Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

El INE cumplió en la consulta

Con motivo de la reciente consulta sobre si se debía o no enjuiciar a los ex presidentes de la República, se han publicado en los medios de comunicación pública y en los privados, tales como las redes sociales, las más diversas lecturas sobre su resultado, así como sus efectos y posibles consecuencias. Una de ellas va en el sentido de que el que finalmente sale perdiendo es el INE, porque es al que se va a culpar del fracaso o de la baja participación, como se le quiera llamar. Se van a ir  con todo contra ese Instituto, se dice, con todos los instrumentos que estén al alcance de sus acérrimos adversarios políticos, para tratar de borrarlo, modificarlo o, por lo menos, contra sus consejeros, entre  otras posibles cosas que traigan entre manos. Es particularmente sobre este punto, en el que quiero externar mi opinión.

FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

El INE no pierde. Hizo su trabajo de acuerdo a los lineamientos y acuerdos a que llegaron los actores políticos y judiciales, sin tomarlo en consideración para los mismos y con los pocos recursos con que contó, propios de sus ahorros, porque no le suministraron nada para realizar la consulta. Eso sí, le sumó a esta tarea su conocimiento, experiencia, profesionalismo, imparcialidad y rectitud en la realización de procesos votacionales.

Por eso el INE no pierde. Gana porque hizo su trabajo y cumplió. Lo que hay que hacer a toda costa, es contrarrestar la campaña de mala imagen que le generen. Y aquí nuevamente debe jugar un papel protagónico la sociedad civil acompañada de los medios de comunicación que realmente estén comprometidos con la democracia y con el país, porque los partidos políticos quien sabe si lo hagan abiertamente o hasta donde, pues va a depender de sus interés, compromisos y conveniencias.

Nadie está obligado a lo imposible, reza una sentencia jurídica, como en este caso, para obligar a la gente a salir a votar. Ese era más bien, el trabajo de los promotores de la consulta, tal y como lo hacen esos mismos actores políticos en las campañas electorales de ir a promover y buscar el voto ciudadano. ¿O a poco todo lo tenía que hacer solito el INE, incluyendo también esto último de ir a “sacar” ciudadanos a votar?

Y eso considero que le queda claro a la gente y que no va a permitir que se trastoque a la institución garante de la democracia, porque sería darse un balazo en el pie, para lo cual deben responder completamente, consientes y responsablemente, los nuevos legisladores y cumplir fielmente con el mandato que les dio la ciudadanía, y ese no fue el atentar contra las instituciones democráticas. De lo contrario se convertirán en desleales a los ciudadanos, a las instituciones, a la democracia y al país, por lo que los ciudadanos y el tiempo los juzgaría, pasando como tales al libro de la historia.

Salvo el discurso invariablemente descalificador y truculento de cuando se pierde, anidado en mentalidades radicalizadas y antidemocráticas, de quienes siempre quieren ver a la democracia acorde con su conveniencia, pero no de honesto reconocimiento de cuando no les favorece, considero que las mayorías están con el INE, y lo defenderán.

Los que perdieron fueron el Poderes Ejecutivo y el partido político en el poder que también lo promovió. Asimismo pierde el Poder Judicial, y este último por “andar metiendo la cuchara” en lo que en estricto sentido no le correspondía, como hacer un texto, y además amorfo, que no le pedían para la consulta. “Pero qué necesidad”, dice Juan Gabriel en su conocida canción. Y quizá lo hizo en halago, quien sabe si porque ya se venía fraguando una ampliación de mandato en la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pero además, cómo se iba a decir que no procedía constitucionalmente la consulta, si en los acuerdos políticos para ocupar cargos tampoco es ajeno el Poder Judicial, como lo puede ser la Presidencia de la Corte Suprema.

Y no es que no les importe a los ciudadanos corregir las conductas tendientes a castigar, sancionar y barrer la corrupción. Claro que le importa, y mucho. Tan es así, que varios candidatos de las dos últimas elecciones fincaron su campaña y ganaron, cobijados y envueltos casi únicamente en la túnica del combate a la corrupción y ofrecer inmaculez en su actuación como servidores públicos.

Lo que sucedió es que a los ciudadanos no les interesa y menos les importa cuando el tema se politiza, como sucedió en esta consulta que estuvo plagada de calificativos y demasiado manoseada por el giro y tinte político propagandístico que se le dio. Y eso ya no le gusta ni le importa al ciudadano pensante, con criterio y responsable. Por eso hubo indiferencia. Y esto es consecuencia del creciente desprestigio que de la política han hecho sus actores, por el desaseo que se ha realizado de la misma y por los cuestionables comportamientos que han tenido en el ejercicio de su función.

Por eso lo raquítico de la participación ciudadana. Los resultados asì lo demuestran: La lista nominal para la consulta fue de 93´671,697 ciudadanos en condiciones de votar, de los cuales se dice que votaron 6´663,208; esto es, el 7.11 del padrón. Por el sí, 6´511,385, lo cual equivales al 97.72; por el no, 102,945, es decir, el 1.54 y 48,878, esto es, el 0.73 de votos nulos.

