Cinque Terre

Carlos Estrada

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El Cinismo de AMLO: Dueño de la historia y representante de la divinidad

Según la definición popular, el cinismo es la “actitud de la persona que miente con descaro y defiende o práctica de forma descarada, impúdica y deshonesta algo que merece general desaprobación”.
Por extensión, el cínico es la “persona que se comporta de forma descarada, impúdica y deshonesta”. Es decir, un desvergonzado.

En mayo de 2012, el entonces candidato presidencial por parte de la coalición conformada por el PRD-PT-Movimiento Ciudadano, Andrés Manuel López Obrador, calificaba al también candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto (a la postre presidente de la República, en el funesto sexenio de 2012-2018), como “un cínico”, porque éste, en el caso de que ganara la Presidencia, no investigaría el enriquecimiento inexplicable del que fuera gobernador constitucional del Estado de Coahuila, Humberto Moreira, porque “cómo creen que lo va a investigar, si él lo puso como presidente (nacional) del PRI… ¡Peña es un cínico!”, acusaba.

Como se ha demostrado hasta el cansancio, en éste y muchos ejemplos más, podemos remitirnos a la historia reciente y encontramos por un lado a un López Obrador crítico irascible, con lengua de fuego, que con un tono anatómico y condenatorio, al puro estilo de Torquemada, enviaba a la hoguera a todo aquel que su dedo flamígero señalaba de corrupto, deshonesto, ratero, camaján, mafioso, etc. Por supuesto que esto le acarreó un fabuloso número de seguidores, que lo llevaron al triunfo en el 2018, construyendo en el camino un mito de honesto, valiente y moralmente puro.


Sin embargo, como dicen los clásicos, no es lo mismo ser opositor que gobernar. Y eso lo sabemos de sobra que, para conseguir el poder, TODOS los candidatos a la presidencia desde la instauración del actual régimen, o sea con la creación del PRI y hasta el desastre MORENA, han mentido en sus campañas electorales, exagerando sus supuestas virtudes y echado mano de una demagogia que es digna de estudio, y una vez en el poder, se han desentendido de sus promesas y peor aún, haciendo todo lo contrario, como si el pueblo tuviera la culpa de haberse creído sus mentiras.

Por lo menos en la historia reciente de nuestra desgracia nacional, con la supuesta “renovación moral” de Miguel de la Madrid, el infame salinato, el nefasto zedillismo, el aberrante Foxismo, el sanguinario Calderonismo y el frívolo, por decir lo menos, peñanietismo, apenas a catorce meses de haber comenzado su fallido sexenio, AMLO ha dado visos de querer superar a sus antecesores recientes en cuanto a eso de “mentir, robar, engañar al pueblo”, o ¿cómo era?

Porque si medimos con la misma vara que usó el actual residente del Palacio Nacional, nada más y nada menos, él, junto con su corte de la llamada rimbombantemente (cada vez da más pena y nos lleva a burla) “Cuarta Transformación”, la 4T para los cuates, él sería el campeón indudable en cuanto a cinismo se refiere; es decir, que ha sido por mucho y en un tiempo récord, más cínico que sus antecesores, y ya es decir bastante, pues no sólo miente con toda impunidad, sino que día con día y mañanera tras mañanera, utiliza su capital político, de esos 30 millones que votaron por él y quienes una parte importante le cree ciegamente, para ocultar información, proteger a sus amigos, a sus compadres, a sus socios, a sus familiares y todo aquel que esté bajo el manto protector de su plumaje.

El haber hecho apología descarada y exculpar anticipadamente a su camarada, digamos, cómplice, Manuelito Bartlett, al que no investigó la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de la Función Pública, ni con el pétalo de un expediente de tantas y tantas casas “blanqueadas” que salieron a la luz pública por la periodista Areli Quintero, porque “no se puede investigar algo antes de que él fuera funcionario en éste actual gobierno” y porque su relación amorosa corresponde “al ámbito personal”, no hace sino refrendar lo que muchos advertimos desde que estaba en campaña, porque ya lo conocíamos como presidente nacional del PRD y jefe de Gobierno del Distrito Federal, que el abuelito Andrés Manuel López Obrador es un político vengativo, incongruente y sinvergüenza: actualiza el muy cínico dicho juarista de “a mis amigos, justicia y gracia; a mis enemigos, la ley a secas”.

¿Acaso no es cínico hacer alarde de una “justicia” selectiva y usar todo el peso de la ley contra quien fuera una de sus adversarias políticas más formidables y por otro lado hacer uso de eso poder, para exculpar, perdonar y beneficiar a sus amigos?

