Cinque Terre

Javier Solórzano

En lo que estamos

Estamos en un proceso en que quizá no seamos conscientes del todo que están cambiando en forma y fondo lo que se ha hecho en política durante años.

Hay pocos referentes para analizar y vivir el presente. Si bien algunas formas se mantienen en lo general están cambiando los paradigmas, el tiempo evaluará su trascendencia y efectividad, por lo pronto andamos en los inéditos.

Lo que de alguna manera ha reaparecido es la concentración del poder y la omnipresencia presidencial, la cual parecía que se había medio atemperado.

López Obrador tiene otras formas de interactuar con la sociedad; sin embargo, ya se distingue la concentración del poder, se ha convertido en eje de la sociedad mexicana como hace mucho tiempo no sucedía con la figura presidencial por más que diga que lo atacan como nunca “en los últimos 100 años”.

Los cuestionamientos al Presidente pasan por dos vertientes. Una tiene que ver con las decisiones que toma, las cuales pocas veces propone y muchas impone. No le gusta que lo cuestionen ni increpen y cuando alguna información le es, o puede ser adversa, sale con que “tengo otros datos”, los cuales en pocas ocasiones da a conocer.

La otra vertiente pasa por su estilo personal de gobernar. Estamos ante formas inéditas que a un sector de la población le está costando mucho trabajo entender y asumir. Muchas de las críticas tienen que ver con la forma en que se ve al Presidente en que prevalecen filias y fobias.

Para el mandatario su interlocutor eje ha sido, es y será, su base dura, la cual no le ha dejado de manifestar su apoyo. El hecho de que sus niveles de popularidad de alguna u otra manera se mantengan, confirma que su discurso le ha dado resultado por lo que no tendría porque cambiarlo a lo que se suma algo fundamental, su convicción en ello.

El Presidente en las mañaneras lanza la agenda y sabe bien que será motivo de todo tipo de comentarios, los cuales no le quitan el sueño. Un ejemplo más fue la crítica por el nombramiento de Isabel Arvide como cónsul en Estambul, dijo que “están muy sensibles”.

Al Presidente no pareciera importarle lo que piensa la comentocracia, los intelectuales, académicos, las redes o los medios de comunicación. Está al tanto de ellos. pero su objetivo está en el grueso de la población, la cual, durante décadas, no ha sido tomada en cuenta de no ser para el oprobioso uso político-electoral.

López Obrador tiene claro hacia dónde debe dirigirse y por más que merezcan la crítica muchas de sus estrategias o sus expresiones, tiene claridad respecto al diagnóstico del país.

Los enojos que provoca en ciertos sectores se mueven entre forzadas comparaciones con otros regímenes y con algunos desplantes presidenciales que habrá que identificar que a menudo tienen tintes autoritarios. Los enojos también pasan por un proceso real de afectación de intereses que está llevando a una eventual y paulatina pérdida de privilegios entre algunos.

Con variantes, el Presidente no está haciendo nada que no haya dicho que iba a hacer. Lo que sí es claro es que ante los escenarios inesperados en lo general no ha salido bien librado, pero en su discurso busca mostrar a sus seguidores panoramas distintos de los que se viven, el coronavirus es prueba de ello.

Sus millones de seguidores no han cambiado de opinión, más bien las simpatías y apoyo se han fortalecido.

En esta ecuación hay que considerar que en medio de las adversidades para la mayoría de la población, el Presidente es una opción de transformación. No sólo habla de ellos, sino también está con ellos y los coloca como eje de su gobierno.

Estamos cerca de saber hacia dónde vamos y en dónde estamos parados.

RESQUICIOS.

Entendiendo que el caso Lozoya es un proceso que llevará tiempo, no se define en el aquí y ahora, los primeros escarceos han sido desafortunados. El personaje parece cualquier cosa menos estar acusado, no hay una sola fotografía de él y se le cuida de manera particularmente cuestionable; de nuevo, no la vayan a regar.


Este artículo fue publicado en La Razón el 31 de julio de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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