Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

El Ensayo de Buñuel y la Muestra de la Cineteca

La cantaleta de quienes hemos sido cinéfilos desde antes de la multiplicación de los festivales, y de funciones y sedes privadas de la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca, es dar carácter casi heroico a lo que significaba alcanzar boletos, perseguir películas por la Ciudad de México y ver completa cada Muestra. Era el gran suceso cinematográfico de la ciudad y tener el “abono” correspondiente un distintivo. En la Muestra que se desarrolla esta primavera de 2022, como se ha hecho costumbre, se proyecta una cinta que podría describirse como clásica, en esta ocasión Ensayo de un crimen (1955), de Luis Buñuel. ¿Ha perdido trascendencia pública la Muestra? ¿Es obsoleta la exhibición de filmes que podrían verse en dispositivos digitales?

La actriz Miroslava Stern en la película Ensayo de un crimen. Cinefotografía de Agustín Jiménez.

Un lema publicitario de la Cineteca Nacional es que se trata de algo más que un cine. Tanto legal como prácticamente la Cineteca cumple varias tareas —entre ellas educativas y de preservación— y tiene a la Muestra como uno de sus platillos fuertes. No hay que perder de vista, sin embargo, que la mayoría absoluta de quienes producen los gigantescos números de asistencia anual son personas que sí usan la Cineteca exclusivamente como cine ocasional. En este marco, festivales de exhibición como la Muestra pueden realizar también una labor pedagógica: promover películas que se conservan como punto de referencia, no sólo para dar la oportunidad de verlas en pantalla grande, sino de llamar la atención sobre sus autores. Esta función puede asumirse al no sucumbir ante la presión de la novedad.

La célebre fotografía de Stern, su maniquí y Buñuel durante el rodaje de Ensayo de un crimen.

Por la proliferación de festivales y el carácter radical de algunos de ellos —como FICUNAM— podría suponerse que la centralidad de la Muestra se ha visto desplazada. Considero que no es así por varias razones. La Muestra se realiza dos veces cada año. La participación en la Muestra y subsecuente contratación de cintas es elemento clave de la viabilidad de las empresas distribuidoras de cine de nicho en México. Mientras algunos filmes sólo se ven en festivales, en cambio, es de esperarse que los de la Muestra —aunque lleguen a demorarse meses— se volverán a proyectar, pues apelan a un público más amplio (si bien reducido en comparación con los éxitos de taquilla de Cinépolis y Cinemex). Con 14 cintas en cada edición de la Muestra, esto representa una selección de 28 filmes por año, por lo que probablemente la cartelera de cada mes en la Cineteca cuenta con la programación de dos películas de la Muestra. Otra razón es que, como demuestra la repetición de su cartelera por cines independientes —y que casi todos los festivales la buscan como sede—, la Cineteca Nacional sigue moldeando la exhibición de cine, si no de arte, de acceso menos común que el de cadenas. Además, por supuesto, siempre hay nuevas personas para quienes un cineasta como Buñuel será un descubrimiento.

El director de cine Luis Buñuel perteneció al grupo surrealista y radicó en México

 

El actor Ernesto Alonso protagoniza la película de Luis Buñuel. Cinefotografía de Agustín Jiménez

Las películas mexicanas de Buñuel están llenas de curiosidades. De Ensayo de un crimen podrían decirse simplezas que, en el mejor de los casos, identifiquen su estilo, como al señalar el fetichismo hacia tobillos y pantorrillas femeninas y, de manera notoria, por la presencia de un maniquí (copia fiel del principal personaje femenino, la actriz Miroslava Stern). Saliendo de reiteraciones, pueden hacerse notar cuando menos dos peculiaridades. Por una parte, los diálogos —uno de los defectos de la cinta— adolecen de un palpable acartonamiento. Habrá quienes “defiendan” el habla de los personajes adjudicando su carácter al retrato, e incluso crítica, de la clase social a la que pertenece Archibaldo de la Cruz —interpretado por Ernesto Alonso—, que pondría en evidencia la falsedad de las relaciones en su medio. Esto también podría trabajar en contraste con la vivacidad de Lavinia —Stern—; sin embargo, resulta difícil distinguir si los diálogos, como dice el cliché, han envejecido mal o si, de hecho, el paso del tiempo va logrando que se revele el carácter que Buñuel quiso imprimir a su lenguaje, convirtiéndolo en plenamente risible, en su patente artificialidad.

La Muestra Internacional de la Cineteca se lleva a cabo en diversas sedes de la Ciudad de México

 

La película está basada en la novela Ensayo de un crimen del dramaturgo Rodolfo Usigli.

Por otra parte, sin necesidad de caer en argumentos como los del antropólogo Bonfil Batalla, es claro que la historia, a pesar de su introducción supuestamente histórica, refleja un México imaginario. Reitero: no hace falta suponer segmentos completos de la sociedad mexicana como insustanciales o despreciables. El de Ensayo de un crimen no es un México perdido sino un México inexistente y más aún: una ciudad sin dificultades de interpretación, ni identificadores, para así, por artificio del director —no por algún efecto social ineludible—, apelar a públicos internacionales. No en vano el filme de Buñuel se estrenó todavía en el tiempo que la distorsionante cultura oficial nombraría época de oro del cine mexicano (en buena medida un periodo de alto consumo de tal producto cultural en el país y el extranjero). En Ensayo de un crimen el México irreal que Buñuel inventó cuenta con investigadores policiacos efectivos, en un ambiente en que parece haber estado de derecho, una situación que no existió en el México priísta y del que no hay indicios de construcción en el México morenista, en que la ley es calificada como “cuento”. La cinta de Buñuel, con todo y rebajamiento industrial, cumple desde su argumento bien armado hasta su regodeo en el morbo.

Que el radical Luis Buñuel haya hecho concesiones hacia públicos potenciales, o por conseguir financiamiento, marca la importancia de los públicos, quienes consumen e interpretan las obras cinematográficas. Que la Muestra —aunque no llame la atención como antes— siga desempeñando un papel importante en la exhibición de cine que busca la calidad es evidencia de una práctica que ha servido y seguirá siendo de utilidad al conjunto de la comunidad cinéfila. Que la mayoría de los filmes —viejos o nuevos—, en cualquier ciclo o festival, no se acerque a explorar las potencialidades del cine, no es sorprendente: hay que ver 100 películas para encontrar una que lo haga.

La Muestra sigue en la Cineteca hasta el lunes 25 de abril, continuando después en otras sedes de la Ciudad de México hasta el 8 de mayo y posteriormente en gira por el país.

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