Ojo, no estamos defendiendo ningún acto delictivo ni metemos las manos al fuego por quien se ha comprobado que desvió millonarios recursos de las dependencias federales cuando fue funcionaria de Peña Nieto, quien por cierto parece seguir gozando del pacto de impunidad que mantiene aún, para protegerse solamente a él, con la 4T. Pero si a historias vamos de delincuentes, recordemos que Manuel Bartlett es el artífice de la “Caída del Sistema” que impuso al usurpador Salinas en la Presidencia, cuando él era secretario de Gobernación y presidente de la CFE (Comisión Federal Electoral, no la Comisión Federal de Electricidad), mediante un fraude descarado que le arrebató el triunfo al Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y que AMLO mezquinamente niega que se haya dado; el mismo Bartlett que estuvo involucrado y se ha mencionado en expedientes en casos de tortura y asesinatos como en el caso del agente de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, Enrique Camarena y del periodista (el cual nos sigue doliendo profundamente) Manuel Buendía, etc. Desde Palacio Nacional parece escucharse la sentencia (por seis años, espero) “no te preocupes Manuel”, dicha de ida y vuelta.

Es cotidiano que salgan en las redes sociales constantemente muchos de los dichos y críticas que hizo Andrés Manuel contra administraciones pasadas y hoy, con el mayor descaro del mundo, se desdiga, mienta y haga exactamente lo mismo que a los que tanto señaló, con la carga de que él siempre se presentó como un individuo moralmente puro y radical en la lucha contra la mentira.

Llama la atención, en el caso de la relación con Estados Unidos y su presidente, el antimexicano Donald Trump, cómo López Obrador criticó hasta la exasperación al gobierno entreguista de Peña Nieto por ser servil (y como consecuencia ayudar a Trump a ganar la presidencia) y no defender los intereses nacionales, además de hacerle el trabajo sucio a su socio del norte, al reprimir a los migrantes que buscaban cruzar por nuestro territorio para llegar a nuestro vecino país.


Tanto la firma del llamado T-MEC, como la utilización del Ejército, en labores de “Guardia Nacional” (que en un inicio se dijo que sería para combatir la delincuencia y proteger a los mexicanos) en la represión contra los migrantes centroamericanos en la frontera sur de nuestro País, son ejemplo de que no sólo igualó a su antecesor Peña en cuanto al servilismo y temor mostrado ante el imperio del norte, sino que lo ha superado en cuanto a los pretextos y malabares discursivos que cada vez, menos mexicanos le creen. Por cierto, a éstas fechas, ¿cuántos tuits ha respondido AMLO a Trump por sus mensajes tan oprobiosos que llenan de indignación a nuestra patria? De hecho, acaba de decir que “aunque no lo parezca, se está protegiendo a migrantes”, aunque las imágenes digan todo lo contrario.

Así, vemos cómo ante una crítica y ante las evidencias mostradas por verdaderos comunicadores en su “mañaneras” (no sus seudo periodistas moléculas y guruchuires con preguntas a modo) han salido a la luz asuntos tan lamentables como el cobro ilegal en los centros de atención médica por medicamentos, tratamientos y atenciones que no se cobraban antes, los cuales en primera instancia negó -burlonamente- de manera insultante y con una estupidez mayúscula, pero que posteriormente, no él, pero sí sus subordinados trataron de minimizar el problema, aceptándolo, pero argumentando que eran casos aislados.

Para López obrador todos son casos aislados, según él, no es la regla.

Un ejemplo claro de su doble discurso, doble moral y cómo acomoda las circunstancias a su modo, se dio hace algunos días con el caso de la familia Le Barón, a la cual no quiso recibir en la “mañanera” por considerar que “no quería hacer un show mediático… porque esos temas afectan al Presidente”.

¿Cuántas de todas sus mentiras reconocerá al final de su funesto mini sexenio?, ¿cuántas veces escucharemos después con todo cinismo, aceptar que se mintió, que se ocultó la verdad, que se exageró, que se hizo lo que no se debía, que se torció la ley, para justificar una acción que él consideraba honesta? ¿No estaremos ante un Nerón que quiere ver arder el país para escribir y ejecutar su propia música y seguir siendo endiosado por los suyos?, ¿un Hitler que prefiere ver destruida su patria antes que aceptar que se está equivocando? Es preocupante el nivel de deterioro moral, tal vez mental de un Presidente incapaz de ser empático con la desgracia ajena, la de sus gobernados, y que sólo atiende lo que a él le deja dividendos políticos y lo engrandece. A la larga, será lo que lo haga pasar a la historia, pero como un sátrapa más que engañó a treinta millones de mexicanos.

Pero es aún más preocupante la situación que vive el País.

