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Armando Reyes Vigueras

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Periodista

El periodismo según Andrés Manuel

El presidente López Obrador se ha lanzado una vez más en contra de la prensa. Junto a la corrupción, es uno de sus temas favoritos –el otro es arremeter en contra del neoliberalismo que tanto odia–, pero se trata de algo que proviene de su experiencia personal, no de su paso por las aulas. No entender que la labor del periodismo es revisar y criticar al poderoso, es sólo parte de alguien que tampoco ha entendido que debe gobernar para todos, en lugar de para sus votantes. Pero hay algo más detrás de este tipo de expresiones.

Origen es destino

Partamos de algo ya conocido: el presidente gobierna a partir de su experiencia personal, de lo que ha vivido. Cómo se ha especializado en recorrer comunidades rurales, principalmente, su idea de para quién gobernar se moldeó en dichas visitas, por eso recurrió al ejemplo de que en las rancherías se come carne dos veces por semana para rebatir las críticas por la baja en el PIB.

Desde su época de priísta, también con base en su experiencia personal, se formó una idea de cómo era la prensa. Los ataques que recibió como candidato al gobierno de su estado, influyeron para que su opinión de cómo deben trabajar los periodistas tuviera forma.

A esto se suma su tendencia a generalizar en prácticamente todas las actividades. Por eso todo el pasado es corrupto, sin importar que él viene del mismo pasado que tanto ataca, todos los empresarios son una minoría rapaz, sin importar que luego los tenga de aliados y todos los funcionarios de gobierno son sospechosos de ser corruptos, sin importar las pruebas en contrario.

Los intentos de matizar han sido mínimos y sólo anteceden más generalizaciones.

En sus campañas, no intentó visitar hogares de clase media, reunirse con estudiantes o empresarios que no son parte de los corporativos y, mucho menos, platicar con columnistas o articulistas como lo hicieron en su momento otros candidatos.

Su obsesión por el petróleo también viene de esas época, en la que fue testigo de la bonanza petrolera de la década de los años 70.

El nuevo episodio en el que, de nueva cuenta, se lanza en contra de los periodistas críticos y mete en el mismo saco a conductores de televisión, columnistas, revistas, periódicos o canales de TV, muestra más allá de su intolerancia, la manera en que concibe la labor periodística.

Foto: Gobierno de México

Es algo que no nos debe sorprender.

En su mañanera del pasado 22 de abril, explicó lo que para él debe ser el periodismo, motivado por una pregunta de uno de los patiños que lo acompañan cada mañana.

Esto es lo que cree el presidente respecto del periodismo:

  • ¿Ustedes creen que no aburre abrir un periódico, El Universal, por ejemplo, o el Reforma, y no encontraran nada bueno del gobierno? Todo malo, todo malo; pero no sólo las notas, los articulistas supuestamente independientes, todos.
  • No hay en México un periodismo profesional, independiente, no digo objetivo porque eso es muy difícil, la objetividad es algo muy relativo; pero ético, estamos muy lejos de eso. Es parte de la decadencia que se produjo.
  • Y lo mismo la radio, lo mismo la televisión. No generalizo, pero sí, no supieron entender la nueva realidad, le siguieron con lo mismo.
  • A nosotros nos defienden creo que tres, y estoy hablando de periodistas …puedo estar tranquilo, porque hay millones en las redes sociales que nos defienden.
  • Por eso es importantísimo el fenómeno de las redes sociales, porque en redes sociales, aún con textos cortos, siguiendo aquella consigna o proclama o criterio de que ‘bueno y breve, doblemente bueno’, a veces con muy pocos caracteres, con muy pocas palabras se dice muchísimo.
  • El buen periodismo es el que defiende al pueblo y que está distante del poder, el que no defiende al poder, el que defiende al pueblo.
  • Lo que tenemos ahora es un periodismo muy cercano al poder, sobre todo al poder económico, y muy distante del pueblo. Es un periodismo de la élite, que no defiende al pueblo raso; cuando mucho, a la clase media y de ahí para arriba.

A pesar de su promesa de que sus conferencias son parte de un diálogo circular, el presidente se dedica a pontificar sin importar las imprecisiones en las que cae. Como ejemplo de esto último es su aseveración de que el buen periodismo es aquel que está distante del poder, ¿distante como el columnista que elogió y que es parte de su equipo para redactar la constitución moral o el otro articulista que es militante de Morena?

Y quedan más preguntas sin contestar:

¿El presidente cree que no ha cometido errores su gobierno, que no ha tenido acciones equivocadas, como para pensar que no se puede publicar algo malo de él?

¿En verdad cree que todo aquel que lo critica es porque perdió privilegios o porque le pagan por hacerlo sus enemigos?

¿Qué ejemplos daría de periodismo profesional e independiente, si por un lado ha atacado a medios extranjeros y, por otro, sigue apoyando a mercenarios como aquel director de un portal que fue exhibido por recibir millones de la administración Peña Nieto y ahora suma a su corta lista de defensores?

¿En verdad cree que por qué lo defienden tres periodistas con cola que les pisen, los cientos que lo critican están equivocados?

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