Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

“El Pueblo” y su representante

TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

La palabra “Pueblo” es una expresión rústica pero eficaz: es cálida, comprende un sentido de añoranza incluso pero, sobre todo, permite que quien la evoca se sitúe como su portavoz o representante. Pero el “Pueblo”, como sus redentores, no existe sino como parte de un lente autoritario pues no asume que en vez de “Pueblo” hay sociedades modernas complejas por su heterogeneidad y diversidad. El derecho de las minorías, por ejemplo, o la legalización del aborto, por citar otro caso, es parte de esa pluralidad que el redentor desconoce o más aún, incluso descalifica cuando frente a tales temas dice que convocará a que el “Pueblo” decida si las mujeres pueden abortar dentro de un marco legal que les garantice ese derecho o a los homosexuales que pretendan casarse. El asunto se complica cuando el redentor hace cada vez más asociaciones con términos o imágenes religiosas porque tales asociaciones podrían redundar en que el redentor es el representante de Dios en el país y sus impugnadores son el anverso de esas fantasías religiosas, la mafia o el diablo; también por eso sus seguidores son creyentes. El fenómeno creció mucho en América Latina en los últimos años y ha llegado a México.

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