Cinque Terre

Fernando Dworak

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La fiesta del 1 de julio: mito e historización

Los niños de todas las religiones y culturas creen que son el centro del mundo y por ello muestran poco interés genuino en las condiciones y los sentimientos de las demás personas. Esta es la razón por la que el divorcio es tan traumático para ellos. Un niño de cinco años no puede comprender que ocurra algo importante por razones que no tengan que ver con él. No importa la cantidad de veces que mamá y papá le digan que son personas independientes con sus propios problemas y deseos, y que no se divorcian por culpa del niño; este no puede asimilarlo. Está convencido de que todo ocurre por su causa. La mayoría de las personas abandonan esa ilusión infantil cuando crecen. Los monoteístas se aferran a ella hasta el día de su muerte. Al igual que un niño cree que sus padres se pelean por su culpa, el monoteísta está convencido de que los persas luchan contra los babilonios debido a él.

Yuval Noah Harari

Una función central de toda comunidad es brindar una idea de identidad compartida, la cual emana de un imaginario que brinda formas de expresarse, una visión de antecedentes y razones por las cuales mantenerse unidos. De manera similar, un Estado provee esas mismas ideas a mayor escala: idioma, historia, símbolos, discursos de legitimidad y una noción de futuro. Para hacerlo se tejen mitos, los cuales parten de una historización del pasado.

Cada detalle de la historización afirma los discursos del régimen o cuestiona los del anterior, con el fin de afianzar la propia legitimidad. Por ejemplo, durante los primeros años de nuestra vida como país fue motivo de disputa celebrar la Independencia el 16 o el 27 de septiembre; pues los liberales promovían el inicio y los conservadores la consumación. Incluso Marcelo Ebrard, en un intento por grabar su huella como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, planteó considerar 1808 como la fecha de inicio del movimiento independentista. Para decirlo de otra forma, discurso y memoria se han encontrado íntimamente relacionados desde siempre.

Si algo conoce muy bien el ejecutivo es la utilidad de los símbolos históricos. Se presenta a sí mismo como un hombre de Estado, continuador del legado de Juárez, Madero y Cárdenas, sea lo que signifique. Presenta a su gobierno como la “Cuarta Transformación”, lo cual no es más que la mitología priísta con una etapa añadida: su figura. Ha intentado apropiarse de nuevas figuras, como Zapata, al invitar a sus descendientes a una conferencia; y ni se diga de Colosio.


FOTO: PRESIDENCIA /CUARTOSCURO.COM

Aun cuando parece haberse convertido en prisionero de su propia visión historicista, como muestran su mudanza a Palacio Nacional o su rechazo a viajar, lo que hace es entendible: está representando al presidente que aprendimos a esperar tras décadas de adoctrinamiento en el Nacionalismo Revolucionario. Esto es: un gobernante sencillo, humilde y desinteresado que por su propia voluntad cambiará al país y nos sacará del marasmo.

De hecho, sus principales decisiones hasta el momento se basan sobre esa imagen que ha creado de sí mismo y de lo que cree que es su legado: la cancelación del NAIM es un ataque al principal símbolo de la gestión de Peña Nieto, el retiro del avión presidencial lo hace ver como “popular”, y como los antiguos faraones quiere dejar su huella en la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

¿Por qué le ha funcionado tan bien un discurso tan atávico? Porque nadie en los últimos 30 años se tomó la molestia para actualizar un discurso nacional, ni priístas ni panistas. Quizás se observa el intento de posicionar al “liberalismo social”, pero fuera de ello, nada serio.

Fiel al intento por encuadrar una visión histórica que lleve y culmine en su persona, convocó a una celebración el lunes 1 de julio, fecha de su triunfo electoral. Aunque es debatible que haya mucho qué festejar, el evento se entiende mejor si se le ve como un intento por tener una celebración exclusiva de su persona, con la esperanza de que algún día se convierta en día feriado. De esa forma, su dimensión histórica quedará plasmada hasta en nuestras efemérides.

Lo peor que podríamos hacer es seguirle el juego.

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