Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

¿Estamos en el hoyo?

“Todos somos egoístas, y hay otros que son más egoístas. Y les usamos como excusa”.

Galder Gaztelu-Urrutia (“El hoyo”)

En el hoyo

La empatía es una capacidad adaptativa que fomenta tanto la confianza como sus contrarios. La capacidad para anticipar el desenlace de una historia ajena, intuir el pasado de un personaje hasta hace poco desconocido, marca el ritmo de nuestras relaciones. El sufrimiento propio y foráneo puede ser un detonante de acción o, existe la posibilidad del adormecimiento emocional; se puede ser insensible al dolor por pura sobrevivencia. De hecho, lo somos, el espíritu se protege y desconecta, desdibuja las humanidades extranjeras a mi yo. Privilegia mis necesidades y es susceptible al contexto y las expectativas.

Comienza a ser rutina hablar de número de infectados, no miramos los rostros de la cifra desnuda de los muertos. Adormecidos por la catástrofe acudimos a la rutina y esperamos salir de ésta. Esa rutina de encierro se articula de tres formas de narrativa, la personal; la que se nutre de las noticias sobre la pandemia, y de nuestras ficciones que nos sirven para tragar la pequeña dosis de verdad que toleramos, como decía Malraux.

Sin embargo, nuestras ficciones son la sombra de la realidad y de vez en cuando, nos topamos con una que rompe el hechizo de letargo y nos devuelve a la realidad de golpe, como si nos tiraran a la piscina de agua helada de súbito. Esa impresión me la causó la película española “El hoyo”.

Un hombre camina por la calle Adams cerca del Instituto de Arte de Chicago (EEUU)- 23 de marzo. CHARLES REX ARBOGAST / AP

La película me resulta una alegoría brillante de la condición humana, narrada al puro estilo esperpéntico de Valle Inclán y recuperando simbolismos tan hispanos como el Quijote unamuniano. No contaré aquí la película sólo es un pretexto para hablar sobre el egoísmo y el futuro. Sirva sólo esbozar la metáfora: en un futuro distópico, se nos presenta un mundo como prisión. Celdas descendentes o ascendentes, depende desde dónde y cómo se mire, 333 pisos con un hoyo rectangular al centro por donde una plataforma a modo de mesa desciende desde una gloriosa cocina gourmet. La exigencia en la preparación y presentación de los alimentos parecen pasar los más exigentes índices de calidad. Todos los días la plataforma atiborrada de manjares desciende por el hoyo piso por piso. Pero sólo una vez al día y por segundos, los de arriba reciben los platillos íntegros que se van transformando en restos paulatinamente dejando despojos o nada a los de abajo. Después de un mes en absoluto encierro, con un compañero desconocido día y noche, los presos cambian de nivel sin causa aparente. Terrible tropo para tragar, si me permiten la aliteración, en un momento como éste.

La emergencia viral y el mundo de mañana

Le robo al filósofo Byungt-Chul Han el título de su reciente artículo, mismo que con otros cinco, he ido coleccionando, encerradita aquí en mi hoyo.

El criterio para coleccionar, reflexionar, agrupar la información y reunirla en este texto, es la gran interrogante sobre el futuro a partir de la pandemia, misma que parece haber borrado el sentido de la historia como la conocíamos. El segundo parámetro fue leer los textos de pensadores que admiro. El primer “pronóstico” fue el de Slavoj Žižek, luego el de Byung-Chul Han; entre ellos se entabló un diálogo puesto que al primer pronunciamiento de Žižek de que esta pandemia significaba un golpe mortal al capitalismo, Chul Han afirma no estar de acuerdo, incluso pronostica recrudecimiento capitalista; lo que siguió fue la réplica de Žižek explicando su concepto de “comunismo” como sistema futuro. En otro diálogo, me encontré con un texto en revista Político que convocó a diversos especialistas para discutir los cambios que pronostican, entre ellos está Sherry Turkle cuyo libro Alone Together (2011) me pareció brillante. Retomé conceptos de Yuval Noah Harari, tanto de su libro Homo Deus como del artículo que, en ese sentido publicó recientemente el Financial Times y El después de la guerra de Manuel Castells (Todos ellos se ven referidos al final de este texto).

