Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

El otro fanatismo

Hay quienes viven de criticar el fanatismo de izquierda y sus impulsos son múltiples: lograr una identidad propia, corresponder a un incentivo económico o practicar la militancia sin más, entre otros.


Creo que los cuestionamientos de aquellos críticos -donde también se hallan simpatizantes interesados y genuinos del oficialismo- tienen buen resguardo público porque exhibir al fanatismo es en sí mismo una virtud intelectual. Sin embargo, muchos de esos cuestionamientos provienen también de la obsesión ideológica, la descalificación y a veces incluso, el menosprecio de la democracia misma (hay quienes promueven el gobierno de los más capaces y limitar el voto a quienes no tengan credenciales académicas).


Son los fanáticos de la derecha que solo miran el exceso en el ojo ajeno y descuidan el propio, también emplean más adjetivos que ideas, difunden información falsa o denuestan a los enemigos de sus causas y esconden sus propias definiciones; la ventaja es que cuando lo hacen exhiben la propia precariedad intelectual, ética y moral: señalan el dogmatismo feminista, por ejemplo, pero muestran también su patina patriarcal, entre otros desplantes, al no reconocer que en México las mujeres son parte de los grupos vulnerables que están sujetas a la violencia, a la inequidad laboral y al menosprecio; esas legiones fanáticas de la derecha disienten de la despenalización del aborto, la píldora del día después y, en general, de la ampliación de los derechos de las mujeres, a veces incluso de los derechos humanos, entre estos no coinciden con uno elemental, la eutanasia.


Esas legiones de fanáticos de la derecha que a veces ni ese asidero ideológico tienen, están cómodas al criticar las muchas torpezas y distorsiones políticas de su polo opuesto, pero su silencio frente a la crisis institucional los pinta de cuerpo entero. No reconocen que la óptica antisistema se abre paso frente a la corrupción y la debilidad institucional que han dejado los distintos gobiernos en México, además de la ineficaz y sangrienta guerra contra el narcotráfico.


Estas legiones de la derecha o simples promotores de la óptica oficial también han desenterrado el hacha de guerra y en los próximos meses los veremos protagonizar con mayor ímpetu la promoción de sus propios excesos, sin presentar alternativas, por eso seguirán calladas por ejemplo frente a la despenalización de las drogas o su legalización. Tendremos, tenemos ya, en varios reductos del intercambio público, un México partido pero como nuestro país es diverso y mucho más complejo que esas caricaturas, creo que también puede abrirse paso un intercambio inteligente, enterado y respetuoso del otro. Al menos esa es mi expectativa personal.

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