Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Donald Trump ya no quiere elecciones

Donald Trump pretende posponer la elección de noviembre. El pretexto es la crisis de Covid-19, pero la causa es que se encuentra abajo en las preferencias y Joe Biden continúa encabezando los sondeos.

Apelando a los resortes de desconfianza, que animan a muchos de sus apoyos, el presidente de Estados Unidos afirma, sin empacho, que el voto por correo será fraudulento.

En un mensaje en su cuenta de Twitter escribió: “Con el voto por correo universal (no en ausencia, ese es bueno), 2020 será la elección más inexacta y fraudulenta de la historia. Sería una gran vergüenza para Estados Unidos. ¿¿¿Retrasar la elección hasta que la gente pueda votar con seguridad???”

Está construyendo un escenario de conflicto antes de que ocurra. Para él es una estrategia lógica, porque el cuidado de la legitimidad electoral no le importa ni le afecta. Para Trump, ya lo demostró en sus discursos de la campaña en que enfrentó a Hillary Clinton, que el único resultado que reconocería es el de su propio triunfo.

En Estados Unidos las elecciones nunca se han pospuesto. En los momentos más difíciles y complejos de su historia se han llevado a cabo, como un ejercicio de libertades.

El próximo presidente rendirá protesta en enero del 2021, o tendría que haber un cambio legislativo de gran calado, lo que resulta imposible por la correlación de fuerzas en el congreso.

Lo inquietante de la propuesta de Trump consiste en que revela la pobre opinión que tiene de la democracia, quien gobierna uno de los países más poderosos, alegando que se desarrollará una oleada de irregularidades y amagando con armar un escándalo si pierde la contienda, lo que es bastante factible.

Para Trump, como para otros populistas, los procedimientos democráticos son solo una plataforma para llegar al poder y por ello ha intentado debilitarlos de modo consistente y sin descanso.

Es un ejemplo bastante claro de cómo se engendran, desde dentro de la propia democracia, los demonios que pueden terminar con ella.

El Covid-19 y sus urgencias, están otorgando coartadas a gobiernos poco democráticos para impulsar leyes polémicas, evitar la transparencia en sus decisiones y afianzar poderes, en el filo de la legalidad, aprovechando las ausencias legislativas.

Insisto, es poco probable que el experimento de posponer la elección en Estados Unidos prospere, pero de igual forma es un aviso de que mucho de lo que creíamos asegurado ya no lo está, y que de la crisis quizá no salgamos con fortalezas institucionales, sino con debilidades que impedirán el desarrollo normal de sociedades de derecho.

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