Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

El discurso de los pacifistas

Todas las guerras son terribles y siempre es la población civil la que sufre la mayor parte. Esta se ve obligada a moverse en el territorio, a dejar el país en calidad de refugiados y aporta el mayor número de los muertos.

En la década de los ochenta participé en una, en los años del enfrentamiento entre la guerrilla salvadoreña y el Ejército de ese país. En los diez años de la guerra murieron 100 mil civiles. La guerra es límite y no virtud.

La invasión de Rusia a Ucrania, que desata un conflicto con repercusiones mundiales, ha provocado todo tipo de declaraciones y de acciones en respuesta de un hecho criminal.

9 de marzo 2021. MAKSIM LEVIN/REUTERS

Hay un grupo de mandatarios de diversos países que pretenden evadirse conflicto envueltos en un discurso de pacifistas. La escritora española Susana Fortes reflexiona sobre quienes, en su país asumen esa posición. (El País, 08.03.22)

Recuerda que por su papel en la II Guerra Mundial, el primer ministro británico Neville Chamberlain no pasó a la historia como pacifista, sino al final de cuentas como un colaborador inconsciente de Hitler.

Plantea que la invasión a Ucrania “no es una crisis localizada, sino la antesala de un pulso global entre el populismo expansionista y las libertades” como la Guerra Civil en España no fue un evento solo local “sino la primera batalla de un conflicto que enfrentaría al fascismo con las democracias”.

La escritora con relación a la posición de dirigentes de Podemos, partido que se dice de izquierda, afirma que le “sorprende a estas alturas la ingenuidad flower-power de algunas declaraciones. Y me parece preocupante que los argumentos coincidan curiosamente con los que mantiene Marine Le Pen”, la líder de la extrema derecha francesa.

9 de marzo 2021. Ciudadanos esperan su turno para cruzar el río Irpin, en la localidad del mismo nombre, una ciudad dormitorio muy próxima a la capital Kiev. FELIPE DANA / AP

Trae a la memoria “que ninguna guerra de ocupación se acaba ganando por muy poderoso que sea el ejército invasor. Desde nuestra guerra de independencia contra Napoleón hasta Vietnam, Irak o Afganistán”.

En este momento abandonar a Ucrania a su suerte y apoyarla solo con declaraciones es repetir “el mismo error que cometió Chamberlain en 1938 al entregar Checoslovaquia”.

En versión de la escritora, coincido con ella, “mientras Putin permanezca en el poder, cualquier concesión será interpretada como un signo de debilidad”.

En el mundo globalizado no puede evadir la responsabilidad de tomar postura ante los conflictos bélicos sea donde estos ocurran. Lo que está en juego en Ucrania no solo es la soberanía de ese país sino al proyecto expansionista del pequeño zar Vladimir Putin I.

Si ahora no se le pone un alto traerá enormes consecuencias, para la paz mundial. Cuando se dejó a Hitler tomar a Checoslovaquia, para evitar la guerra, lo que se hizo fue darle el aval, para que iniciara la II Guerra Mundial.

En la guerra que hoy tiene lugar en Ucrania, el discurso pacifista de algunos gobernantes que se dicen de izquierda, entre ellos el del presidente López Obrador, coincide con los que pronuncian los dirigentes de la extrema derecha europea.

Sin duda que el conflicto entre Rusia y Ucrania, que es histórico, tiene múltiples aristas. Es un tema complejo. Las guerras son situaciones extremas que exigen definiciones. No pronunciarse y no actuar de cara a lo que se juega termina siempre apoyando al invasor.

Ya ocurrió en la II Guerra Mundial y todos sabemos los costos brutales que tuvo. Decenas de millones de muertos. No se debe permitir que esa historia se repita. Hay que poner un alto al expansionismo de Putin. Refugiarse en el discurso pacifista lo favorece.

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