Ayer antes de concluir este ensayo, Página 12 se me adelantó y hace lo propio en “La filosofía y el coronavirus, un nuevo fantasma que recorre el mundo”, donde reúne las opiniones tanto de Byung-Chul Han y Žižek, junto con Franco Giorgio Agamben, Franco “Bifo” Berardi, Srećko Horvat, Alain Badiou y Judith Butler.

Lo primero que quisiera destacar es la interesante reflexión que hace Byung-Chul Han sobre las diferentes formas de proceder ante el virus que dieron diversos resultados en el mundo asiático versus el mundo europeo. Hasta el momento queda pendiente o escapa de mi conocimiento un comparativo igual incluyendo a nuestro continente. Lo que podemos adelantar sin el rigor aún para la valoración del fenómeno, es que mientras hubo naciones previsoras como El Salvador, los terribles gobiernos populistas que manejan naciones tan grandes como Estados Unidos, Brasil o México, no sólo menospreciaron la gravedad de la crisis, sino que la experiencia y las negligencias cometidas por Italia o España, no fueron advertencias suficientes. El tiempo habrá de permitirnos una valoración completa de la irresponsabilidad, el daño y el descrédito.

Análisis del comportamiento ante el virus Asia vs. Europa

 

Es claro que lo que nos señala el filósofo de Seúl es que, en casos como estos gana la seguridad y pierde la libertad. Pero esto sería una lectura chata que nos obliga a contrastar la actuación de China con la de otras naciones asiáticas como Japón o Corea, mismas que Harari señala como ejemplo más de colaboración que de vigilancia, y a las cuales volveremos más adelante. Sin embargo, Han hace una precisión importante de estos dos grandes valores, seguridad y libertad y de las dos grandes visiones, oriental y occidental.

Por un lado, Occidente, nos dice “… tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes, la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa… Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos”. Mientras que “Europa no puede controlar la pandemia…a causa de la protección de datos”.

Otro tema importante del que hemos sabido por otras fuentes es que los países asiáticos hicieron pruebas constantes a la población, incluso se desarrollaron pruebas de tipo casero. Esta estrategia se implementó tardíamente en Europa. Así como la manufactura de mascarillas eficaces se relegó a China, existen otros materiales y aparatos quirúrgicos a los que se confinó su manufactura a estas naciones, entre ellos, respiradores.

Cabe aquí la reflexión como cuestionamiento, con respecto a nuestro país ¿A cuál de estas naciones se parece más nuestra respuesta? Dos personajes nos bastan como ejemplo: AMLO y Trump. En Estados Unidos se prevé que morirán entre 100,000 y 200,000 personas a causa de la enfermedad. Haga usted las cuentas.

Lo que cambiará

Como podemos ver la mayoría de las apuestas se parecen entre sí, incluso las diferencias entre Žižek y Han no son tan lejanas, de hecho, me parece que hablamos de diferentes tonos o visiones con respecto del futuro. Žižek es optimista, le apuesta a una solidaridad egoísta que al final beneficiará de la supervivencia de todos; mientras Han señala que tras la pandemia, el capitalismo y sus desigualdades se recrudecerán; el sesgo de los especialistas convocados por la revista Político es alentador, aunque señalan que crecerá la desconfianza y el miedo ante el extraño y el mundo exterior, lo que nos llevará a una conducta afectiva más fría. Dentro de su visión alentadora Žižek también habla del riesgo de que solo la virtualidad se conciba segura. Harai y Castell tienen un tono propositivo.

