Ignacio León Montesinos

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Director Editorial de Expediente Ultra

Los estropicios ortográficos y mentales de un calumniador y seudoperiodista

Hace un par de días, amigos y colegas me compartieron una columna aparecida en un portal digital de nombre: Punto por Punto, donde al final de la misma el autor hacía referencia a mi persona con toda suerte de incoherencias que terminaban en una acusación que no puedo tomarla a la ligera por tratarse de una injuria que cae en el terreno de lo penal.

Luego de “sustentar” su libelo en “fuentes anónimas”, aseguraba que contantemente acudo a las oficinas de los líderes sindicales a pedir apoyos económicos a un medio de comunicación para no publicar presuntos actos de corrupción, exponiendo además que estuve acusado de un asesinato. Y eso es un infundio perverso que afecta mi persona y trayectoria. Por ello, no debo tolerarlo y procedo a darle puntual respuesta.

Transcribo de manera textual la descabellada y temeraria acusación en mi contra: “Hace años, Ignacio León Montesinos estuvo acusado por el asesinato de un joven, que sucedió en el interior de un bar de la Ciudad de México, por lo cual fue encarcelado…”

Quienes me conocen de toda la vida no dejaron de manifestar asombro, pero también indignación por una calumnia de tal magnitud.

De momento no atiné a encontrar el porqué de un disparate de tal naturaleza, hasta que me percaté que su autor responde al nombre de Juan Bermúdez, un reportero –espero no ofender al gremio al otorgarle tal calificativo–, con el que compartí Redacción en el año 2002 en una publicación que llevó por nombre Acción Política, misma de la que fue despedido por manejar de manera recurrente informaciones no sustentadas, amén de su pésima ortografía la cual, por lo visto, sigue padeciendo.

Dice este foliculario que a su espacio le llegó información de un servidor. Y pregunto si no es obligación de un periodista profesional checar sus fuentes. Solo los ingenuos o los tontos se creen a pie juntillas todo lo que les dicen y, peor todavía, se atreven a subirlo a la red sin medir las consecuencias tanto éticas como legales que su irresponsabilidad puede acarrearles.

De mi archivo personal, extraje pruebas para responder a este sujeto, de tal manera que no solo el gremio periodístico sino la opinión pública, conozca a detalle su falta de honestidad y profesionalismo.

Directivos de IQ despidieron al responsable del plagio

En la edición No. 5 de Acción Política de fecha 29 de julio del 2002, apareció en portada un reportaje titulado: TRANSICIÓN: LA HISTORIA OCULTA, y como subtítulo: Los ilegales recursos de Zedillo a Fox, producto de la investigación periodística realizada por un servidor y que daba cuenta del manejo irregular de 100 millones de pesos que el entonces presidente electo, ejerció con absoluta discrecionalidad, antes de tomar posesión en diciembre del 2000.

Meses más tarde, ya en el 2003, me percaté que dicha información apareció también en la Revista IQ Magazine y para mi sorpresa, al cotejar ambos textos, solo diferenciados por encabezados distintos, resultó ser un descarado plagio de mi reportaje. No le habían cambiado ni un punto ni una coma. El autor de esta fechoría resultó ser nada menos que Juan Bermúdez.

Los directivos de Acción Política estaban decididos a entablar las demandas correspondientes contra el medio y el responsable del alevoso e indudable plagio. Mi amigo Antonio Ortigoza Aranda (q.e.p.d) –padre de mi socio y amigo en Expediente Ultra, Antonio Ortigoza Vázquez–, intervino para que el Director y Editor de IQ, Fernando Espinoza y el entonces Subdirector, David Casco –engañado en su buena fe por Bermúdez–, no salieran afectados por las mentiras de este sujeto.

Al intercambiar información me convencí que tanto Fernando como David fueron víctimas de este personaje que les hizo creer ser el autor del trabajo periodístico al que, recalco, se “fusiló” completo. Por supuesto que el timador fue despedido en el acto, en cambio, David Casco, un periodista profesional, pasó después a ocupar la Subdirección del Diario Basta.

Dejo esta constancia para que el gremio y la opinión pública juzgue la calidad moral de este presunto periodista y que ayudará en buena medida a explicar su temerario y disparatado proceder.

De mi parte, acepto no poder postularme como ejemplo de rectitud franciscana; soy un ser humano con defectos y virtudes, pero nunca he atentado contra la vida de nadie, ni lo haría nunca. Y como el mismo difusor de la calumnia lo acepta en su panfleto, he realizado buenas investigaciones periodísticas siempre tratando de visibilizar las injusticias y problemas sociales de nuestro país.

Los periodistas tenemos en nuestra labor cotidiana la huella dactilar de lo que somos, razón por la que la vida y la historia acomodan a cada quién en su sitio exacto.

Anuncio desde aquí que me reservo mi derecho a proceder por la vía legal contra esta absurda falsedad.

Agradezco a todos aquellos que me enviaron mensajes de apoyo e indignación y les reitero mi inquebrantable y eterna amistad. Gracias…

 

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