Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

El amor según García-Junco

Hace unos años, frente a un grupo de estudiantes de “escritura creativa” en México, me sorprendió su desconocimiento del mundo literario y certeza de que dedicarse a la literatura les daría no sólo un medio de subsistencia sino ingresos para una vida acomodada. Por otra parte, Aura García-Junco ha sido seleccionada entre los 25 escritores “menores de 35 años más prometedores” en la revista Granta, que cada 10 años comparte “Los mejores narradores jóvenes en español”. García-Junco realiza un esfuerzo de comunicación y creación de público con videos para YouTube y es representada por una agencia literaria. La novelista y ensayista parecería, entonces, en condiciones de consagrarse a escribir. Además, su nuevo libro, el ensayo El día que aprendí que no sé amar (2021) muestra familiaridad con la comunidad cultural de la Ciudad de México. El deseo de aquellos jóvenes escritores y el trabajo de García-Junco se enfrentan, sin embargo, a un contexto desfavorable.

El restaurante Covadonga, sitio de reunión de la comunidad cultural de México. Fotografía Bodas.

El ensayo de García-Junco recuerda ciertas columnas de influyentes periódicos de lengua inglesa, en que se abordan temas de actualidad con desenfado y certeza ideológica. ¿Puede un libro tratarse del amor cuando parte de que sería una “difusa idea llamada ‘amor’”? Es posible, si es cuestionamiento radical. No necesariamente, si es sólo rápido descarte. El enfoque de García-Junco es que habría un “constructo cultural llamado Amor Romántico”. Describe que en él habría la creencia en el “Amor Verdadero” que, entre otras características, “sucede una vez en la vida”. En el origen de tal constructo estarían “narrativas actuales y pasadas [que] han reproducido hasta convencernos de que es la única y verdadera forma de querer”.

El nuevo libro de la escritora Aura García Junco. Fotografía Informador.

La transformación social y cultural no sucede por voluntarismo. Afirmar que “ya esperamos otras cosas del baile y de las relaciones” puede atribuir las propias expectativas —o de grupo— al conjunto de la sociedad. Pero, García-Junco también escribe que “esto no es la regla”. Asume el alcance de su mirada: “lo único que pretendo es hacer un acercamiento a la manera en que nos relacionamos en la actualidad en algunos sectores de clase media urbana en México”. García-Junco llama “ambientes ‘progres’” o “mundo progre” a esos sectores, adoptando un uso más común de España. Prefiero frases como comunidad cultural, pues, aunque la mayoría de personas de tal ambiente se clasifican como de izquierda —y los grupos de esa orientación persuaden, falsamente, de que el progresismo radicaría en ellos—, no observo que sea la convicción política o la acción social lo que los distinga. García-Junco nota algo semejante: “el discurso progre se queda en la mera enunciación, como una especie de ornamento”. Yo diría: el discurso de la comunidad es defectuoso y no corresponde con aspiraciones que García-Junco manifiesta.

García-Junco apunta a cuestiones problemáticas que son motivo de discusión desde la academia hasta el café: la relación entre amor y dolor, las relaciones como meta última, “el mercado del amor” y el consentimiento. Va también desde la pornografía, que difícilmente puede sustituir la sexualidad, aun para asiduos consumidores. Pasa por intervenciones de textos —técnica popularizada desde hace algunos años— en epígrafes. Concluye con un capítulo sobre la no monogamia. En esto hay una paradoja. García-Junco hace referencias personales sobre el tema. Considerando el tradicionalismo —o conservadurismo— de la comunidad cultural, esta toma de posición de García-Junco es un paso significativo en un ambiente machista. Pero en la escritura, esbozar no es problematizar, no alcanza para indagarse a uno mismo. Igualmente, mencionar procesos, contradicciones y prejuicios no es explorarlos.

Aunque hay posiciones y, sobre todo, el vocabulario de los feminismos El día que aprendí que no sé amar no es un ensayo fundamentalmente feminista. La misma García-Junco sobre su aproximación al matrimonio dice: “Antes de fundamentar (¿o revestir?) mi animadversión con teoría feminista”. Sin llamarlo lenguaje inclusivo, García-Junco establece que “este libro está escrito principalmente en femenino, con referencia al masculino y neutro”. No es experimentación literaria sino búsqueda de nuevas convenciones del lenguaje.

La novelista García Junco es originaria de la Ciudad de México. Fotografía Debate.

Me pregunto si el desarrollo de ideas por medio de la discusión es caracterizado por García-Junco como “patriarcal”. En algún punto anota: “No pretendo llegar a una conclusión filosófica y elevadísima, digna de un gran señor”. Prefiere cerrar su libro con: “inconclusiones fragmentarias”. ¿Asociará el rigor intelectual a la pertenencia a una “generación”? La investigación académica no es la única posibilidad. Sólo hay que asumir qué implica cada opción. Documentales de Netflix y DW, analizar Facebook, Goodreads y películas de entretenimiento puede ayudar a construir un ensayo, sobre todo al lado de artículos teóricos y periodísticos, páginas de internet y libros, como hace García-Junco. No detenerse a documentar y examinar una comparación permite deslizar algún punto y conducir a los lectores a reflexionar, pero es abandonar el análisis histórico. Tampoco es “exhaustiva investigación” omitir reflexiones de autores como Badiou, por mencionar sólo uno de varios pensadores afines al progresismo, que podrían haber servido al menos —si fuera el caso— para elaborar discusión teórica evidenciando machismo en la reflexión contemporánea sobre el amor. Esto no era indispensable, sólo una opción, lo importante es evitar cerrar el debate con otras perspectivas.

Un argumento de García-Junco es que “la cultura del amor está en movimiento”. Las prácticas amorosas, según quienes han estudiado al tema, nunca han dejado de cambiar. La pregunta sería si ahora hay una alteración más trascendente. Algo que también está en permanente cambio es el lenguaje literario. García-Junco despliega uno que usa frases como “madrazos argumentales”, que corresponde a giros coloquiales que la comunidad cultural de la Ciudad de México entiende como desenvoltura. Con frecuencia, son marcadamente polisémicos e impredecible si serán perdurables.

La aspiración de aquellos estudiantes de escritura creativa enfrenta una dificultad que es improbable se resuelva en pocos años: la ausencia de un amplio público lector en México. En esa misma limitación se publica el trabajo de García-Junco. Los tirajes son exiguos con relación a la población y ridículos en comparación a los de países ricos. Hace falta una masa crítica de lectores —que son variados— para que cada tipo de escritor ocupe su nicho. Las prontas reimpresiones, a la hora de hacer cuentas, no representan regalías suficientes para la vida de un adulto.

Los epígrafes a cada capítulo proceden de El arte de amar de Ovidio. Fotografía Historia-Biografía.

Sería esperable que los editores del otro libro de García-Junco a la fecha —la novela Anticitera, artefacto dentado (2019)— aprovecharan la distinción de Granta. Sin embargo, el libro no está disponible en las principales librerías de la Ciudad de México, ni siquiera las gubernamentales, aunque sea de editorial gubernamental (sólo hay una reciente versión digital, con el sello Booket). Más importante: la producción de escritores como García-Junco podría alcanzar al público con quien comparte lenguaje y perspectivas —como la mecánica oposición entre individuos y comunidad—, pero un alto porcentaje no son lectores. La funcionalidad del campo literario mexicano requeriría romper múltiples inercias sociales. A su vez, el género del ensayo, al lado de lo fragmentario y otras formas, sigue teniendo la posibilidad de introspección radical y de pensamiento crítico.

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