Cinque Terre

José Carreño Carlón

[email protected]

Director de la División de Estudios Profesionales de la Universidad Iberoamericana y titular de la Cátedra Unesco/UIA.

Escobar, Dilma y los círculos perversos

Los procesos de ajustes de cuentas contra personajes públicos en Latinoamérica suelen trazar círculos viciosos


Impunidad/arbitrariedad/impunidad. Los procesos de ajustes de cuentas contra personajes públicos en Latinoamérica suelen trazar círculos viciosos. Primero, porque parten de una insostenible percepción de corrupción e impunidad indiscriminadas en todo escenario de poder. Segundo, porque en cuanto algún actor de esos elencos es acusado penalmente por cargos concretos, surge la sensación de arbitrariedad, por la sospecha de que la acusación viene cargada de móviles políticos. Tercero: el círculo se cierra cuando el acusado logra sacudirse la imputación en tribunales, porque entonces regresa, arrolladora, la imagen de impunidad, bajo el supuesto de que la liberación fue producto de otra carga de corrupción.


Ciertamente se trata de atavismos de siglos de historia política universal que desembocaron aquí durante la Colonia, bajo el arbitrarlo e impune sistema penal de la Inquisición. Pero, lejos de irse desvaneciendo como en otras partes a través de instituciones modernas, estas visiones se reforzaron aquí por una sucesión de vulnerabilidades institucionales, dictaduras y regímenes políticos en que los sistemas de procuración e impartición de justicia estuvieron al servicio de las luchas por el poder. A algún prócer de esta historia se le atribuye la marca registrada de esta cultura política penal: "Al amigo, justicia y gracia. Al enemigo, justicia a secas".


Tribunales paralelos. El fenómeno se reproduce hoy a través de los medios de comunicación, con su proclividad a erigirse en tribunales de opinión, paralelos a los tribunales de Derecho, con el frecuente acompañamiento sumiso de los propios fiscales y juzgadores, como es el caso del titular de la FEPADE (Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales). Este fiscal no llevó la acusación contra el subsecretario Arturo Escobar ante el juez (el tribunal de Derecho) —y/o no se le notificó al acusado— sino después de colocarla en espacios mediáticos prestos a fungir como tribunales paralelos, que en unas horas juzgaron y sentenciaron al funcionario.


Y cuando, ya en los tiempos procesales, el juzgado correspondiente no encontró las pruebas para abrir un juicio penal, la culpabilidad del funcionario era ya cosa juzgada en el tribunal de la opinión, que arrolló enseguida también a la jueza de Derecho que no hizo suya la sentencia de los medios. Sólo que esta operación tuvo el efecto de inmunizar en el tribunal de Derecho las faltas en que pudo incurrir el acusado, que así pasó de exponente de la impunidad a víctima de la arbitrariedad de un fiscal a su vez exhibido por su partidización y opacidad.


El factor político. Círculos viciosos similares genera en Brasil el procedimiento parlamentario para destituir a la presidenta Dilma Rousseff, cuya eventual reanudación decidirá hoy la Corte Suprema. Para el ex presidente Lula y parte de la izquierda latinoamericana ello significaría un golpe de Estado. Para la derecha y parte de la izquierda mexicana, un modelo a seguir para purificar nuestras instituciones. Para el liberalismo antipolítico, una ejemplar hazaña ciudadana, incontaminada de política, contra las descompuestas organizaciones partidistas y estatales…


Todo, menos asumir la realidad: que un juez encontró manipulaciones fiscales punibles en las cuentas de la presidenta, lo que dio lugar a un procedimiento parlamentario para removerla (lo cual dista de ser un golpe de Estado que otro juez suspendió el procedimiento supuestamente purificador del Congreso, por irregularidades en la designación de acusadores. Y lo más importante: que, llegado el caso, lejos de una hazaña ciudadana incontaminada de política, la última palabra la dictará la política, es decir, la correlación de fuerzas en el Congreso, que elegirá políticamente entre males: entre el trauma nacional de descabezar un gobierno constituido —lo que no es sinónimo de purificación ni en su origen ni en sus efectos— y la miseria de alargar la vida de un gobierno que se va quedando sin autoridad y sin sustento. 



Este artículo fue publicado en El Universal el 16 de Diciembre de 2015, agradecemos a José Carreño Carlón su autorización para publicarlo en nuestra página

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password