Cinque Terre

Mariano Yberry

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Periodista.

El desprecio al ignorante

Antier vi a un fotógrafo, en Instagram, lamentando la muerte de uno de sus escritores favoritos, Umberto Eco. Estaba "inconsolable" por la pérdida de su maestro. En segundos alguien le notificó que Eco murió desde febrero. Procedió a borrar la foto.


Personas como él son los que más se encabronan por lo de los XV de Rubí, porque a la gente le gusta ese tipo de espectáculos en vez de "ler livroz".


No defiendo el fenómeno que ocasionó el padre de la quinceañera. La verdad es que refleja mucho de nosotros y de lo que permitimos que suceda con la estupidez y la banalidad con la que a veces guiamos nuestra vida en redes sociales; abogamos por la risa fácil y simplona y no por el humor subversivo que nos libera y desafía nuestra mente (y no, no hablo de memes ni de chistes elevados o cultos o con referencias políticas).


Personas como el fotógrafo aquel son los que difunden imágenes de TV Notas arguyendo a que en Suiza no hay ese tipo de publicaciones y en cambio leen 50 libros a la semana antes de aprender a ir al baño. Puede ser que esto sea así. Lo desconozco (y quienes comparten estas imágenes también) pero me muestro escéptico a que no encontremos prensa rosa en el "primer mundo". Y aunque no exista, me parece que atacarnos entre nosotros o colocarnos en un pedestal de superioridad moral ante los demás es como esa alegoría de los cangrejos en la cubeta.


Tipos como el fotógrafo abundan en las redes, siempre abogando por la lectura y la cultura, por la información veraz y combativa, pero que no saben ni entienden nada de lo que sucede en el mundo, ni con aquellos que dicen son sus maestros.


Les juro que conozco a personas que maldisen (sic) la incultura (sic) de su presidente, se emputan porque Televisa te idiotiza, pero en más de seis años jamás los vi con un chingado libro entre las manos, aunque no dejan de decirte que te cultives más y más, nomás para volverte parte de la industria cultural a lo güey mientras gente como Poniatowska se frota las manos como el señor Burns.


Cada quién sabe qué hace con su tiempo libre. No creo que leer muchos libros te convierta en una mejor persona, ni siquiera creo que te haga una persona más crítica per se. Pero me resulta curiosa esa superioridad moral que algunas personas sienten por el hecho de ser lectores (eso dicen), como si se les dotara de un poder de clarividencia que los pone por arriba de los mortales, esos mortales que nos quieren rescatar de las garras del PRI a través de la humillación, la burla y el denuesto.


Despreciar lo que no coincide con nosotros nos aleja de la realidad. En este año sobran ejemplos de cómo tachar algo de bueno o malo no garantiza que las cosas pasen como creemos que pasarán. Hacer a un lado lo que no nos gusta es aislarnos en una burbuja que, claro, irremediablemente se rompe cuando gana Trump o el Brexit o el No en el plebiscito de las FARC. Nos la pasamos haciendo a un lado esas voces que al final se impusieron y finalmente quedamos sin entender bien lo que pasó.


Este año aprendimos que necesitamos acercarnos a la realidad y no separarnos de ella; necesitamos hablar con gente que apoya a Trump para saber sus razones, para entenderlas, no para cuestionarlas, ya que eso nos ayudará a comprender por qué sucedió lo que sucedió. Es necesario saber hacia qué sentido gira el mundo, la humanidad y por qué, no sólo enclaustrarnos en nuestra visión de cómo deben ser las cosas y si no pasan entonces desesperarnos, enfurecernos y volvernos a aislar de todo eso que nos hace dudar de las cosas, cual niño espantado por el coco.


Si creemos que con decirle pendejos y nacos a los que sí les interesó lo que pasó con Rubí es suficiente para cambiar las cosas, es perder la oportunidad de entender al otro y, por ende, se pierde la oportunidad de comprendernos como sociedad y entonces sí saber cuál es la ruta para llegar a dónde queremos.


Pero lo único que hacemos es denostar: pobre-pendejo-manipulado-inculto-ignorante-agachado que no le gusta “ler livroz” y por tu culpa la gasolina sube de precio y no me alcanzó el aguinaldo. Porque así tratamos la falta de educación de nuestra gente, con desprecio y rencor, de forma visceral.


Sólo espero que mañana el fotógrafo me diga cómo salir de mi onanismo mental para salvar al mundo. Todo depende de si ya superó el luto por su autor perdido.

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