Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

El ridículo de Nino Canún

Es deplorable ver el ridículo que ha hecho Nino Canún ante el nuevo gobierno en su afán de volver a los medios “grandes”, como él los llama.

Me da pena, ya que como persona me simpatiza y siempre me trató bien, buena onda (fui a su programa cuatro veces como invitada para hablar de Año Nuevo Chino, en el 2011, 2012, 2013 y 2015). Pero el que alguien sea “buena onda” no significa nada respecto a su ética periodística, por supuesto. Nino Canún fue en su mejor época un conductor explosivo, muy comercial, pero también sabe hacer periodismo (desde el punto de vista que tiene oficio), pero no tiene ética, lo cual lo convierte en un profesional incompleto.

En efecto, tal como refiere Marco Levario, durante el sexenio de Peña Nieto (al que acusó de censurarlo), Nino estuvo muy activo en su programa matutino en Radio Centro. Yo fui testigo de diversos comentarios políticos que emitía sin ningún problema, tanto él como sus invitados. Yo misma critiqué a Peña Nieto al aire (con algo de carrilla) , sin que hubiera ningún señalamiento en contra.

Esto es, antes de entrar al aire, el conductor nunca advertía a los invitados de que hubiese temas sensibles o prohibidos, lo cual indica que no estaba él bajo advertencia alguna. Había libre expresión, tal como debe ser.

En cierto momento, me parece que en el 2014, Nino fue despedido de su espacio en Radio Centro y durante varios meses hizo una intensa campaña en redes sociales –básicamente Twitter–acusando al grupo radiofónico de despido injustificado y de retenerle sus últimos salarios. Usaba un hashtag exigiendo que le pagaran sus salarios y hasta donde sé, nunca hubo arreglo entre él y Radio Centro.

Posteriormente, obtuvo un espacio en una estación de televisión por internet cuyo estudio estaba ubicado en las oficinas del Unomásuno. A ese estudio fui invitada una vez también. En esa ocasión, Nino me comentó su desesperación por volver a la televisión.

“Estás en televisión”, le dije. Hizo un mohín de desprecio. “¡Esto no es televisión, esto es internet!”. Yo pensé, pero no se lo dije, que la televisión por internet TAMBIÉN es televisión y con innumerables ventajas sobre la televisión abierta. No se lo dije porque no es mi papel andar convenciendo a nadie. Eso sinceramente me da mucha flojera.

Nino Canún vivió una época de oro en la que fue referente en la televisión comercial e indudablemente extraña profundamente eso.

Más allá de que no supo ver que lo de hoy es la televisión por internet, la cual está desplazando lenta, pero firmemente a la televisión abierta (a la cual quiere volver) y eso le impidió relanzar su carrera desde un espacio que pudo hacer crecer, Nino Canún se rige por la lógica de las componendas.

Es preocupante, abriendo más la mirada, que no solo él, sino otros periodistas (como Carmen Aristegui y quizá próximamente Gutiérrez Vivó) le deban al actual presidente gratitud por el mucho o poco impulso a sus carreras. Es gravísimo, ya que implica la conformación de un equipo de periodistas leales.

Un periodista que le debe al presidente en turno la recuperación de su carrera, es un periodista tácitamente amenazado.

Vamos a ver hasta donde llega Nino Canún con su actitud obsequiosa.

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