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Gerardo Flores Ramírez

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El autor es economista y fiel seguidor de Pumas. Ex senador de la República

La economía mexicana, más cerca del estancamiento que de la recuperación

El consenso de los analistas es que dado que la economía mexicana cayó fuertemente en 2020 y que la economía de nuestro principal socio comercial se muestra ya con cierto dinamismo, el único escenario posible es que el PIB de México no solo tenga un desempeño positivo, sino que por el hecho de que se cayó tanto, la tasa de crecimiento anual se ubicará entre 4.0 y 5.0 por ciento, pero aún cuando ello llegara a ocurrir, el valor de la actividad económica seguirá estando por debajo de lo que se registraba cuando inició 2020.

Ahora bien, después de observar algunos datos correspondientes a cómo se fue desacelerando la recuperación económica en los últimos meses del año, así como algunos datos relativos al inicio de este 2021, que combinados con dos características de la administración del presidente López Obrador que han quedado plenamente acreditadas en los primeros 29 meses de su gestión como son la notoria aversión por estructurar programas de recuperación económica por un lado, y la permanente tentación de generar mayor incertidumbre a la inversión privada, por otro, a mi me quedan dudas si realmente podremos observar un crecimiento anual del PIB superior al 4.0 por ciento.

Por ejemplo, entre septiembre y diciembre del 2020, al parejo de que la actividad económica en nuestro vecino del norte regresaba hacia su ritmo de expansión previo y que sus importaciones, o sea lo que le compran al resto del mundo, no solo regresaban a los niveles registrados antes de la pandemia, sino que incluso empezaban a mostrar montos superiores, las exportaciones de México empezaron a mostrar de igual forma un desempeño en el mismo sentido y con el mismo vigor, lo que contribuyó de manera central a que el PIB de México empezara una ruta de recuperación frente a lo padecido entre marzo y mayo.

Sin embargo, las importaciones de México, o sea lo que nosotros compramos al exterior, ya sea para consumo final, para utilizar en otros procesos productivos o en forma de maquinaria y equipo para usar también en la actividad productiva, mostraron un crecimiento menos vigoroso, indicando con ello que la actividad económica interna no levantaba con el mismo ímpetu que el mercado externo.

Pues bien, tan solo en el primer mes de 2021, mientras Estados Unidos siguió incrementando sus compras al exterior, es decir, que el valor de sus importaciones continuó creciendo, resulta que el valor de la exportaciones de México cayó, así lo reportó INEGI. Así que al arranque de este año se observa una desvinculación entre el comportamiento del comercio exterior de Estados Unidos y el de México. La caída en las exportaciones registradas en enero apuntan por lo pronto a un mal primer trimestre para el PIB.

En el mismo sentido se coloca el comportamiento de las importaciones de México, particularmente el rubro de las importaciones de bienes de capital, que en enero se ubicaron 11 por ciento por debajo de lo registrado en diciembre de 2020. El comportamiento de este rubro es particularmente clave para anticipar en qué sentido podría moverse la actividad económica en el país en los siguientes meses. El hecho de que caigan las importaciones de bienes de capital, refuerza la expectativa de que el PIB del primer trimestre de este año no tendrá un buen desempeño.

A lo anterior, y en plena sintonía con esa tentación de generar no solo mayor incertidumbre para la inversión privada, sino también de regresar a esa visión prevaleciente en las décadas de los 50 a los 70, que consideraba al gobierno como un agente económico que además de “garantizar” el crecimiento económico, “consolidaba” la soberanía nacional, se inscribe la necia intención de reformar la Ley de la Industria Eléctrica para tratar de regresar a esos viejos tiempos.

El viernes 26, apenas un día después de haber recibido la minuta de reforma a esta ley aprobada por la Cámara de Diputados, la Comisión de Energía del Senado distribuía ya el proyecto de dictamen para ser discutido y votado en comisiones unidas este lunes 1 de marzo. Naturalmente sin moverle una sola coma, tal como lo instruyó el presidente.

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No hay duda que quienes dentro de la 4T suspiran por ese regreso a un pasado que no han entendido que ya no será como entonces y que a menudo toman como ejemplo a Francia y su soberanía sobre su sector eléctrico, no se han enterado que hoy en Francia existe un modelo basado en el despacho económico de las centrales de generación de electricidad regido por decisiones de eficiencia, que entre otras cosas, significa que las decisiones sobre qué centrales suben la electricidad que generan primero a la red, se adoptan con base en los costos marginales, que no es otra cosa que el costo adicional en que se incurre cuando se incrementa en una unidad la producción de determinado bien o servicio.

El concepto del costo marginal es uno que la actual administración y una mayoría irreflexiva de Morena consideran como una aberración que debe reemplazarse por un concepto de costos que ningún sector eléctrico moderno utiliza para basar sus decisiones sobre qué tipo de plantas de generación suben primero su electricidad a la red. Con el nuevo modelo, darán prioridad a centrales con mayores costos. Por ello, con los cambios que aprobarán en el Senado, se afirma que por lo menos para CFE se incrementará el costo de generar la electricidad que suministrará a las familias e industrias mexicanas, lo que frente a la promesa del presidente de no incrementar las tarifas, se traducirá en mayores transferencias del gobierno federal a CFE en forma de subsidios, es decir, en una mayor presión sobre las finanzas públicas.

De esta forma, mientras que el tren del crecimiento de la economía de Estados Unidos ya partió y nosotros lo vemos alejarse, al menos en este inicio de año, la 4T se empeña en mandar un mensaje claro al mundo: las reglas estables que alientan la inversión productiva no son prioridad para el actual gobierno, acá nos inventamos modelos y conceptos a modo para prometer un cambio que no ocurrirá. Así, los demás se recuperan después de la pandemia, con un enfoque menos oneroso para el medio ambiente y nosotros seguimos rezagándonos, en todos los ámbitos.

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