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Armando Reyes Vigueras

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Periodista

La estrategia del silencio

Sin duda, tras un año de gobierno, uno de los principales logros del presidente López Obrador es que se hable de lo que él quiere, no de los verdaderos problemas que tiene el país. Esto es gracias a una interesante estrategia que privilegia el silencio ante temas delicados y negativos para la imagen presidencial, recurriendo a distractores en lugar de la rendición de cuentas necesaria en aquel que prometió un cambio.

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En cada oportunidad que un tema delicado se presenta para su administración, López Obrador recurre al silencio como arma para enfrentar los problemas. El propio mandatario ha dicho que es dueño de sus silencios y vaya que lo demuestra a la menor provocación.

La posibilidad de que Donald Trump declare a los cárteles mexicanos del narcotráfico como organizaciones terroristas y pueda aplicar la Ley Patriota –sea o no como parte de su táctica de campaña en busca de su reelección–, nos mostró cómo opera esa estrategia de silencio.

El presidente –pese a prometer en campaña que respondería a Trump–, evadió directamente el tema y le pasó la responsabilidad a Marcelo Ebrard.

En tanto en redes sociales, voceros morenistas empezaban a hablar de que se evitaría el injerensismo estadounidense y de que se defendería la soberanía.

Edgard Garrido/Reuters

Pero poco se dijo de que había señales de que el gobierno de la Unión Americana venía caminando en esa línea. Informes de la DEA mostraban un mapa del avance de los cárteles mexicanos en territorio estadounidense, además de declaraciones previas en ese sentido del propio Trump y esto no se ha tomado en cuenta.

Además, al no reconocer que la estrategia actual para disminuir los índices delictivos no ha funcionado –dedicándose más a culpar a Felipe Calderón de una guerra que aún se libra en nuestras calles–, se abre la puerta a que masacres como la que sufrió la familia Le Barón sean utilizadas para hablar del terrorismo que ejercen los miembros del crimen organizado.

Pero qué dijo nuestro Presidente a todo esto, realmente poca cosa en contraste con temas como su propia interpretación de la historia nacional, acerca de lo cual habla mucho durante sus mañaneras.

El tema económico nos da otro ejemplo de cómo opera esta estrategia. Ante las evidencias de que este año el PIB nacional crecerá un par de décimas –si no es que se queda en cero–, el presidente prefiere hablar de la economía moral, presentar su libro en Palacio Nacional y platicar con empresarios a quienes antes culpaba de ser parte de la mafia del poder

La promesa de que en 2019 se crecería 2% y en 2020 un 4%, ya no se menciona porque –como el propio López Obrador ha dicho hasta el cansancio– vamos muy bien y lo importante es que tenemos salud y subsidios, aunque no para todos.

Y así ha sido en otros temas complicados para el ejecutivo federal, los cuales son evadidos o se les dedica un par de minutos, en contraste con las horas que el mandatarios habla de béisbol o de su propia interpretación de la historia nacional.

Pero la oposición también coopera en esta estrategia, al responder puntualmente a cada una de las palabras que se emiten en cada mañanera desde Palacio Nacional. Cual caja de resonancia, los líderes de lo que queda de la oposición partidista contribuyen para que se hable de lo que el Presidente quiere, incluso en los términos en los que él plantea la discusión pública, sin alguna propuesta distinta que les permita robarle la agenda o introducir un tema nuevo al debate público.

En redes sociales sucede algo similar, pues muchos usuarios que se identifican con la oposición antiAMLO, dedican muchas horas a comentar lo que el inquilino de Palacio Nacional dice en sus mañaneras o en las giras que realiza por el país.

Da la impresión de que lo único importante es lo que tiene que ver con López Obrador, algo que el propio presidente ha provocado al desarrollar una estrategia que minimice a los medios de comunicación tradicionales, impulse a sus voceros en redes y medios y aproveche la plataforma gubernamental para difundir sus mensajes.

Así, se habla de lo que quiere el jefe del ejecutivo federal y si algo no le conviene, el silencio se hará para evitar que imagen se vea afectada.

Y todo para esconder que en realidad no estamos ante un cambio de régimen o una transformación del país, sino la restauración de un priísmo cuyos actuales representantes –aunque con otras siglas– por fin pudieron llegar al poder. Cuestión de revisar biografías y orígenes políticos de la actual élite en el poder.

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