Cinque Terre

Martin F. Mendoza

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Periodista. Corresponsal de etcétera en Estados Unidos

Elección 2020: un pronóstico serio

En esta, mi última opinión antes de la elección presidencial en Estados Unidos, quiero hacer lo que muchos “opinadores” en México no hacen al respecto: formular un pronóstico fundamentado que se pueda analizar antes y después del hecho, más allá del “te lo dije”: Joe Biden va a ganar la elección con comodidad, con un total de entre 320 y 400 votos electorales después de que concluyan todos los conteos estatales —lo cual pudiera ocurrir, eso sí, después de varios días.

En la medida en que el resultado se acerque más a 320 o 330 votos electorales y se aleje de los 400 para Biden, será el tamaño de la intentona trumpista por nulificar el resultado de la elección por vías legaloides. Donald Trump escogería, con criterios primordialmente numéricos y suficientes para “dar la vuelta” al resultado, en cuáles estados presentar impugnaciones. Será alegatos que no dudará en hacer llegar hasta la Suprema Corte, con la cual está contando desde ya. Si Biden logra arriba de 360 votos electorales, es posible que baste para ahogar el berrinche del presidente.

Ahora bien: si hablamos de 320 a 330 votos electorales —lo cual en cualquier otra época sería una victoria categórica, mas hoy no suficiente para garantizar una transmisión del poder ordenada y sin sobresaltos— tenemos que entender que la situación será crítica, y más importante es comprender cuáles son las rutas posibles para acceder a tales números al menos.

Empecemos por el principio: Biden llegara al mínimo requerido de 270 votos electorales simplemente con la recuperación de Wisconsin, Michigan y Pensilvania (estados del midwest que, trágica e increíblemente, perdió Hilllary Clinton hace cuatro años), para sumar 279. Si Trump gana Pensilvania, donde tiene más oportunidad de los tres estados mencionados, o si de plano los republicanos allí se salen con la suya y arrebatan la elección con argucias legales, Biden puede recuperarse con, digamos, Arizona, y sumaría el mínimo requerido para 270. También puede hacerlo con los 15 de Carolina del Norte o los 16 de Georgia, ya no digamos con los 29 de Florida.

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Florida es la clave en ese grupo tanto a nivel electoral como por todas las posibilidades legales que los republicanos tienen allí; pero si Biden la conquista, se acaba el juego para Trump, así de simple. La razón es que es sumamente difícil que Biden gane Florida sin además ganar al menos algunos de los estados enumerados con anterioridad, además de otros que no hemos mencionado. La única derrota más definitoria para Trump sería en Texas, pero ahí aún está ligeramente arriba en las encuestas, mientras que en Florida Biden ha mantenido, contra viento y marea, su ventaja de 3 a 4 puntos.

Creo que Biden ganara Florida, Arizona, Michigan, Wisconsin, Pensilvania y Carolina del Norte para acumular 334 votos y ubicarse en el rango menor que le atribuyo. Estará en la pelea en Texas, Georgia, Ohio y Iowa, que suman 78 votos electorales, con los que, de ganarlos también, se ubicaría por arriba de los 400. Trump tiene certeza sólo en los estados más rurales y más despoblados, incluido el Deep South, los cuales suman muy poco. Claro, la mayoría de esos estados son muy seguros para Trump, por lo que saldría con al menos 125 votos electorales.

Es posible que los demócratas se alcen con el Senado también, lo cual será, paradójicamente un enorme reto para Biden, ya que, en lugar de trenzarse con un Senado republicano y poder culparlo de todo y por todo, tendrá que demostrar en los hechos, con mayorías de su partido en las dos cámaras, qué tan lejos está dispuesto a llegar en la limpieza profunda que el país necesita. Podría y tendría que ir con todo en contra de la inmundicia actual.

Ahí está lo que pienso que sucederá en cuestión de los números electorales la próxima semana. Poner el pronóstico tiene riesgos, como quedó más que claro en 2016, cuando los humillados —aparte de Hillary Clinton, claro— fuimos todos aquellos que, desde distintas trincheras y dimensiones, nos atrevimos a pronosticar no sólo al ganador sino cómo se definiría la alección. Aun así, es más satisfactorio y, sobre todo, divertido que quedarnos en el “te lo dije”. Se aceptan apuestas mientras se describa cómo se hizo el cálculo, claro está.

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