Cinque Terre

Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

Ese reflejo… antipriista y acomplejado

Un 41 por ciento de los votantes nunca votaría por el PRI, y sólo 13 por ciento nunca votaría por Morena. Pero Ricardo Anaya está perdido en un campo de lechugas gritando que la mesa electoral está servida para que el PRI gane las elecciones presidenciales de 2018.

¿Por qué? Porque tras la renuncia de Margarita Zavala, el dirigente nacional panista se ha quedado con el peor PAN, el PAN históricamente acomplejado ante el PRI, un partido que sólo ofrece reflejos antipriistas que, como asegura Roberto Gil, “dicen muy poco sobre lo que somos como partido”.

Es el complejo de Anaya lo que le hace seguir endiosando al PRI, otorgándole una preponderancia electoral en las preferencias de la cual carece totalmente. Por ejemplo, dice que el actual desplumadero del PAN favorece al PRI, cuando en realidad favorece a AMLO.

Con la división del PAN se acaba de fragmentar el penúltimo voto anti-AMLO que queda en el país: el de la derecha, lo cual beneficia a AMLO, porque el voto ya no será en bloque en su contra, sino que se partirá en favor del propio PAN y de Zavala como panista candidata independiente.

Otro voto anti-AMLO, el del PRD al que él abandonó el 10 de septiembre de 2012, se ha atomizado a lo largo de los últimos tres años, pero sobre todo el año pasado, cuando Morena se convirtió en la tercera fuerza electoral, durante las elecciones intermedias.

Morena consolidó en 2015 su supremacía electoral en la CDMX (ganó 22 de los 60 espacios en la Asamblea Constituyente) y extendió su presencia nacional: quedó tercero en Veracruz (segundo estado en importancia del padrón electoral nacional) y segundo en Zacatecas y Oaxaca.

Y el pasado 4 de junio, cuando compitió solo en el Estado de México, fue el partido más votado (1 millón 872 mil 542). El PRI tuvo menos votos (1 millón 805 mil 745), pero ganó gracias al aporte de sus aliados Panal, Verde y Encuentro Social (unos 250 mil votos).

De ahí que la fotografía más reciente, que es la encuesta de Buendía y Laredo, muestre que el PRI es el partido más rechazado y Morena de los menos. Pero eso Anaya no lo ve, cegado por sus reflejos antipriistas, reflejos de nuevo ingreso, por cierto, en su caso.

Porque fue gracias al PRI que el PAN de Gustavo Madero (del cual era Anaya adlátere) recuperó en 2012 el espacio perdido tras quedar en tercer lugar en las elecciones que ganó el PRI, que le dio respiración boca a boca al incluirlo en el Pacto por México.

Es evidente de dónde viene el complejo antipriista de Anaya: comió tanto de la mano del PRI…

Que se indigestó.


Este artículo fue publicado en La Razón el 12 de octubre de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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