Cinque Terre

Enoé Uranga

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El cuento de AMLO fue tan bonito

Eso de que el presidente -en medio de su campaña permanente- se dé tiempo para contar cuentos… ¡es tan dulce!

Como ayer que para acompañar nuestro domingo nos contó cómo fue que desde las épocas en que los Homo sapiens andaban de nómadas ya existía un país de nombre México en el que pasaban cosas fantásticas.

Así es. Mire usted le aclaro que no lo puedo repetir igualito pero le platico el cuento máaaaas o menos como lo entendí:

Fue hace unos 10 mil años que México nació, lo que pasa es que fue en secreto para que después los conservadores del siglo XIX no la hicieran de tox y para que ni los Olmecas en el preclásico medio, ni las culturas mesoamericanas posteriores sintieran gacho.

Resulta que desde entonces había un Tlatoani (ya sé que todavía no se llamaban así… pero denme chance) que también era sacerdote de nombre AMLOtl. Él creo universidades (no sé si ya había primarias pero las sociedades nómadas tenían universidades) para aleccionar a sus seguidores en sus enseñanzas morales, con éste motivo mandó inventar (porque era un tlatoani sacerdote que daba instrucciones para inventar lo que le fuera haciendo falta a la realidad) una imprenta (si señora, señor hace 10 mil años había imprentas –pero sólo en México recuerde usted y en secreto para que Gutenberg no le hiciera al drama, o los chinos antes, o de plano los romanos si se queda con la arcilla-) para que la primer cartilla moral se reprodujera y con ello difundir “su verdad” entre sus fieles discípulos.

El mundo binario de la política de aquel entonces era más fácil que el binario de hoy pues México se dividía entre cazadores y recolectores. Si entendí bien el bando al que AMLOtl daba el apoyo del gobierno era el de los recolectores… que vivían -por cosas de la época- del asistencialismo, pero como ya advertí que no tenían domicilio fijo… ahí fue donde la importante aportación de los búfalos traídos de la ciudad NY ayudó muchísimo porque los entrenaron y ellos eran los encargados de olfatear a cada recolector y llevarle –cuando les tocaba- su sobre (el sobre de su “programa social”). Si es que entendí bien, así fue la cosa… todo era muy bonito.

Lo que no me gustó fue el final por eso de que esa sociedad desapreció sin dejar rastro de su presencia en el planeta ¿por qué pasaría eso?

Pero regresando al detalle del tiempo hora-mandatario que usa López Obrador para escenas como ésta: hay que anotar que entre todas las actividades que realiza el presidente (mañaneras, mítines, narraciones de cuentos, misas…) es francamente loable que a veces se dé sus ratitos para gobernar.

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