Cinque Terre

Pablo Majluf

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Periodista.

Disonancia del fracaso

Las ínfulas que marean al obradorismo son comunes entre regímenes malogrados. Si algo castigaban los dioses griegos era la desmesura. Y en esos proyectos siempre hay aires de infalibilidad.  

La Luftwaffe alemana pensó que su blitz sobre Inglaterra tomaría unos días, acaso semanas. Duró meses y fracasó. En parte gracias a los ángeles de la resistencia insular que invocó Churchill, pero en mayor medida al endiosamiento alemán conjurado por su comandante Hermann Göring. Desestimaba a sus oficiales y reportaba a Goebbels lo que éste quería oír. Y éste a su vez al Führer. Entre los tres le mentían al pueblo alemán, habiéndose mentido antes a sí mismos.

Por los relatos (vale la pena Esplendor y vileza, de Erik Larson) sabemos hoy que Göring era un verdadero imbécil. Pero el demonio que más mordía a los tres era la arrogancia. Porque Goebbels, que no era tan imbécil, también negaba las malas noticias que le llegaban por boca de otros. Y, bueno, el Führer de veras creía que su régimen no podía fracasar, que era una imposibilidad material. Y eso lo llevó tal vez al peor error de la historia militar: intentar invadir Rusia, cuando se sabe desde primero de primaria que eso no se puede. 

Hablando de rusos, seguramente ya vio usted la serie de Chernóbil en HBO, o al menos la tiene en el radar. Bueno, pues lo mismo con aquel politburó. –No me vengas con que está fallando el reactor nuclear. –Señor, pero aquí están los reportes. –¿Insinúas entonces que el régimen se equivoca? Mentira tras mentira, un reporte quemado tras otro, no sé cuántos delatores mandados a Siberia, hasta que acaeció el desastre. No podía saberse, dijeron los responsables.

Notimex

Y para no ser injustos y tropezar con la indignación selectiva, más o menos de lo mismo se trató el trumpismo: a sus ojos y los de sus feligreses, el mejor presidente en la historia, sólo que con casi medio millón de muertos por la híbris covídica. Y todo el desenlace posterior.

La pandemia me regresa al obradorismo. Sin olvidar todo lo que entra en la analogía: Dos Bocas, Tren Maya, universidades Benito Juárez, Jóvenes Construyendo el Futuro, y un largo –casi total– etcétera, la pandemia es la que más homologa la ceguera, porque además de cientos de miles de muertos y millones de desposeídos, México es el país que peor la ha manejado, según todos los indicadores. Y nada, ni nadie, ha hecho al régimen cambiar o modificar su actitud. Preguntaba el New York Times si haber contraído la enfermedad haría a López Obrador entrar en razón. Claro que no, todo lo contrario, lo obcecará aún más, porque si la libra, presumirá su resistencia y confirmará su cinismo, como hicieron Bolsonaro y Trump; y si no, sus devotos buscarán santificarlo y expiar el fracaso – hasta que México toque fondo. 

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