Cinque Terre

Tere Vale

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Ganador: INE, Perdedor: México

Al momento de escribir este texto aún están en veremos los resultados finales del proceso electoral del 5 de junio. La cosa no pinta bien para la oposición, ni para México.

Lo que hay que aceptar es que muchos compatriotas de varios estados de la república merecerán el castigo que estarán viviendo. Pagaremos como siempre, justos por pecadores. Ni modo.

Al parecer la combinación letal que ha dado el triunfo al eje de Morena y sus secuaces es demoledor. La mezcla de clientelas maiceadas (y amenazadas con terminar con sus apoyos si no ganaba el “movimiento” del prócer), un par de gobernadores traidores (y con la aspiración de ganar una embajada o un consulado), la ignorancia y el desconocimiento de la situación de inseguridad, económica y de salud de nuestro país y el cotidiano discurso populista lleno de dulces mentiras, han sido, como ya se veía venir, un bombazo para la oposición. 

Pero hay que hablar también del destacado papel titubeante, temeroso y adormecido que ha jugado la llamada oposición a lo largo de este sexenio y también en esta justa electoral. Ha sido tan eficiente el esfuerzo de la oposición por perder, que una vez más lo ha logrado. 

De Murat y Fayad mejor ni hablamos. Durante meses se han dedicado a caravanear y adorar al presidente. El primero por su heredada ambición de poder sea como sea; el segundo también, además de que la candidata de su hasta hoy partido nunca acabo de gustarle. El resultado es que el PRI está más que débil, al borde de que le administren los santos oleos con excepción al parecer de Durango. Al PRD parece que ya se los están administrando. ¿Y el PAN, apa? Pues igual de desarticulado que siempre y contando solo con activos como Lili, Kenia y Xóchitl, que no son poca cosa, pero que son insuficientes ante la formidable tarea de enfrentar un gobierno militarizado, tramposo, autoritario y al parecer con ligas con el narcotráfico. 

MC tampoco consiguió volverse la bisagra que siempre ha soñado ser, ni contribuyó a lograr un mejor equilibrio con su ensimismada posición, ni nada. Resultados intrascendentes, diría yo. Quizá un modesto desempeño en algún estado, si es que la cosa les va bien.

En este momento oscuro para nuestra democracia, creo que vale la pena reconocer el impecable trabajo del INE y las OPLES (instituciones en alto riesgo de transformarse a modo o desaparecer): casillas instaladas, distribución de materiales, perfecto conteo de los votos, correcto ejercicio del PREP, respeto absoluto a la decisión del electorado y, lo más importante, sin asomo de violencia en este convulsionado México. Defendamos al arbitro electoral ahora más que nunca. No olvidemos que está en peligro. 

En conclusión, no quisiera terminar este artículo diciendo algo que, ante mi desesperación, ayer me comentó un amigo… y que siempre me duele mucho reconocer: los pueblos (y los partidos políticos, diría yo) tienen los gobiernos que se merecen. Ganó el INE y sin duda perdió México. Tenemos que seguir luchando.

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