Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

El despertar ciudadano

La elección de 2021 representa un enorme reto para la ciudadanía mexicana, en virtud de que deberá elegir entre —nos guste o no— dos opciones que para muchos no son las adecuadas. No obstante, el escenario está preparado y hay que acudir a las urnas, pues dejar la decisión en manos de otros equivale a regalar nuestro futuro y si en el presente estamos mal, pues imaginen el desenlace de esta historia.

¿Opciones?

Como electores debemos acudir a votar. Es cierto que no entusiasma nada una alianza entre partidos que han mostrado su incapacidad y de los cuales, en especial algunos de ellos, han sido prolíficos en cuanto a actos de corrupción.

También es cierto que en 2018 la ciudadanía se expresó en las casillas mediante un voto de rechazo a todo lo que estos partidos representan, pero también lo es que —como en conocido refrán— salió más caro el remedio que la enfermedad.

El votante mexicano ahora enfrenta una difícil disyuntiva, pues a muchos les cuesta trabajo asimilar la posibilidad de depositar su sufragio por una alianza que es parte de la misma clase política a la que ya se ha rechazado, pero la otra opción no es precisamente mejor, es más, ha mostrado en pocos años que puede superar en incompetencia y corrupción a los demás, sin asumir alguna responsabilidad, pero culpando a todos y al pasado.

Y es que antes, con los neoliberales y corruptos, había construcción de obras de infraestructura, medicinas, servicios públicos con deficiencias, pero que funcionaban; cierto temor a la opinión pública que los obligaba a dar marcha atrás en ciertas decisiones o presentar renuncias ante escándalos en medios —como el caso de Lady PROFECO—, además de que se criticaba abiertamente las tonterías de Peña Nieto, las decisiones de Calderón o los excesos de Fox.

Hoy, en cambio, desde que llegaron los “honestos” —según ellos mismos—, no hay infraestructura, ni medicinas, no se puede criticar la ineptitud de ningún miembro del gabinete, empezando por el presidente, porque de inmediato recibes acusaciones de conservador, defensor de privilegios o golpista; además de que siguen los problemas de inseguridad, la economía personal anda mal y se están presentando accidentes originados en la “austeridad”.

Pero, eso sí, sobran los que defienden el actual proyecto y tratan de justificar todas las decisiones del presidente bajo cualquier argumento, en especial los que están anclados en el pasado como reflejo de los resentimientos acumulados.

Que antes había corrupción, es cierto, pero se trataba de que se erradicara, no de ver a familiares del presidente con contratos con Pemex o miembros del gabinete con cuantiosas fortunas; que antes había inseguridad y violencia en las calles, con asesinatos a diario, es cierto, pero se trataba de detener esa ola de sangre, no dar abrazos y platicar con la familia de un capo de la droga.

Que antes había muchas instituciones deficientes, cierto, pero se trataba de limpiarlas y hacerlas eficientes, no de desaparecerlas y dejar sin servicio a millones de mexicanos; que antes había desempleo, cierto, pero se trataba de crear fuentes de trabajo, no dejar sin apoyo a las empresas y poner en la Secretaría de Economía a alguien sólo porque es amiga del presidente y que ha demostrado en el puesto que no tiene idea de cómo implementar un programa para rescatar la economía nacional.

Que antes había intentos de censura ante periodistas que revelaron irregularidades de los políticos, también es cierto, pero se trataba de garantizar la libertad de expresión, no de oír a diario quejas interminables por los que escriben algo que no agrada al presidente.

Así, la elección que se nos presenta a los mexicanos debe ser vista como una oportunidad de rectificar, de mandar un mensaje al presidente para que se dé cuenta que debe gobernar para todos, escuchando a todos, y no para su círculo cercano.

Y te doy otro argumento más: si no estás de acuerdo con lo que ha hecho como gobernante el actual presidente, recuerda que llegó al poder mediante el voto ciudadano y de manera pacífica y si tú acudes el 6 de junio a votar, podrás cambiar el rumbo del país mediante el voto y de manera pacífica.

Esperemos, contra todo pronóstico, que este 6 de junio despierte esa ciudadanía que ha padecido en carne propia lo que es ver como la inflación devora el sueldo, cómo han ido para abajo muchos de los servicios públicos —el Metro es un buen ejemplo en esto—, cómo la inseguridad persiste pese a las declaraciones triunfalistas en Palacio Nacional y cómo las malas decisiones en la pandemia causaron miles de muertes innecesarias.

Es una decisión difícil, pero es necesario tomarla mediante el voto.

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