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Las “feministas” y José José: una horda de emociones que abandonó la aventura de pensar

Los seres humanos acudimos a inconmensurables vías con tal de llamar la atención aunque, entre éstas, también expresemos las propias falencias o detritus emocionales y limitaciones intelectuales.

Los anterior viene a cuento por las hordas que se autonombran “feministas” y que, el sábado pasado, desenterraron una vez más el hacha discursiva para quemar en la hoguera digital a José José y sus seguidores que lamentan su fallecimiento. La perorata es primitiva y cargada de resentimiento: “Qué bueno que murió”, acusan, porque él es un exponente de la misoginia y el aliento a la violación, así tal cual, además de impulsar relaciones tóxicas donde la mujer es usada por el machismo.

Con la inteligencia extraviada y el ánimo encendido con la justificación de la violencia de la que son objeto –o sea, tienen “rabia”, así lo ostentan, por ser víctimas consuetudinarias de la bajuna actitud del hombre– para entonces proclamar cualquier descalificación e insulto y así pretender que los demás no escuchen lo que ellas no quieren que escuchemos. Quizá no les gusta “Almohada” que podría parecer una oda a Onán, o quizá “40 y 20” la consideran atroz e incluso podría ser que crean que alguien preso en la cárcel de los besos de una mujer sea la expresión abyecta del ser humano sometido a los apetitos de la carne. En verdad lo ignoro, pero quizá digan que “No me digas que te vas” es apología de las relaciones tóxicas sino es que “Me basta” nos reduce a pedir limosna de amor.

Esas mujeres, generalmente jóvencitas, que acusan al hombre por su deseo sexual y por lo regular lo traducen en aviesas intenciones, son quienes habitualmente recurren al sexo como una forma de denunciar al otro –así, por lo regular no aceptan que los seres humanos somos seres amorosos, sexuales, eróticos– y el falo, en no pocas ocasiones, lo asumen como icono de la dominación patriarcal. Menos aún podrán comprender los desvelos del amor cuando la persona herida exige del otro que no mire a nadie (mal hecho, claro está, pero el punto es la enorme capacidad de esas muchachitas para destilar desprecio al comportamiento humano que no les guste).

Nos guste o no, hay quienes desesperados piden que no los dejen porque sin la amada o el amado no serían capaz de sobrevivir y se hundirían en el lodo por ser en la cadena de amor del otro tan sólo un eslabón. Así de frágiles podemos ser frente al desgarre de amor, o no, es cosa de la sensibilidad o la orfandad emocional de cada quien. A mí puede gustarme cantar que casi todos sabemos querer pero pocos sabemos amar o puedo disentir en que querer es gozar y amar es sufrir, como sea, lo que no puedo hacer es situarme por arriba de los demás y afirmar que quien no ama como yo o quien ama el placer que le da el falo del otro es un ser destemplado o miserable.

Esperar que esas jovencitas autonombradas feministas comprendan que José José, además de todo, es la expresión de una época y un conjunto de valores, es como pedirles pensar en que, hombres y mujeres, somos resultado de procesos e interacciones sociales que, poco a poco, modifican patrones culturales. Comprendo que ahora sería difícil interpretar “Insaciable amante” sin que alguien respingue o evocar “La nave del olvido” sin que falte la brillante idea de que eso es una expresión clara de acoso sexual.

Lo que ninguna manera no acepto es que esas grotescas marionetas que hablan en nombre del feminismo (que generalmente no conocen) nos quieran dictar hasta la letra y el modo de cantar.

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