Cinque Terre

Martin F. Mendoza

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Periodista. Corresponsal de etcétera en Estados Unidos

El gobierno mexicano debe asumir lo que significa Trump

Una cosa es querer creer en el gobierno mexicano y, teniendo razones para ello, hacerlo, y otra cosa es que se nos pidan actos de fe en relación a determinado asunto. En este caso la relación con Estados Unidos. Fuimos pocos los que vimos con buenos ojos la visita de Trump a México el año pasado, acaso manejada torpemente, pero con un fundamento, en mi opinión, válido todavía entonces. A ese tema “ya le llovió” y no precisamente para bien.


El cambio de paradigma con Trump no ha sido percibido por el gobierno mexicano, y este no se relaciona con que su contraparte estadounidense sea ahora más dura o más blanda, más liberal o menos liberal en cuanto a comercio y economía, más o menos proteccionista, etc. El cinismo extremo, el oportunismo basado en primitivos pero más que efectivos instintos políticos, las claras tendencias fascistoides, así como una buena dosis de sinsentido, nos guste admitirlo o no, es lo que se tiene enfrente. Ante ello todo el repertorio de formas políticas y diplomáticas no necesariamente funcionara siempre. ¡Caray, Trump no es un Clinton o un Bush!


Desde principios de la semana me preguntaba a mi mismo ¿a qué va a Washington ahora esa comisión de “alto nivel”? Esto va resultando peor de lo que lo esperábamos.



El juego se le está haciendo en grande al demente Presidente estadounidense. Lo que no comprendo es, si el apurado por su popularidad y por mostrarse en pleno como el “hombre fuerte” de Washington es Trump, ¿por qué cooperar con él de esa forma tan obsequiosa?


Si la presión fue tan fuerte como para “empezar pláticas ahora mismo” sobre lo que viene en comercio, ¿no pudo Luis Videgaray al menos asegurarse de que el mismo día en que él se encontrara en la Casa Blanca, no estuviera Trump “troleando” a México? No nos confundamos, el muro en si no es el problema, es más, no creo que nunca se termine ni una fracción significativa de este. Sin embargo, el anuncio respecto del muro justo ese día no es solo un símbolo de mala vecindad y despotismo, también lo tenemos que asociar, porque en los hechos se asoció, con otro tipo de medidas migratorias vejatorias de muchísimos mexicanos indocumentados en Estados Unidos. La realidad es que eso tiene a bastantes mexicanos que sesudamente solo piensan “en los mercados” sin el menor cuidado, pero esa no puede ser la postura del gobierno mexicano. Trump no solo anuncio un muro, anuncio otro tipo de medidas de endurecimiento y erosión de lo poco que se había ganado en inmigración durante el último trecho del gobierno de Obama. Dejoó además la puerta bien abierta para más.


Esto ya se esperaba, sí. ¿Pero tener que hacerlo justo el día que los ministros mexicanos estaban en Washington? ¿Entonces qué, en política si hay casualidades?


Es imperdonable que los mexicanos se hayan dejado “chamaquear” así.


Luego la cosa empeora. De la forma más timorata posible el Presidente sale a decir en pocas palabras que ante lo ocurrido “la está pensando”. En lugar de corregir, salvar cara, y cancelar su viaje a Washington en caliente, solo le telegrafía a Trump la posibilidad de ello. Ni tardo ni perezoso Trump le sale adelante y se adueña del amago a base de “twitazos”. Le da el descontón a México diciendo: “Si México no quiere pagar por el muro, entonces que no habrá reunión”.


Trump es un demente pero es un animal con instintos políticos que huele la sangre a millas de distancia. Automáticamente pone a Peña y a México en modo de crisis. En otras palabras, se le facilitó a Trump a más no poder su puesta en escena. El ridículo es mayor y para que su servidor se rasgue las vestiduras nacionalistas, tienen que en verdad pasar muchas cosas. Esta visita a Washington y lo que ha pasado las últimas 24 horas es tan torpe o más que los errores cometidos cuando Trump visitó a Peña. Está visto que si Videgaray regresó solo por su “estrecha relación” con el primer círculo de Trump, entonces ya no tiene nada que ofrecer. No hay tal. Solo me pregunto si al bajar del avión en su retorno, traerá, la renuncia bajo el brazo. Es un cartucho más que quemado y debe irse, su jefe tendría que lidiar con la renovación de una crisis de la que ya difícilmente saldrá, sin la compañía de su amigo.


¿Peña "cancela" la visita? ¡Pero si ya la canceló Trump!

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