Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

El último tango en el Suntory

“…una vez que la tensión entre el sometimiento y la resistencia se disuelve, la muerte o el abandono es el final inevitable de la historia” 

                                                     Jessica Benjamin¹

No quiero que te hagas ilusiones, de tiempo atrás me viene la costumbre de aclarar las cosas para no jugar con tus expectativas. De la nota roja del abogado octogenario que asesinó a su esposa, veinteañera, cantante regional y actriz de telenovelas, hablaré muy poco. La tomo el caso de pretexto, son el último tango en el Suntory; un drama pasional como los hay a diario, un abuso de poder más, un feminicidio que araña titulares por accidente de locación y por, nuevamente, escapar al cliché de la violencia y la marginación. El drama de una pareja acomodada que no se acomoda hasta la muerte. 

Me importa poco si el abogado tenía antecedentes fraudulentos o asociaciones eclesiásticas; me importa más que había preludios de violencia que la cantante entonó para integrar un expediente. Tampoco despotricaré de los gobiernos federal y local que, francamente no valen una corcholata. Confieso que también me importa un poco más el cotilleo en redes que se distrae con la disparidad generacional, levantando el monóculo para auscultar los intereses de un cuerpo núbil por vincularse a un decadente; o la sorpresiva vuelta de turca que nos lleva a descubrir que el infiel era él. Además de que se trata del villano perfecto de la novela negra, corrupto, enredado con las altas esferas del poder judicial; hiperbólico en sus desplantes y posiciones: ya se cuenta que guardaba una arma de oro y la descripción del tweetero Mr. Lotario lo pinta con camisas de seda y brillantes hasta en la corbata. Las sospechas como murmullos se cuelan en notas sobre el antecedente de una esposa previa que apareció suicida con dos balazos.

Por años, el Suntory fue mi lugar favorito de festejo, imagino que mis pasos recorrieron el camino de Yrma más de una vez, tal vez imagino escuchar el estrépito que le arrancara el último suspiro, como un triste presagio de la absurda condición de miedo de la mujer en México. Busco entre los indicios del crimen las palabras que la cantante no pudo pronunciar; intento armar entre las notas del mantel los antecedentes de su tragedia.

Los motivos de Jeanne y el silencio de Yrma

Asumir que una mujer joven sólo se interesa por un hombre mayor si el dinero está de por medio es no comprender las necesidades del afecto o las precariedades del espíritu, en una comunidad donde todos nos la sabemos de todas, todas, los sentimientos son la cara oscura de la luna. Existen pasiones diversas como ramas en el bosque. La historia del Suntory me recordó El último Tango en París, volvía a ver la cinta con nuevos ojos. 

Advertí el arrobador protagonismos de Brando, pero también el perverso papel de objeto que se la asigna a María Schneider, pero que su indudable talento termina por dotar de alma a esa Jeanne tan contemporánea, tan desolada. La película retrata más el dolor narcisista de dos damnificados que el erotismo embadurnado de mantequilla. 

Un hombre cincuentón se enreda en una pasión sin antecedentes ni compromisos con una joven de veinte años. La consigna es no confesar sus nombres ni hablar de su historia; unidos por rugidos primitivos, sexo desbocado donde la protagonista es violentamente arrastrada a una batalla corporal que deriva en una dependencia mutua como evasión de los duelos previos de los amantes. Paul (Brando) es el damnificado viudo de una suicida, una Rosa que se fue sin despedirse y le heredó como vecino a su amante. Cornudo y abandonado, el bello gorila posee sistemáticamente, en un clandestino departamento en ruinas, a Jeanne que al tiempo que padece a un egocéntrico galán, un cineasta, quizás parodia del propio Bertolucci, que como hijo contemporáneo del selfie filma su vida y hace de Jeanne la estrella de su reel. 

Fuera de cuadro, la actriz confesaría años después que en la célebre escena de la mantequilla se sintió violada, nadie le advirtió lo que pasaría, Bertolucci se “disculpa” pero reconoce que la sorpresa logró el efecto que deseaba. Mis comentarios no buscan el revisionismo anacrónico de una obra de arte poderosa que sigue diciendo mucho. Sino enfocar hacia el tema de que 50 años después, la libertad femenina sigue a cuadro.

 A pesar de que muy poco se sabe de los motivos de Jeanne par enredarse con Paul, el protagonismo masculino se roba la historia, la gran profundidad psicológica de Paul sólo permite intuir a la mujer siempre desnuda que se exhibe en la pantalla. El desenlace de la película, el atisbo sobre la dualidad libertad / seguridad, presente en todo tango amoroso nos llevan a un final comprensible, Jeanne se percata de que no era amor lo que sentía por Paul y su asedio la repele, el cazador cazado se retuerce de un balazo en el balcón de la guarida. ¿La asesina se libera? ¿Cuáles fueron sus motivos? Quizás la necesidad de tomar el control y dejar de ser la muñeca en manos de dos hombre, el cineasta y el viudo misógino. Resta hacer la historia de los Motivos de Jeanne para entender tan bien como entendemos a su contraparte. 

Pero en el tango del Suntory, como en todos los tristes dramas feminicidas de nuestro país, tememos que todo acaba en un gran silencio y con el perverso murmullo de los buitres en red que buscan razones para justificar la degradación individualista que hoy nos consume. Yrma 50 años después de la célebre película, muere el más cruel de los desenlaces: engañada, asesinada y juzgada por ser la joven de un viejo. Jeanne es el objeto de una triple mirada: la del héroe, la del director y la del espectador. Yrma Lydya, lo es también de su agresor, de los medios y de los espectadores. 

En la película hay una película, auto referencialidad que opera como metáfora. Tal vez el Último tango en el Suntory sea también nuestra metáfora. No habrá palabras que sirvan para ocultar cada historia sin final, cada cuerpo inerte que sirve de alfombra a un país donde hombres matan a sus mujeres; donde las víctimas son religiosos, activistas, periodistas porque la ráfaga de la violencia desató a la bestia del bosque. 


¹ Benjamin, Jessica. The Bonds of Love. Psychoanalysis, Feminism, and the Problem of Domination. New York: Pantheon Books. 1988

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