Cinque Terre

Antonio Ortigoza Vázquez

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El “despacho divino” de Julio Scherer

Desde hace muchos años, en aquellos tiempos de la «revolución institucionalizada», en “charlas de café y de cantina» se hablaba en diversas capitales del país (como decía aquel anuncio de sombreros: «De Sonora a Yucatán»), de los «despachos divinos», donde «se arreglaban» juicios muy complicados, extremadamente difíciles, literalmente perdidos pero que, de pronto, todo quedaba solucionado, para sorpresa, perplejidad y escándalo en medios judiciales y despachos de abogados.

Entre murmuraciones o abiertas carcajadas, no sin cierto grado de envidia de abogados litigantes, se comentaba cómo podía ser que, por «artes de magia judiciales», que ciertos intereses empresariales, profesionales o inclusive, familiares,  fuesen favorecidos por una sentencia definitiva.

Pero lo que está sucediendo en estos momentos supera a la imaginación más perversa, queda por encima de los grandes enjuagues que fueron tristemente célebres desde la época de los generales con pistola al cinto, los abogados alemanistas con finísimas carteras de cuero o los compadritos buenos solo para la parranda y los -relativamente- pequeños «cochupos» del sexenio de López Mateos, así como los grandes ideólogos obreristas-campesinistas del echeverriato.

La casi sorpresiva «renuncia» del que fuera todopoderoso consejero jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer Ibarra, ha tenido como secuela el «destape» hacia la opinión pública de una larga cadena de trapacerías manejadas desde las mismísimas oficinas del ahora defenestrado consejero desde Palacio Nacional.

Meses antes hubo «movimientos» raros, que dieron qué pensar a quienes disponía de elementos de juicio para suponer algo grueso, pero en realidad, las «sorpresivas renuncias» de dos altos funcionarios del Consejo de la Judicatura, órgano de control de la Suprema Corte de Justicia, dieron elementos suficientes para especular a cualquier parroquiano de café con mínima información.

Por eso, quizá, el ex ministro y muy prestigiado jurisconsulto, José Ramón Cossío Díaz (por cierto, uno de los personajes denostados en las «mañaneras») afirmó en el noticiario de la periodista Carmen Aristegui, que todo lo relacionado con los manejos de Scherer constituye ya, sin lugar a dudas, «el mayor escándalo de corrupción en los más altos niveles del poder, en toda la historia del país». (¡Y eso ya es decir mucho!).

Cossío confirmó que «una denuncia anónima» fue lo que ocasionó la sorpresiva renuncia de los funcionarios del Consejo de la Judicatura y dio paso a una investigación interna de un muy mortificado ministro presidente, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

El presidente López Obrador, como es público y notorio, no solo ha sido renuente a despedir a funcionarios con gravísimas fallas en su desempeño, como lo es el caso de enorme escándalo del «experto en pandemias», Hugo López Gatell, quien pasará a la historia mundial por haberse ganado impunidad total con una sola frase, que ya es paradigmática en cuanto a la mayor estulticia imaginable: «El presidente  López Obrador dispone de fuerza moral, no fuerza de contagio», y con eso, le dio «carta blanca» para no usar el cubrebocas, y eso que ya va por el tercer contagio.

Pues señalado lo anterior, en los medios burocráticos-políticos, se pensó que no obstante versiones en círculos profesionales, empresariales y políticos, Julio Scherer seguiría inamovible en su puesto.

Ya se habían difundido muchos datos acerca de lo que ahora se conoce como la red turbios negocios judiciales, de extorsiones y contubernios entre despachos controlados por el ahora ex funcionario, pero Scherer seguía en su puesto.

De pronto, nos topamos con la noticia: Scherer había «presentado su renuncia» para dedicarse a sus «actividades como abogado», informó el presidente AMLO.

A no dudarse, Scherer llegó al extremo de voracidad que fue suficiente para inducir al presidente de la República, tan proclive a negar, o de plano justificar, toda clase de negocitos, inclusive delitos graves, con la cantaleta de que «son calumnias de los conservadores», que tomase esa decisión.

Se trata de varias denuncias que se ventilan en juzgados y que, seguramente advirtió el ministro presidente Zaldívar, será muy difícil, o imposible, torcer el ya previsible razonamiento de jueces, magistrados o, inclusive, si los juicios llegan a la misma Suprema Corte.

Entre los líos en los que ha estado metido la «organización Scherer, se cuentan los juicios de Juan Collado, el magnate acerero Alonso Ancira y la Cooperativa Cruz Azul, solo para comenzar.

Se menciona que la audiencia señalada para el próximo 28 de febrero, para el abogado Juan Araujo, podrá ser el definitivo punto de quiebre de donde pueden resultar órdenes de aprehensión contra Scherer y varios otros involucrados, a menos que… ¿meterá la mano AMLO?

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