Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Doctor Mireles: sus disculpas no cuentan porque también son machistas

Parafraseando al gran P.G. Wodehouse en su libro Mal tiempo, afirmo que las ofensas y posteriores disculpas de José Manuel Mireles a las mujeres tienen tantas ramificaciones y derivaciones insultantes que uno no sabe por dónde empezar a responder o de qué indignarse primero.

Su queja acerca del estado financiero del ISSSTE en Michoacán, en la que refirió que los derechohabientes (por una sola cuota) quieren atención para toda su familia y para todas “sus pirujas” y hasta para los novios de los hijos y las novias de las hijas provocaron justos reclamos de múltiples sectores, de las feministas en primer lugar.

Luego, vino lo que también sabemos: sus disculpas de corazón, las cuales no borraron, sino que fortalecieron la certeza de que el doctor es un misógino y un machista de los pies a la cabeza y no tiene ni la más pequeña noción de lo que es el verdadero respeto a las mujeres. Sus disculpas no cuentan, porque también fueron machistas.

Si el feminismo se propusiera hacer una galería de casos, ciertamente el doctor Mireles podría fungir como el espécimen perfecto del machito a la antigua: misógino, pero bien caballeroso, oiga. De esos que dicen “yo no soy machista: me encantan las mujeres”.

Hay otras clases de machos, como el que es más feminista que las feministas. Como el que cree que el feminismo es que “la mujer sea cada día mejor”. O el que piensa que el machismo es parte de su libertad de expresión (¿machista contestatario?) Pero no podemos extendernos tanto.

La ofensa

No hay duda alguna de que el comentario de “las pirujas” es sumamente machista y ofensivo para las mujeres, pero al respecto quiero hacer unas precisiones.

1.- Mireles llamó “pirujas” a lo que la ley llama “concubina”, es decir, a la pareja de hecho, sin que medie matrimonio civil. Según la ley, toda pareja de hecho (entre un hombre y una mujer) tiene los mismos derechos que una pareja casada. Para Mireles, una mujer que vive con un hombre sin estar casada es una piruja.

2.- Aunque muchas feministas han luchado porque se le quite la carga de insulto a palabras como piruja, puta o prostituta, ciertamente dichas palabras conservan su carga negativa. La connotación es intensamente despectiva. Tanto, que muchas de las protestas de mujeres fueron en el sentido de afirmar: “Las mujeres no somos pirujas”.

3.- ¿Es malo ser piruja o ser llamada piruja? Depende del lugar desde donde se parta. Si uno es una mujer que libremente ejerce el trabajo sexual y se asume como tal, incluso es una forma de empoderamiento. Además, como bien dicen muchas feministas destacadas, para el machismo TODAS somos putas. Sin excepción. Por lo que el trabajo se da en dos frentes: uno, en despojar a la palabra del poder que tiene sobre nosotras, es decir, procurar que cuando así nos llamen no nos rompan.

Dos, en exigir que dichas expresiones se destierren del intercambio público. Una de las maneras en que el feminismo ha enfrentado la carga violenta que tienen estas palabras es hacerles frente y afirmar: “Todas somos putas”, que es lo mismo que decir: “No hay mujeres buenas y mujeres malas por causa de su conducta sexual”.

4.- La forma en Mireles dijo “pirujas” iba con una completa carga de desprecio, minusvaloración y violencia misógina. Además, dio por hecho que solo hay derechohabientes varones que extienden el beneficio a sus parejas mujeres y obvió algo innegable: los miles de servidoras públicas que tienen una plaza en distintas dependencias y que por derecho propio cotizan en el ISSSTE y extienden ese derecho a sus esposos, concubinos o pirujos, como quiera usted llamarle. Eso es invisibilización y sí, es otra forma de violencia de género.

Sobre las disculpas

Sobra decir que, en el presente, cuando un funcionario se disculpa, solo es después de que le dan hasta por debajo de la lengua en redes sociales. Es un poder ciudadano que no debemos dejar de ejercer.

Las disculpas de Mireles fueron forzadas por la presión social y en nada motivadas por un auténtico arrepentimiento. Basta ver al hombre en el video del ISSSTE, pagado de sí mismo, pontificando, siguiendo el ejemplo de su líder, Andrés Manuel López Obrador al irse de la boca sin medida alguna. Envaneciéndose por las risitas cómplices de los asistentes.

Un hombre muy diferente al del video de las disculpas, en el que pretende congraciarse con las mujeres y convencernos de que no fue su intención ofender, sino solo un poco de malos modos.

