Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

El origen del mundo

”¡Oh, mi América, mi dulce tierra hallada!”, escribe Mateo Renaldo Colón no es una prorrumpió presuntuosa, sino el lamento proyectado sobre la sombra de su tocayo genovés, Cristóbal. Un mismo apellido y acaso un mismo destino. La América de Mateo es menos remota e infinitamente más breve que la de Cristóbal;
de hecho no excede, en mucho, el tamaño de la cabeza de un clavo.
Sin embargo debió permanecer silenciada hasta la muerte de su descubridor.
Federico Andahazi

Vulva, vagina, pupa, cola, panocha (odio esa palabra) Courbet pinta unas piernas que como camino conducen al túnel del origen; hay quienes pasamos por ahí, hay quienes no; la cesárea hace posible evitar el aprieto. Es el monte de Venus, la coordenada original del encuentro erótico, la residencia del clítoris como epicentro sensible que detona la erupción; es también el sitio de encuentro que suscita la gestación. Courbet le rinde tributo osado con una obra que se posiciona en los linderos entre el arte y la pornografía. Courbet es un realista, su mapa del origen se percibe tibio, fragante, el origen sin rostro puede ser la entrada o salida, una fantasía para los sentidos, un camino para exploradores. Tal vez en su realismo cubre lo que Borges imaginó en lo fantástico; tal vez por acción de la metáfora, Courbet sí logra plasmar el origen del mundo mientras Borges en su fantástica apunta a la imposibilidad de hacer el mapa realista de Inglaterra.

Esa mañana de verano me desperté entusiasmada, ya estaba enamorada y eso me permitía la hipersensibilidad que pienso, a la postre, me ayudó a sobrevivir. Tenía que ir a dar una conferencia a Cinépolis sobre los mundos Borgeanos, un evento de promoción de la carrera de comunicación para el Tec de Monterrey, universidad para la que trabajo. Al llegar al recinto había tres almas, algo que poco importa cuando se está enamorado, cuando se vive en el filo de la clandestinidad, cuando se ama a las historias y a las personas. En medio de la presentación me llaman de emergencia, mi madre llevaba tres días con un dolor de cabeza insoportable, despertó vomitando, fuera de sí, quizás tantos medicamentos para paliar el dolor la drogaron, nadie sabe pero hay que llevarla al hospital. De Toluca a la Ciudad de México, me sentía perdida, cómo llegar ahí cuando se pierde la ruta, el miedo secuestra la memoria. Un paso detrás del otro, así que me excuso, salgo de la sala de cine a buscar mi coche e ir directamente al hospital.

El origen del mundo (L’Origine du monde), pintura de Gustave Courbet.

El aleph del placer femenino es un pequeño punto que se aloja entre la comisura de las piernas de una mujer, una esfera epidérmica que anuda múltiples terminales nerviosas que, al ser acariciado con prestancia y constancia, desata sismos de placer, hasta 50 segundos de éxtasis que, además, pueden repetirse tantas veces como la propietaria de esa región sensible lo procure.

El nombre de esta montaña en el centro de la región vaginal se llama clítoris, una palabra que estalla sonoramente como una carcajada. El término procede del griego antiguo (kleitorís), el primer médico antiguo que lo describió fue Rufo de Éfeso (siglos I-II d. C.) que señala que en griego existía un verbo derivado, (kleitoriázō), que significaba “acariciar(se) el clítoris para producir placer”. Otros expertos de la lengua (un huésped muy bien recibido en este sitio, pero no hablamos de una parte anatómica) afirman que la palabra deriva del griego ‘Kleis’ que significa llave. El doctor Francesco Plazzoni en 1631 describió al clítoris como el bombón del amor. En la novela El anatomista, el escritor argentino Federico Andahazi narra la historia hiperbolizada de este otro descubridor de tierras desconocidas, Mateo Renaldo Colón, contemporáneo de Cristóbal Colón: dos regiones fantásticas que ampliaron nuestro mundo. Leía a Andahazi y era inoportuno y vulgar pensar en estas cosas mientras conducía a ver qué sucedía con mi madre, pero la mente tiene su propia agenda, busca distraerte del miedo.

A mi madre siempre le gustaron los libros y las historias, le apasionaba contarnos sus aventuras de infancia y adolescencia, le gustaba pervertir los cuentos de hadas para hacernos, a mis hermanos y a mí, protagonistas. Le gustaba intervenir esos “hace muchos años, en una comarca lejana” con detalles de nuestros vicios presentes, las golosinas favoritas las llevaba Caperucita a la abuela: Gansitos y Roles de canela, Boings de guayaba o Tin larines; el castillo de Cenicienta estaba a orillas del Desierto de los Leones y el “vivieron felices para siempre” contenía algún viaje o visita cercana donde nos encontraríamos en una cita los “reales” con los “ficticios”. Hacía dos tardes que nos habíamos encontrado en casa de la abuela, la mía, no la de Caperucita a comer y tomar tequilas. Mi mamá vivía en la gran casa que dejaron mis abuelos, desde esa gran casa se dedicaba a los bienes raíces. Era activa, atemporal tenía 66 años y aunque había desahuciado su vida amorosa hacía muchos años, tras una larga relación de sucesivas noches de copas, que ella hubiera querido distinta. Sin embargo su vida social era mucho más intensa que la mía, siempre lo fue. Era increíble que ella estuviera enferma.

La noche anterior al percance, soñé que había una rata en mi cocina. Desde que éramos niños en la casa de Coyoacán aparecieron las ratas en la covacha donde guardábamos los adornos de navidad. Creo que fue ese mismo año que mi papá me llevó a conocer a su amante y supe sin saber, que eso estaba mal, que me hacía sentir lo mismo que las ratas de la covacha. Luego, en un a casa posterior en San Jerónimo, debido a las construcciones de la zona, la casa se plagó de roedores.

