Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Estampas echeverristas

Durante el gobierno de Luis Echeverría no había pluralidad en los medios de comunicación y el oficialismo tenía su cúspide en el noticiero 24 Horas, conducido por Jacobo Zabludovsky en Televisa. Joaquín López Dóriga tenía una columna en la revista Teleguía y Knorr Suiza era líder en ventas porque “sí es de pollo”.

En 1971, en la televisión, se transmitían las series “El Gran chaparral”, “Mannix” y “El Super agente 86” además de “Combate” entre otras. Era famosa la telenovela “El amor tiene cara de mujer” protagonizada por Silvia Derbez e Irma Lozano. Escuchábamos a “Los solitarios” (“Ayer me dijeron, que de vez en cuando, preguntas por mí”) y, además, se despedía Pelé en el estadio Maracaná de Brasil en un partido contra Yugoslavia y Agustín Barrios Gómez ofrecía sus “5 comentarios”. “Marino y la patrulla oceánica” y “Lassie” concentraban las fantasías de los niños hasta que la Familia Telerín los mandaba a la cama. Isela Vega, por su parte, concentraba las fantasías de los hombres; las fantasías de las mujeres, según aquella propaganda, eran acaparadas por Jorge Rivero y Andrés García.

El brandy Riviere era de los más conocidos y la India María estaba en la cumbre de la fama, y así se presentó en uno de los programas más vistos de la televisión: “Nescafé”. Circulaba la revista masculina Caballero donde escribieron Vicente Leñero y Raúl Velasco. Un comercial muy comentado fue el de Alka-Seltzer en las rocas. Sunbeam era “la batidora consentida de mamá” y el Concorde además de Led Zeppelin estaban en la cumbre mundial. Novedades era otro de los diarios oficialistas, así como El Heraldo de México. Julio Scherer era director de Excélsior hasta que Echeverría, reacio a la crítica, orquestó su salida del diario (en 1976, cuando fundaría el semanario Proceso).

El gobierno de México era amigo de todos los pueblos.

En aquel tiempo la censura era tan marcada que Rius dejó de escribir Los Supermachos y fue sustituido por Octavio Colmenares. Las revistas opositoras eran escasas y marginales, como Punto Crítico, dirigida por Adolfo Sánchez Rebolledo (1975) que denunció, entre otras tropelías del populismo cómo la CNOP (Confederación Nacional Obrero Campesina) era una “fábrica de basura ideológica”. Juan José Arreola, Carlos Monsiváis y Gabriel García Márquez publicaban sobre todo en revistas “para caballeros”, como Él. En los quioscos estaba Susy. Secretos del corazón, además de Memín pingüin, La familia Burrón (que circulaba desde 1948) y Kalimán (desde 1963).

Los ricos pagaban y viajaban por el mundo con “American Express”, usaban plumas Parker ybebían cognac Chateu Paulet; los calcetines que anunciaba Olga Breeskin eran “sólo para hombres de buen gusto”, veían “Cablevisión” y olían a agua de “Guerlein”. En el año de Juárez (1972), Manuel “Loco” Valdéz fue suspendido de la televisión (Televisa) por lanzar el chistín: “¿Quién fue el presidente bombero? Pues Bomberito Juárez. ¿Y quién lo ayudaba? Su esposa Manguerita Maza de Juárez”. A pesar de la censura imperante, había quienes, como Edmundo Domínguez Aragones, afirmaban que en el país había libertad de prensa.

Los pobres eran felices por la amistad de México con el pueblo chileno y recibían la dádiva del gobierno de la leche Conasupo y productos a bajo precio en la Conasuper. Raleigh era “el cigarro” que, junto con otras marcas como Viceroy y Salem, se anunciaba en los medios impresos y radiodifusores. En 1974, la cinta erótica “Emmanuelle” (con la bellísima Sylvia Kristel) nada más podía verse en los cines de medianoche. Tampoco faltaba el mal gusto como lo prueba la loción “Brut” o la “Margarita. Tequila cocktail” que era la mezcla de Squirt con Tequila, el brandy “Algusto”, el comercial “Mande a volar a su mujer” de Aeroméxico y “Don Quijote de la plancha”.

El presidente era todo poderoso, no existía equilibrio de poderes ni libertad de expresión, y el PRI avasallaba en todos los sitios contra el Partido Acción Nacional y el Partido Comunista, conservadores y enemigos de la revolución, según el discurso oficial.

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