Sus disculpas fueron tan malas y machistas como su comentario original y el señor, cegado por su misoginia, ni siquiera es capaz de verlo.

Estos fueron sus errores:

1.- “Vivan nuestras mujeres”. Así dijo en el tuit en el que pegó su video de disculpas. “¿Nuestras?”, ¿de quiénes? Es una forma de expresarse harto común, condescendiente, que parte de la postura conceptual de que “nosotros” son los varones (como eje de la realidad) y “las mujeres” son “ellas” (la contraparte) y son “nuestras”. Habla de un sentimiento de superioridad. Pasa lo mismo cuando se habla de “nuestros pueblos indígenas” dicho desde un lugar racialmente superior. No. Las mujeres no son de nadie, ni los pueblos indígenas tampoco. Cada quien se pertenece a sí mismo.

2.- “Siempre he tenido un gran respeto por la mujer”. No, señor. No existe “la mujer”. Eso es una entelequia. “La mujer” es una idealización y lo que es real son “las mujeres”, millones de mujeres, todas diferentes, de todos estratos sociales y condiciones. Incluso las delincuentes, las asesinas y sí, las pirujas. Somos individuos.

3.- “Porque yo nací de una mujer”. Bueno, esto es un clásico. Algo que distingue poderosamente a un misógino es que respeta a “la mujer” porque, cof, cof, su madre es mujer. Además, que evidentemente, no respeta a las mujeres, eso quiere decir que no las ve como personas, sino como proyecciones de su mami. Las que no cumplen con ser como su santa madre, entonces no merecen respeto. Como las pirujas, por ejemplo.

4.- “La mujer es la puerta de nuestra vida”. Bueno… sí. Las mujeres podemos parir y en ese sentido, somos “puerta de la vida” de nuestros hijos. Pero las que no tienen hijos no son o no fueron puerta para nadie y según este razonamiento mireliano, eso las hace… ¡sí! No tan mujeres y, por ende, no dignas de respeto.

5.- “Es la alegría de nuestras naciones”. ¿Eh? ¿Por qué la alegría? ¿Cuáles son “nuestras naciones”? Aquí el doctor se voló la barda.

6.- “Fue una mujer la que nos enseñó nuestros primeros pasos, fue una mujer la que nos enseñó nuestras primeras palabras. Fue también una mujer la que nos dio amor, fue una mujer la que nos enseñó a amar y en pocas palabras, fue una mujer la que nos hizo hombres”. O sea, su mami, otra vez. Si usted, señora, no es como la mami del doctor Mireles, pues con la pena, pero no es LA mujer y no merece su respeto.

Dicho ideal de mujer al que alude reiteradamente Mireles es una de las cárceles invisibles y más poderosas con que el feminismo ha tenido que luchar y que está lejos de desactivarse. Es la idea de que existe una naturaleza femenina que todas tenemos y que nos obliga a ser y actuar de cierto modo. A cumplir un destino, en particular, la maternidad. A cumplir un rol: el cuidado de otros. A tener cierta apariencia: delicada, femenina, suave. Aquí nada de mujerones tamaño Ana Gabriela Guevara o espaldotas nivel Soraya Jiménez.

Ese ideal consiste en la idea de que las mujeres, todas las mujeres, cada una de las mujeres debemos cumplir una serie de virtudes y características so pena de ser consideradas alguna o todas de estas cosas:

-Menos mujer

-No mujer

-Machorra

-Malcogida

-Piruja

-No digna de respeto

-Merecedora de violencia

De las breves palabras de Mireles se desprende que, para él, la mujer que merece respeto es solo la que cumple el arquetipo de madre, puerta de la vida, que enseña “al hombre” sus primeras palabras y sus primeros pasos, y le enseña a amar. Eso es machismo, eso es misoginia, ya que implica la convicción de que la mujer vale solo por lo que entrega al varón.

Nótese que en sus disculpas jamás dice algo fundamental: “reconozco que una mujer que vive en pareja sin estar casada es igualmente digna de respeto que una mujer que sí lo está”. Tampoco dice: “una mujer que es concubina de un hombre no debe recibir ningún calificativo, mucho menos de un funcionario público”. Esas serían unas verdaderas disculpas.

Doctor Mireles: sus disculpas no cuentan. Son completamente machistas y reafirman lo que muchos han pedido: usted merece ser removido de su cargo. Se lo dice una mujer.

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