Las ratas se metieron en mis pesadillas, desde el día en que vi a mi mamá hincarse ante mi padre quien, erguido, la miraba con desprecio. Ella le rogaba que no se fuera y él, furioso, la hizo a un lado. A partir de entonces las escenas de violencia se repitieron, y las ratas son indicio de que la tragedia se quitará la máscara

Mis padres se separaron después de años de infidelidades constantes y de jugadas de póker evasivas. Mi madre se mudó a diversas casas hasta que acabó en casa de mis abuelos; sentía vergüenza de vivir ahí, usurpando el patrimonio de sus hermanos. Se ilusionó mucho con un negocio que le dejaría lo suficiente para comprarse un departamento, lamentablemente, el negocio no se logró. Ante su decepción se fue a una comida y bebió en exceso, creo que estuvo, además, ventilando aspectos de la vida de mi hermano con todos los asistentes (algo que hacía a menudo y que molestaba sobre manera a mi hermano). Al día siguiente comenzó un terrible dolor de cabeza que le duró como 4 días hasta que tuvo vómitos, se desmayo y la llevaron al hospital. Padecía un aneurisma congénito que por fin explotó, imagino la capa de Caperucita, las zapatillas de cristal, los gansitos y golosinas, los Había una vez y los finales felices volando en erupción, las tramas se confundieron y su escenario mental se convirtió en una perpetua historia de horror. Tenían que operarla. Afortunadamente para todos mi hermano le había comprado un seguro de gastos médicos; él se hizo cargo de los gastos. En ese tiempo ya andaba con mi actual pareja, comenzamos una historia idílica por mail, nos mostrábamos impúdicos las entrañas de nuestra infancia e historia adolescente, mientras, nuestros matrimonios agonizaban.

Mi mamá quedó muy mal tras la operación, dañada de la parte frontal del cerebro, no se recuperaría nunca. Recuerdo que mis hermanos se enojaron mucho conmigo porque, una noche los médicos la habían desahuciado; al otro día nos dijeron que sobreviviría pero en condiciones precarias, siempre supe que esa era la verdadera tragedia, que mi mamá había muerto. Desde entonces me apasioné por la mente como coordenada de la historia que somos, como el fantasma que desaparece atravesando la pared, dejando el rastro de mil objetos que perdieron coherencia, libres flotando en turbulencia.

Podemos pensar que en la intimidad de una cueva, una mujer solitaria se toca, mete sus dedos entre las piernas, un picor, la curiosidad, una motivación de higiene por limpiar rincones escondidos, la llevan a despertar sensaciones inéditas, aceleran su corazón y las caricias humedecen suavemente esos labios inferiores, la sonrisa vertical a la que aluden los poetas, se deleita y se hace agua. Pero ella, y muchas más, no salieron a gritar ¡eureka! Existen epifanías que es mejor guardar como secreto. Siempre me he preguntado si al morir te dejas ir como en un orgasmo, experimentando la liberación de la pequeña muerte; o es un dolor terrible lo que hace que la historia entera que forjaste se borre ahogada en la fuente que los griegos supusieron. En agua venimos ¿regresaremos a ella? La vulva es una fruta fragante, es el túnel que debemos atravesar en condiciones normales para ver la luz. ¿Cuál es el canal que borra todo recuerdo?

El temblor y lentitud de los pacientes de Parkinson se derivan de la falta de dopamina, sin embargo, la dopamina es la sustancia de la lujuria y el enamoramiento, la dopamina tiene que trabajar en equilibrio con otros neurotransmisores como la serotonina, para amortigua el placer desbordado. La afirmación de que es el clítoris la fuente de placer femenino es falsa. El cerebro es capaz de procurar un orgasmo en una persona parapléjica. La mente es motor de nuestra historia, con mi madre moría una parte de mí que me acompaña en un rostro que comenzamos a compartir pero no queda rastro de todas las historias que se llevó consigo, están pero no igual, se quedaron rotas, caóticas, acechantes como las ratas mientras yo me enamoraba de nuevo.

Vulva, vagina, pupa, cola, panocha (odio esa palabra) Courbet la pinta, es un órgano oculto, que vivió mucho tiempo en el anonimato, el último tabú, el portal de mil historias, el sensor de mil placeres, fragante fantasía que detona mil deseos. El mapa del origen biológico y simbólico que según me cuenta mi hija Mariana se ha vuelto golosina popular en las calles de Madrid donde se venden gofres a partir de su forma, cubierta de chocolate en La Coñería justo enfrente de La Pollería donde penes de harina compiten por el sabroso mordisco de los transeúntes.

Cada tarde la calle Ravina se llena de decenas de personas que esperan pacientes para… ¡Comerse una polla o una coña! No, no se trata de una broma. La pollería y la coñería han abierto sus puertas dispuesta a complacer las fantasías más dulces de cuantos curiosos se acerquen por la zona… Pollofres vs Coñofres promete ser una de las rivalidades que más dará que hablar durante los próximos meses. ¿Quién ganará?

Una golosina, un mapa, un sensor de placer, una compuerta de vida, una seña de identidad una parte de la anatomía que permaneció censurada y que en muchas regiones se mutila censurada, un par de labios que tienen su lenguaje y en el centro un pivote de largas ramificaciones nerviosas como árbol legendario, un sismo que se conecta con la mente donde se bordan sueños, se cincelan duelos y por donde pasa el húmedo río de la memoria.

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