Las mentiras que dijo, acerca de que todo cambiaría para bien a partir de que ganara las elecciones, o después de que tomara posesión, o de que llevara cien días de gobierno, o seis meses, o al año, o dos años, al terminar el sexenio, o tres sexenios de gobierno morenista…se irán al archivo de las soluciones indefinidas.

A más de un año, de llegar a calentar el micrófono con sus verborrea aburrida y repetitiva, y de inventar puras cortinas de humo, las expectativas de crecimiento económico se vinieron abajo. Se dejaron de crear 400 empleos, algo que ni con Peña había sucedido.

En su infinita desfachatez, ha sido muy crítico de los políticos que usan atención médica de primer nivel en México o en el extranjero, pero con el nacimiento de sus nieto, cosa nada criticable en sí mismo, pues su hijo y su nuera tienen todo el derecho de asistir a donde ellos consideren adecuado, se ha demostrado que sólo criticaba, tal vez por envidia y sobre todo por estrategia, explotando el resentimiento de los más desamparados por ver cómo la prepotencia de los gobernantes anteriores se exhibía en algo, que por lo visto ya no critica, porque como él lo practica, está moralmente bendecido.

Ha criticado el uso y abuso de parte de los expresidentes, de los recursos públicos para su protección personal y otros lujitos, pero él usó los mismos recursos del pueblo de México para proteger a un individuo acusado de fraude y de mantener aspiraciones dictatoriales, Evo Morales de Bolivia, al cual incluso sus propios correligionarios socialistas le dieron la espalda. Por cierto, nada ni nadie, sólo Trump, su socio, amigo, guía y maestro, pudo “sugerirle” que, si seguía protegiendo al acusado de narcotráfico, habría represalias económicas. Raudo y veloz, le hizo caso a su patrón y lo mandó en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana a Argentina. Fue lamentable y muy penoso cómo un funcionario de Bolivia, acusó a AMLO de “cobarde matoncito” y lame botas de Trump, indignando al gobierno de la 4T, no a todos los mexicanos. En lo personal no me ofendió, la descripción fue impecable.

En su desvergonzada actitud, ha acusado al EZLN de ser conservador, por oponerse a la construcción del “Tren Maya” y consigo la destrucción de ecosistemas con pérdidas incalculables. Pero de manera desaseada, ilegal y fraudulenta, con una consulta a modo descalificada por la ONU, pretende entregarle ésta y otras obras al empresario favorito de Salinas, Carlos Slim, ahora mejor nuevo amigo del Tabasqueño.

Casos como el del aeropuerto de Santa Lucía, la rifa del Avión Presidencial “José María Morelos y Pavón” (el cual propuso en campaña hasta el cansancio que lo vendería “por ser un fraude” y ahora reconoce que no lo puede vender “por ser un fraude”, sí, de locos), la inseguridad con el narco dueño hoy más que nunca del territorio, todos los delitos disparados al alza (constituyendo el año más violento desde la etapa revolucionaria), retratan a un presidente incapaz, obtuso, mediocre, megalómano, que dejó escapar la oportunidad de realizar un verdadero cambio y el país se le escapó de las manos.

Cada vez parece más tarde para que haga un cambio de rumbo, porque en su cinismo, se cree infalible; cree que todo le está saliendo de maravilla porque “ha tenido mucha suerte”, según él lo ha mencionado. Pero no es suerte, tal vez el pueblo mexicano que confió en él, aún alberga esperanzas de que después todo pueda mejorar, sigue teniendo un cheque en blanco, del cual está abusando. Pero el tiempo corre y la historia nos demuestra que cuando el pueblo se cansa, realiza los cambios por sí mismo.

Y sigue afirmando cínicamente que nada le quita el sueño, como si fuera la prioridad nacional que él duerma como bebé, aunque el país se caiga a pedazos.

Pero él, cínicamente, sigue echándole la culpa a las administraciones anteriores, a la corona española, al Vaticano y de manera subliminal (por su megalómana vocación de predicador y de mesías) a las fuerzas del mal encabezadas por Satanás, porque usa los símbolos de acuerdo a su conveniencia, unas veces encarna a JUÁREZ, otras a MADERO o CÁRDENAS entre otros personajes de nuestra historia y en no pocas ocasiones hace uso de la divinidad, transformando su rictus, colocando su mirada en el Olimpo, haciendo creer al pueblo bueno que está iluminado por el espíritu y manto protector de San Miguel Arcángel que combate con firmeza al mal, representado por la mafia del poder, es decir Satanás. También es capaz por lo tanto de perdonar y purificar a los arrepentidos de sus pecados. Así la 4T y su pastor todopoderoso.

 

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