Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

“El Rey León”, una cinta realista sin alma

En 1971, a los cinco años, vi “Los tres caballeros” cuando la cinta de Disney ya era vieja pues se había estrenado en 1944. Quedé maravillado por el despliegue tecnológico que me hizo sentir en cada sitio donde la fantasía nos trasladaba. Me sucedió lo mismo con “Mary Poppins” y, muchos años después, “Fantasía” y “¿Quién engañó a Rogger Rabbit?”, esta última, en 1988, que además de todo desató los sueños lúbricos de quién, a los 22 años, apenas necesitaba pretextos para ello.

Los cómics son una de mis principales aficiones, y su interpretación en el cine también. En dibujos animados, realistas o combinados ambos recursos. “La liga de la Justicia”, por ejemplo, y “Batman”, la serie de televisión de los 70 además de las cintas de Superman y también en televisión (quién no conoce la historia trágica de los personajes que lo han encarnado). Mención aparte merecen los personajes de Marvel porque sus productores tuvieron la sagacidad para adaptarse a los nuevos tiempos digitales y culturales que animan a los jóvenes hoy día; desde “X Men” hasta “Spiderman”, la cinta más reciente, podemos contar decenas de éxitos y escasos fracasos, como las dos versiones recientes de los “4 Fantásticos”. No obstante, del cómic al cine, creo que la trilogía de “Batman” es lo mejor de todos los tiempos, con el sello DC e incluso “Escuadrón Suicida” puede competir con lo mejor de Marvel (que, sin embargo, es la marca que más personajes ha creado en los últimos 20 años).

En todo eso pensé cuando estaba a punto de ver la versión más reciente de “El Rey León”. Antes, permítanme adornarme: he visto la historia en Broadway, la cinta animada y, poco antes de la película que estaba por empezar a ver, la versión reciente de “El libro de la Selva”. Las producciones animada y teatral me emocionaron mucho porque, aún cuando la historia es trillada, las bandas sonoras, los bailarines o la gesticulación de los personajes en la pantalla grande, le dan un donaire humano espléndido. Y, vaya paradoja, no ocurre eso con la actual cinta que es una expresión lo más realista posible como antes lo fue “Mary Poppins”, “Los tres caballeros” o “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”.

Este Rey León no está a la altura de las pretensiones de los productores, es plana, sin enfoques novedosos ni simpatía, vamos, carece de alma como varios expertos han dicho. No obstante, creo, es un festín visual que vale la pena ver, para quienes somos viejos, algo similar a Pepe Carioca cuando visita Río de Janeiro o cuando la mirada intensa del detective a la siempre respetable Jessica Rabbit. Pero no más, incluso hay momentos en que, más que realismo, estamos frente a realidades digitales alternativas y, vaya ironía, poco creíbles. ¿Qué rescato también? La banda sonora. Y, claro, el mensaje de siempre que no por ser tan reiterado dejar de ser claro: la búsqueda de identidad en la memoria de nuestros antepasados y el denuedo para asumir los propios desafíos.

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