Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Fanatismo o breve recuento de incoherencias

Las redes sociales se han convertido en un espejo de nosotros como sociedad. El escenario político está marcado por un presidente que antepone sus intereses y agenda personales por sobre lo que debería ser el acto de gobernar un país diverso, hayan votado o no los ciudadanos por él. Jugando un papel destacado tenemos a los que se asumen como el sector de fanáticos del líder, aquellos que están dispuestos a defenderlo aun a costa de su propia dignidad. Este es un breve recuento de la conducta de este fanatismo en un momento en el que la polarización dirige los destinos del país.

Preguntas sin respuesta

¿Qué es lo que motiva a alguien a defender con tal pasión a un presidente que ha dado sobradas muestras de mentir y no cumplir con su responsabilidad?

Es curiosa la conducta de los fanáticos del lopezobradorismo. Nadie –según ellos– puede cuestionar a su líder, a pesar de evidencias de que simplemente está haciendo un mal trabajo.

Se denuncia la falta de medicinas para niños con cáncer y sus seguidores dicen que serán héroes por su sacrificio.

Hay muchas dudas sobre los recursos con que ha financiado sus recorridos por el país, sus campañas electorales y el tren de vida que lleva, incluso para heredar en vida a sus hijos bienes inmuebles, pero sus fanáticos dicen que ellos aportaron para mantenerlo directamente de sus bolsillos.

Por cierto, sus hijos hoy son empresarios, sin que se conozca de dónde viene el capital para poner un par de fábricas, pero su papá dice que es austero y no trae en la cartera más que un billete de 200 pesos.

¿Por qué defenderlo si fue mentira que el avión presidencial era más costoso que el de Estados Unidos –”no lo tiene ni Obama”, dijo– y, además, comprar un cachito en una rifa que no resolverá ni el tema del avión convertido en símbolo del pasado –o como símbolo de la incompetencia presente, como recordó un medio internacional–, ni los recursos que necesita urgentemente el sistema de salud?

Pero defenderlo no es lo único en lo que se especializan sus fanáticos.

¿Por qué los constantes intentos de quedar bien con el líder, por qué resaltar su (supuesto) liderazgo, ensalzar sus (pretendidas) virtudes y llegar al extremo de asegurar que cada cien años nace alguien como él?

Un aspirante a la presidencia del partido que lo llevó a Palacio Nacional dice que su estado natal debería tener sus apellidos: ¿por qué no mejor, así como Morelos, Hidalgo y Guerrero, que la entidad en donde nació se llamé López Obrador?

Además, una funcionaria pública –expriísta como él– asegura que cada cien años nace un líder como su admirado presidente, pero los fanáticos se niegan a hablar de culto a la personalidad, algo que antes criticaban en militantes de otros institutos políticos y gobiernos.

¿Por qué defender a un político que ha mostrado que no respeta el Estado de derecho? Si alguien cometió un delito debe ser llevado ante un juez, con las pruebas necesarias para comprobar la comisión de un ilícito y para que se realice el juicio, pero muchos prefieren defender la ocurrencia de consulta que no reunió las firmas necesarias.

El plantón de Frenaaa en avenida Juárez se enfrentó a la acción de la policía de la Ciudad de México, la misma que antes permitió que grupos anarquistas se acercarán al Zócalo o que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación pusiera un campamento en dicho lugar.

De inmediato los fanáticos lopezobradoristas se lanzaron en redes sociales a burlarse de los integrantes de esta organización, en especial de su líder, Gilberto Lozano, y a criticar la manera en que se realizó el plantón; el propio presidente se burla –como antes lo hizo ante la negativa del Instituto Nacional Electoral (INE) al partido de Felipe Calderón, su odiado enemigo– y les pide que permanezcan largo tiempo en la calle.

Pero donde mejor se ve que el fanatismo intenta ocultar la naturaleza caníbal de sus simpatizantes es en el proceso para renovar la dirigencia nacional de Morena.

Como no pudieron ponerse de acuerdo en fechas, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acabó por intervenir y decidió que el INE organizará una encuesta para elegir al nuevo presidente nacional de Morena.

Se inscribieron 151 aspirantes a convertirse en candidato, algunos incluso litigando en medios la pertinencia de su registro ante la posibilidad de que fuera rechazado; pero más tardó en darse a conocer la lista que en que salieran al sol los trapitos de algunos personajes que buscan convertirse en líder del movimiento.

Así, conocimos los gastos excesivos de un aspirante, quien se defiende con aquello de que critican su físico, en tanto que también arremete en contra de la anterior presidenta interina, quien por cierto fue denunciada por el actual dirigente por actos de corrupción.

Para rematar, un veterano político que también busca el puesto –sería su tercera presidencia en tres partidos políticos distintos– advirtió que expulsaría a uno de los más adelantados aspirantes, pero a la Presidencia de la República, en caso de ganar.

Pero, eso sí, todos declaran que buscan encabezar al movimiento para acompañar al presidente, para ayudarlo en su proyecto y aunque terminen con sus demás correligionarios y el propio Movimiento en el intento.

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