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Luis de la Barreda Solórzano

Gandallismo en la vacunación

El Presidente pidió que se denunciara el gandallismo en la aplicación de la vacuna contra covid-19. “Da hasta pena —dijo— reconocer que la cultura del agandalle llegó hasta el Plan Nacional de Vacunación”. Admitió que se han pasado de vivos desde legisladores afines a su gobierno hasta políticos y líderes sindicales que, a través del influyentismo, lograron que se inmunizara anticipadamente a ellos y a sus familiares, que no forman parte del sector salud.

Ya que el mismísimo titular del Poder Ejecutivo está solicitando que se denuncien esas prácticas indebidas, es de esperarse que quienes las señalemos no seamos satanizados en las conferencias mañaneras, tildándosenos de añorantes del periodo neoliberal, conservadores, fifís o enemigos del pueblo.

En una de esas conferencias fue presentada una lista de columnistas dividida entre los que apoyan la denominada Cuarta Transformación —los buenos— y los réprobos, y fui ubicado en el segundo grupo, lo que me resulta honroso, pues en este subconjunto, a diferencia del primero, hay colegas a los que admiro. Pero en mi artículo de hoy lo que estoy haciendo es atender la petición del Presidente, por lo que —espero— no seré objeto de descalificaciones o denuestos.

Además de las anomalías ya indicadas por el Presidente, es indudable que constituye un abuso inadmisible que se esté vacunando a los llamados servidores de la nación —promotores políticos que en 2018 hicieron proselitismo electoral para Morena y en el actual gobierno han sido los encargados de enrolar y censar, casa por casa, a los favorecidos en los programas sociales—, los cuales están participando innecesariamente en los operativos de inmunización. No son personal sanitario y, por ende, no han combatido en ningún momento la pandemia en primera línea.

En una de sus acostumbradas contorsiones expositivas, el doctor Hugo López-Gatell, al ser cuestionado sobre esa irregularidad, empezó respondiendo que la prensa debe documentar y denunciar formalmente estos “intentos de saltarse la fila” y no difundir chismes, pero minutos después aseveró que esos brigadistas tienen derecho a recibir la vacuna prioritariamente. Como toda contradicción, la de López-Gatell es indefendible, pero, además, en este caso, a la discordancia se une la desfachatez.

El propio Presidente justificó que los servidores de la nación estén siendo vacunados porque forman parte de las brigadas de vacunación. Esa justificación es insostenible. Tales brigadistas no aplican la vacuna, sino son testigos, cuya presencia es absolutamente inútil, de la aplicación, la cual está a cargo de personal sanitario.

La irregular vacunación anticipada de tan esforzados paladines, habida cuenta del reducido número de vacunas que han llegado al país, ha privado de su derecho preferente en la vacunación a médicos de hospitales privados e individuos vulnerables. No es de extrañar que ante esa inadmisible discriminación la Comisión Nacional de los Derechos Humanos —mejor dicho: la grotesca caricatura en que se ha convertido— guarde silencio. ¿Tampoco se pronunciará al respecto el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación?

Asimismo, es un agandalle que se oculten los detalles de la información sobre cuántas y cuándo llegarán las vacunas y cómo serán aplicadas; lo es igualmente que en lugar de utilizarse la red nacional de vacunación, uno de los éxitos de nuestro sistema de salud pública, se hayan armado 10,000 brigadas de inmunización, en las que médicos y enfermeros están supeditados a los mencionados servidores de la nación, y lo es también que se priorice la vacunación en las zonas rurales aisladas en vez de en las grandes ciudades, en las que se genera la mayor incidencia de contagios.

Las desviaciones referidas, en vez de privilegiar el interés público, parecen orientadas a obtener réditos electorales, lo cual implica, como advierte Raúl Trejo Delarbre (La Crónica de Hoy, 18 de enero), “traficar políticamente con la vida de las personas”.

La vacuna debe ser, como apunta Federico Reyes Heroles (Excélsior, 19 de enero), una sana obsesión nacional que convoque a la unidad con el objetivo de inmunizar lo antes posible al mayor número de mexicanos. Si los agandalles nunca son plausibles, cuando está en riesgo la vida de todos, como sucede ahora, son sobremanera viles.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 21 de enero de 2021. Agradecemos a Luis de la Barreda Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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