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Luis de la Barreda Solórzano

En defensa de la ciencia

“El conocimiento científico es la herramienta clave para enfrentar los grandes retos que se presentan a la humanidad. Sin la ciencia y su gran capacidad de generar conocimiento confiable perdemos todos. Esto ha quedado especialmente claro ante la pandemia de covid-19”. Así se inicia la carta que 1,330 académicos mexicanos enviaron al Congreso de la Unión solicitando el retiro definitivo de la iniciativa, presentada el 19 de este mes por el grupo parlamentario de Morena, que propone la extinción de los fideicomisos y fondos sin estructura orgánica para el desarrollo de la ciencia en México, arguyendo que su manejo ha sido opaco. Entre los firmantes hay 76 premios nacionales de ciencias y artes, exrectores y exservidores públicos.

De aprobarse la iniciativa, las consecuencias serían desastrosas para el funcionamiento de la ciencia y para el desarrollo del país. Se produciría una reducción de recursos sin precedente para la investigación y una situación de inestabilidad en su asignación. Se causaría un perjuicio gravísimo a los centros públicos de investigación, muchos de los cuales requieren de fideicomisos para asegurar su operación, cumplir sus compromisos laborales y apoyar a estudiantes de todos los niveles para que puedan realizar estancias de investigación. Por ello, extinguir los fideicomisos o concentrarlos en uno o más fondos administrados directamente por el Conacyt entorpecería las investigaciones que se llevan a cabo en esos centros.

La iniciativa contradice los principios enunciados por todos los grupos parlamentarios en la Cámara de Diputados. El pasado 15 de abril, tales grupos, incluyendo a Morena, se pronunciaron por que la Secretaría de Hacienda, el Conacyt, la Secretaría de la Función Pública y las demás instancias competentes garanticen los recursos para ciencia y tecnología. La formación de científicos y tecnólogos, así como el desarrollo de soluciones especializadas, reconocieron los grupos parlamentarios en su comunicado de aquella fecha, son indispensables no sólo al enfrentar crisis como la que vivimos actualmente, sino al hacer frente a otras problemáticas que se han agudizado.

Antes de que la misiva de los académicos fuera enviada a diputados y senadores, el grupo parlamentario de Morena había ya congelado la iniciativa declarando que pronto abriría un espacio de diálogo con varias secretarías y otros sectores involucrados en el tema. Los firmantes de la carta saludan este congelamiento y hacen un llamado a ese grupo parlamentario para que, en un acto de congruencia, retire la iniciativa que dañaría a la ciencia mexicana. De no atenderse su petición, finalizan los académicos, “hacemos un respetuoso llamado a los integrantes de la H. Cámara de Diputados a someter esta iniciativa a un proceso de parlamento abierto que —tras un análisis razonado y fundamentado sobre sus efectos negativos para la ciencia— debería de culminar con un voto en contra de su aprobación”.

No es válido el señalamiento de la iniciativa según el cual el manejo de los fideicomisos y los fondos dedicados a ciencia y tecnología ha sido opaco, pues los mismos son permanentemente evaluados técnica y financieramente, y los resultados de las evaluaciones se hacen públicos. Por otra parte, al pretextar la opacidad de ese manejo el grupo parlamentario de Morena no identifica un solo caso que sustente su imputación. Pero aun si se tuvieran indicios de alguna irregularidad, lo procedente sería una investigación al respecto y proceder conforme a derecho. Lo que es injustificable es que un señalamiento vago y sin pruebas sirva de excusa a una decisión tan grave para el país.

No se requieren una sólida cultura ni luces intelectuales extraordinarias para comprender la relevancia de la ciencia y la tecnología, la investigación científica y tecnológica, y la formación de científicos y tecnólogos, en la historia de la humanidad. No sólo por los progresos que han generado. La perenne lucha contra la muerte, las enfermedades y las pandemias, el hambre, el subdesarrollo, las supersticiones dañinas, y tantos otros males, ha tenido en la ciencia y la tecnología instrumentos invaluables e insustituibles.

Una iniciativa congelada puede descongelarse y llegar a ser norma vigente. La iniciativa de Morena es indefendible: debe desecharse definitivamente.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 28 de mayo de 2020, agradecemos a Luis de la Barreda Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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