategia fuera cosa exclusivamente de otros y no, en buena parte, de ellos.

Algunos datos sobre el contexto previo:

En materia económica el país ya atravesaba por un estancamiento con muy pesimistas indicadores que auguraban recesión, crisis y, por ende, nefastas consecuencias. Además, se tenía el antecedente inmediato del nulo crecimiento durante el 2019 (de hecho se decreció 0.1% según el INEGI). Al respecto ha llamado la atención que se trata de una crisis autoinfligida puesto que el entorno internacional venía siendo positivo (la economía de los Estados Unidos creció el año pasado) y la acción del gobierno mexicano ha sido determinante pero no para dar certeza sino para disuadir a los inversionistas nacionales y extranjeros de comprometer sus capitales en nuestro país. En tanto, de acuerdo con la misma fuente previamente citada, la tasa de desempleo subió a 3.5% respecto al último trimestre de 2019. O dicho de otro modo, aproximadamente 2 millones de personas estaban sin empleo para marzo. Aunado a ello, las agencias calificadoras internacionales degradaron la calificación crediticia de México. Y podríamos seguirle…

CIUDAD DE MÉXICO, 02JULIO2020.- Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

En el ámbito de la seguridad los números eran y son estremecedores. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, los homicidios dolosos entre enero y mayo sumaron 14 mil 631. El domingo 7 de junio fue el día más violento en lo que va de 2020 al registrarse 117 homicidios dolosos. Una crisis humanitaria que parece no tener fin ni siquiera con aquello de la innovadora estrategia de los “abrazos” o con el reciclaje de tácticas militares que en campaña se prometió finalizar. Terrible.

En materia sanitaria, por todos es conocido que las cosas no eran mejores y de ello son responsables esta y las administraciones pasadas, claro está. No obstante, que ello no sirva como excusa puesto que éste gobierno (que para algunos es de “izquierda”) ha tenido cuando menos 18 meses para empezar a resolver la añeja crisis del sector. Contrario a ello, en 2019 el gobierno de López Obrador aplicó un recorte presupuestal de 2 mil 300 millones de pesos a todos los hospitales nacionales de alta especialidad. Y hay más…

Para 2020, si bien el gobierno federal propuso un aumento presupuestal de 0.18% en términos reales, la Dirección General de Epidemiología tuvo una recorte de casi 57 millones de pesos. Además, asuntos como la desaparición de estancias infantiles, el desabasto de medicamentos y la accidentada sustitución del Seguro Popular causaron afectaciones literalmente mortales entre los sectores sociales más desprotegidos. Menos mal que para este régimen “primero los pobres”. En este ámbito vienen a colación los señalamientos hechos por Germán Martinez Cázares quien al renunciar a la dirección general del IMSS denunció “injerencias de Hacienda (que) son de esencia neoliberal: ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde importa más el ‘cargo’ que el ‘encargo'”. Ah pero no fueran el tren, la refinería o el aeropuerto que para la “4T” son prioridad. Menos mal, también, que se acabó con el “maldito neoliberalismo” y el “neoliberAMLISMO” hará de esta la tierra prometida. Menos mal.

Y así, en medio de ese tormentón del que citamos algunas de sus principales manifestaciones, llegó el Covid-19. Para hacerle frente, la administración obradorista ha implementado algunos paliativos que, a la luz de sus propios números, no han tenido los más óptimos resultados en materia económica ni en el terreno sanitario (y parece que en ningún otro).

La economía podría retroceder arriba de 8 puntos porcentuales para este año, en abril se reportaron 12 millones de personas sin ingresos ni trabajo y podrían desaparecer hasta 800 mil empresas. Por si fuera poco, México quedó fuera del Índice de las 25 economías más atractivas, elaborado por la consultoría AT Kearney. En tanto, la violencia y la delincuencia no conocen de cuarentenas y, como se mencionó líneas arriba, en junio se presentó la jornada más violenta en lo que va de 2020. En salud, México ocupa -al escribir este artículo- el ¡5to lugar mundial en decesos! a causa de la pandemia, el 1ro en letalidad en el continente (duplica a los Estados Unidos) y entre el 9no y el 8vo en contagios detectados; hasta el día 5 de julio se reportan 256, 848 casos confirmados y 30, 639 defunciones. Según varios medios (el más reciente es el Financial Times), México subestima el número de contagios y muertes por Covid, que podría ser, en el caso de los fallecimientos, 3.5 veces mayor.

Con todo y esas cifras, la vocería del Dr. López Gatell goza de cierta credibilidad, simpatías y aprecio: 44.4% de los entrevistados aprueba su labor, según una reciente encuesta de Mitofsky. En consecuencia, ha sido una pieza útil para el gobierno obradorista. Ante ello, pregúntese si, partiendo de los números sobre el Covid y sólo de ellos, sería usted capaz de profesarle ciega fe al Dr. López Gatell. ¿Usted sería parte de la “Gatellfever” luego de que el “rockstar” se ha resistido -pese a recomendaciones incluso internacionales- a la aplicación de pruebas masivas o al uso de cubrebocas”? ¿De verdad sería su fan luego de que ha dejado en el camino pedazos de entereza con tal de justificar las ocurrencias discursivas de su jefe? ¿Renunciaría a cuestionar sus contradicciones públicas? ¿Le “compraría” las explicaciones que más bien parecen pretextos ante sus fallidas proyecciones? ¿No le cuestionaría la eficacia de la estrategia gubernamental? ¿De verdad se “aplanó la curva”? ¿De verdad se “domó la pandemia? Los números -oficiales, no lo olvide- hablan y hasta contradicen los dichos de la vocería oficialista.

De ser usted un “follower” acrítico del hoy afamado subsecretario, ha elegido la dulce píldora azul -como en el filme Matrix- y prefiere creer en un régimen que en no pocas circunstancias favorece la superchería sobre la razón, los “detente” sobre los cubrebocas o el auto cuidado (neoliberal) sobre el fortalecimiento del aparato de salud del Estado (que debería ser la impronta de un régimen postneoliberal). Dudo que así sea. Confío en que todos sigamos cuestionando. Es preferible que usted y todos tomemos la píldora roja aunque esta sea muy amarga. Bajo ninguna circunstancia renunciemos a pensar, no seamos fanáticos de ningún funcionario y siempre evaluémoslos a la luz de sus resultados. Le sugiero tomarlo en cuenta.

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