El segundo, sólo recomienda y por eso no es incluído en este apartado; y el primero presenta las antípodas en dos escenarios posibles, concluyendo con sus propuestas que exploraremos más adelante.

Como apuntamos antes, la gran dicotomía la presentan vigilancia y totalitarismo contra libertad y democracia. La tentación como señalan o dejan entrever, será la implementación de vigilancias y el manejo de datos. Es inevitable que crecerá la virtualidad, la informática con su data y su implementación biológica. En lo positivo se habla de flexibilidad laboral y servicios a distancia, en el incremento de prácticas culturales más “humanas” (transmisiones en vivo de espectáculos, licencias para la educación, mejora en servicios que nos permitan más y mejores conexiones). Se oscila por prever desde el individualismo y egoísmo más cruento, hasta el cultivo del mundo interior y el goce de la soledad. Religiones menos excluyentes y más pacíficas. Así como de una menor polarización política, incluso se llega a vaticinar la muerte de los populismos nacionalistas que tanto nos han decepcionado. Existe un énfasis hacia la reformulación del sistema económico y la apuesta por la colaboración internacional. Es inminente la crisis económica a la que sólo con respuestas coordinadas entre sociedad civil, gobiernos e instituciones locales y globales se podrá dar respuesta. Se plantea un consumo más racional, un nacionalismo más sano o un cierre de fronteras. Una ciudadanía más comunitaria (el comunismo que Žižek aclara) o una élite ostentadora de privilegios mientras los demás desvanecemos. Algo que el mismo Žižek aclara cuando advierte de paraísos para ricos y que Hans avala en todo momento asegurando incluso que los turistas seguirán pisoteando el planeta.

Las coordenadas parecen ser las mismas y la moneda está echada, una cara es de esperanza y la otra de desolación ¿O existen otras posibilidades?

Soluciones para después de la guerra

Ahora retomo el título de Castells para hacer énfasis en otra coincidencia. Aunque es el único que llama a esta crisis con el nombre descarnado de guerra, todos lo implican, aún cuando el enemigo que se materializa y se generaliza después de la falaz “fin de la historia” sea un virus, un extranjero por definición como recuerda Bifo a partir de la obvia y cruenta afirmación de Trump (foreign virus). El sustento de la esperanza radica en el peligro que nos une, ese enemigo común que como afirman muchos paró un sistema inoperante.

Ya Zigmunt Bauman afirmaba en Extraños llamando a la puerta, que en tiempos de guerra renacen valores heroicos, mientras que en tiempos de paz se venera a los reyes de la frivolidad encarnados por estrellas de la pantalla. Así hoy volvemos a aplaudir a los médicos y enfermeros valientes que todos los días se ponen en riesgo. Valoramos la comunidad y reprobamos el exhibicionismo individual ¿Durará esa visión? ¿Impondrá un sistema más justo? ¿Seremos realmente empáticos con el otro?

Harari se centra en la colaboración internacional y Castell propone un equilibrio entre producir, vivir y convivir, centrándose en el problema económico:

¿Estamos en el hoyo?

La repuesta a la pregunta gravita suspendida como un cuerpo que flota al centro de una piscina. Bifo habla de un cuerpo cuyo sistema colapsó y quedó suspendido; sólo los objetos pueden viajar tranquilos en envíos de Amazon para los mortales que esperamos ansiosos recuperar la libertad, eso si tenemos para pagar.

En el caso concreto de nuestro país, el panorama es por demás angustiante, nos encontramos ante una eminente crisis económica sin precedente, una crisis sanitaria de magnitudes desconocidas, una inseguridad insolente y una descontrol político propios de guerras y revoluciones. Divididos y asustados.

Mientras esto escribo (comencé hace seis días), las cosas cambian presurosas, los tuits han dejado paulatinamente de ser burlas a un supuesto sistema hipocondriaco, para tornarse en lamentos “No lo creí, pero hoy di positivo”. “Ayer murió mi abuela a causa del coronavirus”, “El gobernador X, el diputado Y, la artista Z se encuentran en cuarentena”.

