Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

Elon Musk y el maldito Twitter de la 4T

Tengo dos columnas en borrador, una sobre Arturo Zaldívar y otra sobre Agustín Laje, pero la adquisición de Twitter por Elon Musk es de tratamiento prioritario.

En particular celebro que la izquierda deje de manipular esa plataforma: se dicen liberales pero no respetan las libertades de los que no piensan como ellos. Se agradece que la corrección política se largue de esa red social y que se acaben las identidades de mentiras y las cuentas falsas, como los 2.2 millones de arrobas fake que tiene López Obrador. Autenticar humanos y erradicar los spam bots, como propone Musk, implica que se acaben las granjas de la 4T, que contaminan a Twitter.

Hay quienes, como Nassim Nicholas Taleb, creen que la nueva administración de Twitter la convertirá en “la Meca de los psicópatas de Covid, los locos de bitcoin, los charlatanes de medicina alternativa, los agentes rusos y los promotores de siniestras teorías racistas”, lo que “destruirá el valor de la plataforma”. El tema es que todos esos paletos ya están en esa red, el punto es construir barreras e incentivos para que se larguen. Las cuentas afines a Russia Today o a los gobiernos de Maduro o Fernández ya abundan. Sería una bocanada de aire fresco que los aparatos de propaganda política dejen de contaminar Twitter.

No obstante, el riesgo de que los Bannons, Trumps e InfoWars regresen a difundir tonterías solo debería motivar a un debate más fuerte y abierto sobre sus bulos y ocurrencias, al que no debemos tenerle miedo. Las redes sociales han sido los espacios de anidación de las sectas identitarias, Macario Schettino se ha preguntado cómo superaremos el problema de la multitud de grupos victimizados con agendas extremadamente específicas, carentes de una voluntad de consenso e interés en los problemas comunes de la sociedad. Quizá la solución nos la acaba de dar Musk, al proponer un giro de 180 grados a los usos y costumbres de Twitter, que dejará de ser Wokeland, la tierra de la izquierda de cristal. Seguramente muchos socialistas se irán de esa red social (lo aplaudo) y, si fueran talentosos, construirían una alternativa para seguir con su modo de comunicarse, pero si algo nos ha demostrado Morena es su enorme incapacidad para hacer cosas útiles y efectivas (la vacuna Patria, el INSABI, el programa sembrando vida o el jóvenes construyendo el futuro). El AIFA nos da la pista más contundente de lo que sería el Twitter chairo de la 4T: una plataforma mal programada, fea, chafa y carente de interés para cualquiera que no sea acólito de la secta guinda.

Había creído que esta columna tenía mala suerte, la iba a enviar desde ayer lunes en la noche y se borró, pero ese retraso me permitió leer las barbaridades de don Federico Arreola, quien sostuvo que Chumel Torres y Elon Musk tienen una relación que, a falta de una mejor analogía, podemos caracterizar como la que tenían MiniMe y el doctor Evil. Se colgó don Fede, su disparate tiene causa: me queda claro que el Twitter de Elon no parece un lugar atractivo para los Ponchos Gutiérrez, Attolinis, Vicentes Serranos y las tres cuentas del drenaje morenista, las mismas que Twitter suspendió en su momento y de las que el mismo López Obrador reclamó la sanción, pretendiendo neciamente tirarle línea a una empresa privada. Por eso Arreola trata de demonizar el cambio de mando en Twitter, porque la red ya no servirá a los fines perversos de Morena. Las cuentas de granja de 7 seguidores, el montón de arrobas que presumen maestrías o que viven prósperamente en Estados Unidos, pero son irredentamente chairas, están destinadas a irse al mismo lugar de los juguetes rotos de la canción de la muñeca fea. 

Tengo esperanzas de que el Twitter de Musk sea un mejor lugar, seguramente discutiremos más fuerte, pero en el que los tuiteros Neymar (chillones y doble moral) no tendrán cabida. Y, sí no avanza la red, recordemos lo que le pasó a Myspace: quien no mejora, está destinado a quedarse atrás, como los dinosaurios…

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