Y es que el caparazón de la consulta era el castigo o no a la corrupción; pero además solamente a la del pasado; como quien dice “hágase justicia en los bueyes de mi compadre”; no en los míos. Porque el verdadero fondo escondido en ese corteza, como todos lo saben, era eminentemente un móvil político propagandístico, y por ello falló, porque a los ciudadanos de a pie y de a de veras, no les gusta que los engañen, y porque también los ciudadanos ya están cansados de estos juegos. Con más razón cuando las consultas políticas están ideologizadas.

Se reanudó la sesión extraordinaria en el INE en la cual se ratificó el conteo de la Consulta Popular 2021, la cual fue encabezada por Lorenzo Cordova Vianello. FOTO: INE/CUARTOSCURO.COM

El instrumento de la consulta no debe utilizarse para estos propósitos o juegos políticos porque van a terminar por desprestigiar totalmente a este mecanismo de la democracia. La consulta tiene otras razones, propósitos, objetos y fines, no juegos políticos de lavamiento de manos y linchamientos públicos a la usanza Poncio Pilatos y Robespier.

Si los malos ciudadanos que no cumplen con sus deberes legales ni cívicos, entiéndase los abstencionistas,  no salen a votar en las elecciones, pues tan solo habría que ver los altos porcentajes de abstención que han llegado a ser de casi la mitad o más de la lista nominal, menos lo van a hacer en este tipo de consultas, aunque a muchos los encaminen y encaucen, los recompensen y de paso se cometan conductas reprobables antidemocráticas y punibles con el rellenado de urnas receptoras de los votos, en la que hasta los muertos votaron, lo cual deslegitiman, demeritan, se pierde la confianza, y de paso manchan la credibilidad sobre las mismas. Si a este tipo de ciudadanos, aún con ese tipo de dadivas antiéticas y otras ilegales ha sido imposible “sacarlos” a votar, menos lo van a hacer los verdaderos ciudadanos conscientes de su calidad como tal, pensantes y responsables.

Por otro lado, llama la atención que se diga que se va a rehacer al INE y hasta con el riesgo que pretenda retomar nuevamente el sistema electoral el Poder Ejecutivo. Para hacer modificaciones al INE, así como al Tribunal Electoral Federal, no está totalmente en manos del Poder Ejecutivo, aún en este momento con el acompañamiento que tiene en el Legislativo. Se requiere de una modificación constitucional, ya que la Constitución fue la que les dio vida.

Si bien es cierto que al día de hoy el partido político y sus asociados en el gobierno podrían lograr la mayoría calificada que se requiere para darle para adelante al constituirse en una fracción del cuerpo que conforma el Poder Constituyente Permanente; esto es el Congreso de la Unión, lo cierto es que a la actual Legislatura ya no le dan los tiempos, pues prácticamente está en los últimos estertores, para darle paso a la nueva legislatura.

Ahora bien, por lo que hace a la nueva que en todo caso sería la que pudiera recibir la iniciativa, ya sea que la presente el Ejecutivo o que se genere al interior del Poder Legislativo por el partido en el poder y quizá acompañado por sus partidos sucursales, no van a tener esa mayoría calificada que se necesita para tal fin, por lo que en los nuevos legisladores de la Cámara de Diputados entrantes y en los que ya están en la Cámara de Senadores, recaerá la delicada responsabilidad de mantener incólume a estas dos instituciones garantes de la democracia. Deberán dar pruebas fehacientes de su lealtad a los ciudadanos que los eligieron y al país.

Las consultas cuestan, y no cualquier cantidad, y esos recursos económicos le hacen falta a la gente y a los pueblos en servicios para su mejor equipamiento y bienestar. No todo debe ser pura política. De pura política no se alimenta ni vive la gente, ni tampoco tiene bienestar, y menos cuando éstas son insustanciales  porque solo sirven para engrosar el ego o los intereses de los políticos. No caigamos en la trampa de mucha política y menor bienestar y calidad de vida, sobre todo cuando los recursos del país son magros y que la austeridad impone otras prioridades mucho más importantes por satisfacer y que, por lo mismo, estamos más obligados a optimizarlos al máximo.

Esos recursos mejor se debería utilizar en infraestructura y servicios, que serían más provechosos y que aplaudiría la gente, porque le dan mejor calidad de vida; y solo hacer las consultas estrictamente necesarias y serias sobre temas que en verdad lo ameriten y sean del interés general probado de la gente para su mejoría, que es lo que realmente interesa a la población. Debemos pensar primero en el país; y esto exige que los grupos y las tendencias superen los intereses particulares y reconozcan la primacía del bien de todos sobre cualquier otro bien de clase, facción o de sector. Por eso, es necesario atenuar el tono de sus ideologías y posiciones políticas, para que en los sanos consensos vivir en la armonía que conlleva el tránsito de la normalidad política que requiere el país para el bienestar de su población entera.

 

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