La iglesia de la Madeleine, de la plaza de la Madeleine en el distrito VIII de París (Francia). 22 de marzo. BENOIT TESSIER // REUTERS

Me quedo pensando en la crónica que escribe Franco Bifo Berardi desde Italia, desde la propia angustia que concede al hecho de que el coronavirus dejó de ser un tema filosófico para materializarse en familiares y alterar su vida. Este virus semiótico que nos afecta en lo biológico y en lo psicológico “Hemos entrado oficialmente en la era biopolítica” afirma el político italiano. Una era en que “…los presidentes no pueden hacer nada”.

Tal vez por eso la inoperancia, el descaro y el descrédito de nuestro presidente se ha convertido en otra forma de violencia, la de comprender que el vendedor de esperanzas es apenas un hombre aterrado que visita narcotraficantes, hace videos en giras absurdas propias de la burda propaganda. Insensible busca aparentar el control y la cordura que ha perdido. Renuente a tomarse la temperatura o a quedarse en “Palacio” da muestras de ser el peor espécimen de un neoliberalismo que condena. “El terror es una condición en la cual lo imaginario domina completamente la imaginación”. Insiste Bifo y Andrés Manuel López Obrador se ha topado de frente con lo imprevisto, lo invade el pánico de su propio descrédito. El vendedor de esperanzas ya no tiene nada que ofrecer.

Pequeños, encerrados, comunicándonos a distancia, un grupo de mexicanos nos adelantamos y nos impusimos la cuarentrena, comenzamos a cantar desde balcones como lo hicieron antes los italianos o los franceses; sostenemos reuniones en pantallas y brindamos, nos sabemos afortunados porque en este país tan dividido hay quienes tienen que subirse al metro y seguir yendo a trabajar. Pronto necesitarán de nuestra ayuda porque sabemos que aunque muchos de ellos siguen su ejemplo y creen en su palabra, hace tiempo que el presidente mexicano perdió la razón.

Yo tengo esperanza, la que deviene de esa capacidad colaboradora que nos define como especie y que todos los filósofos aquí citados aluden; unos nos convocan a partir de una utopía, otros dibujan lo contrario. Las leo todas como invitaciones y desafíos, todas nos conducen a pensar; finalmente nos convocan a volver a resucitar a este cuerpo desmayado que jamas volverá a ser el mismo. Para ello se exige antes que nada una pregunta: ¿Estamos en el hoyo?


Referencias:

“Coronavirus Will Change the World Permanently. Here’s How: A crisis on this scale can reorder society in dramatic ways, for better or worse. Here are 34 big thinkers’ predictions for what’s to come”: https://www.politico.com/news/magazine/2020/03/19/coronavirus-effect-economy-life-society-analysis-covid-135579

“Yuval Noah Harari: the world after coronavirus”: https://www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75

“La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín”: https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

“El Coronavirus es un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista”, Slavoj Žižek: https://www.semana.com/cultura/articulo/slavoj-zizek-el-coronavirus-es-un-golpe-a-lo-kill-bill-al-sistema-capitalista/658098

“Después de la guerra”: https://www.lavanguardia.com/opinion/20200328/48119609179/despues-de-la-guerra.html

“Judith Butler sobre coronavirus y poder: de Trump a la enfermedad de la desigualdad”: https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus/

“La filosofía y el coronavirus, un nuevo fantasma que recorre el mundo”: https://www.pagina12.com.ar/255882-la-filosofia-y-el-coronavirus-un-nuevo-fantasma-que-recorre-

“Crónica de un virus semiótico (o de la psicodeflación). De Franco Bifo Berardi”: https://enelmargen.com/2020/03/20/cronica-de-un-virus-semiotico-o-de-la-psicodeflacion-de-franco-bifo-berardi/

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