Cinque Terre

Jesús Ortega Martínez

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Hombre de izquierda, impulsor de un nuevo pensamiento y una nueva acción progresista y democrática. Expresidente del PRD. Nueva Izquierda.

El totalitarismo de López Obrador

Una de las características del viejo régimen de partido de Estado (en donde los personajes relevantes eran Salinas, Bartlett, López Portillo, Echeverría, Ebrard) era la realización de “elecciones” que solo servían para intentar dar un cariz de legitimidad a dicho régimen.

Pondré a consideración de ustedes, el caso de “la elección” de López Portillo para presidente de la República, allá por los años 70 del siglo pasado. López Portillo fue candidato único, y en esa condición, fue su nombre el único que apareció en las boletas. Participó también Valentín Campa, el candidato del Partido Comunista Mexicano, que hizo campaña, que recorrió el territorio nacional, que llevó a cabo mítines, pero que, desde luego, los votos que obtuvo no fueron tomados en cuenta. López Portillo” ganó la elección” con el 100 por ciento de la votación.

¿Quién organizaba ese remedo de elecciones? se preguntarán muchas personas.

Bueno pues les diré que esas elecciones de caricatura, las organizaba… el propio gobierno a través de la Secretaría de Gobernación, y no había ninguna imparcialidad, siempre había fraude. De manera permanente el gobierno utilizaba los medios de comunicación para hacer propaganda electoral a su favor, y sólo el partido del gobierno tenía recursos económicos, por cierto ilimitados, para hacer su campaña y para comprar las voluntades de los ciudadanos.

“La elección” de López Portillo se llevó a cabo hace aproximadamente 40 años, y durante ese tiempo, la oposición de pensamiento progresista y democrático (aún en las condiciones de represión, del peligro de la cárcel o del asesinato) luchó por libertades, por elecciones limpias, por la vigencia de la Constitución y de las leyes, por los derechos civiles, e hizo posible varias reformas políticas con las cuales se pudo terminar con ese régimen oprobioso y se pudo construir un sistema democrático de partidos y un régimen de gobierno republicano de equilibrio entre los poderes.

Imagen: Teléfono rojo.

Durante ese tiempo creamos el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; el financiamiento público a los partidos políticos; la credencial única de elector; la representación de los partidos en las casillas electorales; el tiempo a los partidos en los medios de comunicación, la libertad de expresión, de reunión, de manifestación, para que pudiesen, todos, llevar a cabo sus labores de propaganda. En síntesis, creamos un sistema democrático de partidos que ciertamente, tenía sus fallas, pero que acercaba a México a elecciones limpias.

Ahora el presidente quiere terminar con todo ese avance y quiere regresar a México a los tiempos del régimen de partido de Estado y del presidencialismo autoritario. Es decir, nos quiere regresar al pasado y pretende instalar un sistema totalitario en donde las elecciones vuelvan a ser una farsa.

Y por eso ha anunciado, que desaparecerá al INE, al IFAI, a la COFETEL, al Banco de México, al INEGI, a CONEVAL, a la Comisión Federal de Competencia Económica, y a todo órgano del Estado que fue construido, precisamente, para poner límites a los abusos del poder por parte del presidente.

En el colmo de la desfachatez, López Obrador quiere hacer uso de los recursos del gobierno, que son muchos, para hacer propaganda política para favorecer su imagen personal, y hacer propaganda electoral que favorece, de manera abusiva, a su partido.

Y cuando el INE —apoyándose en el artículo 134 de la Constitución— le pide que suspenda sus conferencias mañaneras desde las cuales hace propaganda en favor de su partido, entonces, López Obrador se molesta, se enoja, hace su rabieta, se hace el ofendido, se hace la víctima y señala al INE como la institución que pretende censurarlo.

Y otra vez, vemos a un presidente insolente, prepotente, autoritario, que sin ningún recato, violenta la Constitución y a costa de ella, pretende imponer su voluntad.

¡Pues hay que decirle que no le permitiremos que violente la Constitución!

Hay que despojarse del miedo para enfrentar su insolencia; ser valientes para decirle que él no es la soberanía, que no se puede comportar como monarca; que no le permitiremos más sus caprichos y sus abusos.

¡Hay que decirle NO al totalitarismo!

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