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Alejandro Vázquez Cárdenas

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Médico.

Enfermedades psicosomáticas

En primer lugar aclaremos. ¿Qué son las enfermedades psicosomáticas?  Se califica como trastorno o enfermedad psicosomática al desorden psicológico que genera un efecto físico, provocando alguna consecuencia en el organismo humano. Puede decirse, por lo tanto, que una afección psicosomática se origina en la psiquis y después ejerce una determinada influencia en el cuerpo.

En términos generales, se acepta que una persona cursa con  una enfermedad psicosomática cuando presenta uno o más síntomas físicos y después de un examen médico completo, estos síntomas no pueden ser explicados por una enfermedad médica. También es el caso en que una persona efectivamente padece una determinada enfermedad, pero sus  síntomas y características son francamente excesivos de acuerdo a lo que cabría esperar.

Por premura, ignorancia o porque en ocasiones estas enfermedades son de difícil diagnóstico, muchos médicos tienden a centrarse exclusivamente en los síntomas que presenta el paciente, sin preocuparse demasiado por averiguar la verdadera causa del problema. Por esta razón es corriente encontrar personas que se quejan de haber recorrido varios médicos sin que les encuentren nada; ya les han realizado decenas exámenes de laboratorio, llevan un álbum de radiografías y han consumido el equivalente a media farmacia, pero continúan sintiéndose mal y presentando los mismos síntomas. En estos casos es muy probable que estemos ante problemas psicosomáticos.

No es raro que a este tipo de paciente se les trate únicamente con ansiolíticos pero eso no resuelve nada, al cabo de un tiempo éstos vuelven con el mismo problema o con otros síntomas diferentes. En estos casos, cuando el paciente ya ha peregrinado con varios médicos es necesario replantear el problema y entender que es necesaria la ayuda de un psiquiatra o un psicólogo.

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Pero resulta que las personas que padecen estas molestias no entienden, o no aceptan  la explicación de lo que les pasa y por lo tanto tienen gran resistencia a acudir con un profesional de la salud mental. No comprenden cómo este profesional les puede ayudar.  Algunos, más refractarios a todo razonamiento, y con más dinero que sentido común buscan su curación en las medicinas alternativas, las  cuales, obviamente,  tampoco solucionan su problema.

La palabra “psicosomático” tiene su origen en dos vocablos griegos que significan “mente”, psyckhé, y “cuerpo”, soma, y fue utilizada por primera vez en 1818 por el psiquiatra alemán Johan C. Heirroth en un debate acerca de las causas que provocan el insomnio. Varias enfermedades y trastornos como el asma, la hipertensión y la trombosis coronaria recibieron, unos años después, el nombre de psicosomáticos, ya que a la luz de los escasos conocimientos de la medicina de esa época se pensaba que su origen residía en las alteraciones mentales de quienes las padecían.

En la actualidad, con este término se designan aquellas enfermedades en las cuales los factores emocionales y físicos están relacionados de forma íntima. Esto significa que el estado de la mente afecta al organismo, originando una enfermedad física real y, por tanto, manifestando síntomas y dolor también reales. Dentro de estas enfermedades se puede mencionar varios tipos de cefaleas, ciertas alteraciones gastrointestinales como el colon irritable y diversas  patologías dermatológicas, incluso la propensión a accidentes en el hogar o en el tráfico, es mayor en aquellas personas que están bajo los efectos de una alteración emocional.

El tratamiento de estas patologías es un verdadero desafío para el médico, sea éste un médico general o especialista en lo que sea. En algunos casos, cuando la enfermedad es severa, como la colitis ulcerosa crónica inespecífica (CUCI) y en algunas patologías dermatológicas crónicas en extremo molestas, el manejo debe ser por un equipo multidisciplinario integrado por el médico especialista tratante apoyado por psiquiatría, psicólogos y una red social de apoyo.

Eso de decirle al paciente, “todo está en tu mente” y animarlo diciéndole “échale ganas” no sirve de nada.

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