Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

EN LA MIRA – Los amigócratas cariñositos

“Why can’t we be friends?”.

Papa Dee Allen, et. al.

Poner la otra mejilla frente a un agravio es una de las principales directrices cristianas. También es uno de los comportamientos más difíciles de llevar a la práctica: el ser humano suele exigir la corrección de la falta. Existe la convicción social de que es incorrecto dejar sin respuesta al ultraje. Por ello resulta cándido, por no utilizar un término más fuerte, invitar a una conciliación postpejista «en la que quepamos todos”.

Lo siento, yo no puedo ponerle la otra mejilla a quien pide que se larguen del país las personas que admiro y quiero, sólo porque han dedicado su vida a criticar al poder.

Tampoco puedo ofrecer el rostro a quien, con su negligencia criminal e ineptitud, dejó sin medicinas a los niños que padecen cáncer, canceló la atención médica a las personas con enfermedades crónicas o degenerativas y cuyas políticas irresponsables han propiciado la muerte de más de 70 mil compatriotas.

La misma reacción tendría con quien, desde la irresponsabilidad criminal, decidió cobrar más impuestos en pleno aislamiento por la pandemia y ahora propone más tributos para los contribuyentes cautivos, mucho menos porque, además de cobrón miserable, careció del valor civil para reclamarle a su jefe que no tomara medidas adecuadas para evitar que 17 millones de personas se quedaran sin empleo.

No puedo ofrecer la otra mejilla a quien jalonea y tira al suelo a senadores ancianos, para los que llegan a cargos públicos sin contar con las aptitudes para desempeñarlos o que hacen de los asuntos públicos su arenero, donde juegan y arruinan a los que deberían recibir servicios públicos.

Ni siquiera podría ofrecer una mano conciliatoria a aquellos que, en su sumisión abyecta, admitieron ser floreros de la presidencia o patiños penosos en todo tipo de desfiguros, incluyendo el de promover la compra de cachitos de una lotería sobre un avión, pero que no lo rifa.

Mucho menos podría hacerlo con los que convirtieron a la Guardia Nacional en el muro contra los migrantes del resto de América… o que balean a campesinos que protestan porque les quitan el agua a que tienen derecho.

Que les ponga la otra mejilla su abuela. En el país de todos, no caben los que han querido destruirlo. La amigocracia cariñosita sólo sirve para los videos de Smash Mouth o para quedar bien con el público, pero representa una irresponsabilidad terrible con la democracia: los enemigos de la sociedad abierta no merecen una palmada en la espalda y un café, ahí están los juicios de Nuremberg para demostrarlo.

En todo caso, a esa bola de bribones hay que decirles algo distinto, por ejemplo, “nos vemos en La Haya”…

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