Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

El pene 1

Tenemos razón en señalar la licencia y la desobediencia de este miembro que se lanza demasiado inoportunamente cuando no queremos y que tan inoportunamente nos defrauda cuando más lo necesitamos; disputa imperiosamente la autoridad con nuestra voluntad: rechaza terca y orgullosamente todas nuestras incitaciones, tanto de la mente como de la mano. 
Michel  Montaigne

Un órgano tan lineal pero al fin pequeño causa en torno a sí mil reflexiones. Me refiero al pene, nos cuentan que la falocracia es la extensión política del revuelo que causa un miembro. Metaforizamos la línea erecta de este genital para hablar de dominio, de jerarquía, de poder. A partir de él se han hecho estatuas, se especula que inspiran rascacielos cuando realmente yo he visto que quienes lo tienen, prefieren rascamientos en la base de su alta o moderada columna.

Resulta divertida la simplificación genital. Hoy está de moda la vulva como símbolo de la revolución contraria. A mí no me apetece glorificar falos ni endiosar vulva y vagina. Conozco la propia y la quiero o disfruto como lo hago con todos los sentidos, juntos y en concierto. Conozco y he amado penes, biceps y hasta barrigas, las manos o el aparato oculto y misterioso que más me excita y que reside entre las orejas. Hoy lo devoción genital hace de ellas motivos artísticos, gastronómicos, de culto y reflexión.

Detallistas como somos buscamos su parangón léxico mismo que hemos simplificado en vocales mayormente O / A, tal vez deba decir A / O para no albergar suspicacias. La propuesta contemporánea propone como mediadora a la e, tridente y alternativa. El razonamiento de la propuesta descansa en neurolenguaje. La evidencia de que el lenguaje moldea patrones perceptivos, es innegable, las palabras condicionan modos de pensar, y aunque descreo de la efectividad de que cambiar una partícula léxica nos ayude a mejorar las injusticias y la inequidad de género, respeto la iniciativa como una búsqueda, como parte de una exploración por diversas vías. Sin embargo, temo que una práctica epidérmica puede suscitar el enmascaramiento de problemas más graves y abrevar en hipocresía. O como hemos visto, recrudecer la violencia. Y es que escindidos en al menos dos bandos, hay quienes tildan de ridícula la práctica y quienes la suponen esencial y rígida. Todo lo excesivamente rígido nos ha traído problemas. A mí me resulta difícil a mis 53 años hablar así, me siento como impostora, negando un habla que me aterriza a coordenadas temporales, me cuesta además, gran trabajo por tantos años de costumbre, cambiar es difícil y francamente prefiero encauzar mi energía a cambios que supongo más trascendentes.

Sin embargo, entiendo a quienes quieran intentar la alternativa. Repruebo a los radicales de ambos bandos que censuran categóricos a quienes no optan como ellos. Ahora, si hay alguien que siente que la identidad se le va en una vocal, pues que haga la petición y que se le respete. Eso me recuerda a mi hermana Paty que a veces le gustaba ser llamada Patricia y otras Paty, según el humor, pero al menos tenía la cortesía de la advertencia.

En mi relación cotidiana, el problema patriarcal se manifiesta de modos menos fálico léxico y más de desatención y menosprecio. El poder es adictivo y cederlo debe tener una motivación poderosa. Cuando esa motivación surge del miedo la conducta se vuelve escenificación, es necesario comprender y mirar el beneficio común y a largo plazo, lamentablemente eso nos cuesta mucho, construir alternativas se desboca por el mismo camino que repele, así que, si bien es odiosa la falocracia, tampoco me decanto por la vulvomanía. Escapar a la metonimia o a la metáfora no es simple. Como el tema es largo y placentero aquí lo dejo para emprender una segunda embestida la próxima semana.

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