Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

[email protected]

Politólogo, editor y consultor.

El síndrome Bartlett

Lo más importante es la imagen que uno dejará al final de su vida.
Manuel Bartlett (1992)

Sigue en las noticias públicas la corrupción de Manuel Bartlett y su familia. Debe seguir la discusión pública sobre el pasado, presente y futuro del personaje don Manuel –“don” que es como si dijera don Barzini…

La historia de Bartlett es un caso de fotofobia: no tolera la luz que lo debilita. Con la luz del análisis politológico e histórico, se ve claramente que la trayectoria del protegido de AMLO tiene dos componentes principales: el servicio al autoritarismo priista y una farsa adaptativa a la vida post-priato. Su adaptación ha sido en un sentido exitosa y racional (en intención y algunos cálculos) pero también paradójica e irracional (en algunas decisiones y resultados históricos); López Obrador ha resultado funcional para el sistema de supervivencia bartlettiano. La parte fársica de esta parte de su carrera nos lleva al síndrome Bartlett (retomo mi “Corolario sobre Bartlett”, DATAMEX, Instituto Ortega y Gasset, número 48, septiembre 2019).

Así como existe la paradoja Bartlett, existe el síndrome Bartlett. Que también puede ser llamado síndrome Bartlett-Zabludovsky, o al revés. Por un subtipo de trayectoria pública que representan Jacobo Zabludovsky y el director de la CFE obradorista. ¿Qué digo que es? El conjunto de síntomas o signos que revelan la preocupación constante y el miedo real a pasar negativamente a la Historia con base en lo esencial o mayoritario (negativo) de la vida profesional; así, ya viejos, económicamente enriquecidos, al final de la carrera, y sin el máximo grado de poder o influencia que alguna vez hayan obtenido (CFE no es igual a Segob), algunos actores públicos usan ciertas oposiciones y críticas para intentar compensar los errores, los silencios, los excesos, las cobardías, las contradicciones, las mentiras, las omisiones y hasta las atrocidades que cometieron en los tramos mayores y principales de aquella vida profesional. De ahí la “lucha” del “antineoliberalismo” del don priista. Todo eso sin que los afectados por el síndrome dejen de desear y buscar algún poder. O dinero, también, como seguimos viendo en el caso de Bartlett y compañía/familia. ¿Quién dice que los políticos no son contradictorios?

Sin duda, tal es el caso de Zabludovsky después de salir de Televisa, donde fue –recuperando las palabras de Emilio Azcárraga Milmo- un soldado más del presidente. No sólo de su jefe en Televisa, un soldado del presidente de México. Después de esa etapa “Jacobo” se comportó de manera distinta para, en imagen, anularla o neutralizarla. Eso también es Bartlett: esa intención está en su camino posterior al 2000. No se le puede entender como un todo político sin el autoritarismo del PRI, sin la corrupción y sin el apoyo equivocado de López Obrador, y tampoco sin sus ambiciones personales y el síndrome que lleva su nombre. No se puede entender a Bartlett sin la contradicción definitoria entre sus diversos deseos y sus acciones divergentes –bajo varias y distintas circunstancias.

Pero en la Historia, Manuel Bartlett quedará muy mal.

El “idiota útil” colectivo para el esfuerzo de autolavado bartlettiano es el obradorismo. Aunque ni tan útil… Los obradoristas no han logrado limpiar ni un poco a Bartlett, y sí han omitido un mucho. Lo más pesado y relevante de su currículo. No sólo no han limpiado a un caño sino que han ensuciado más su obradorismo. Lo que más importa es la imagen por hechos que se deja al final de la vida, parafraseo a uno de los suyos…

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password