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Dime con quién andas y te diré quién eres

La amistad es una de las cosas más maravillosas que suceden en este mundo. De pronto, a lo largo de tu vida, vas encontrando personas, unas cuantas, que sin tener ningún lazo de sangre ni formal contigo, deciden quererte, apoyarte y volverse un soporte emocional imprescindible en tu vida. Los amigos son, desde luego, unas orejas incondicionales que pueden escucharte sin juzgar y que al mismo tiempo pueden darte un consejo o una opinión sincera. Una cosa muy importante es que con la mayoría de nuestros amigos compartimos una idea de mundo y enfrentamos de manera parecida los problemas sucesivos en esta colección de obstáculos que es la vida.

No dudo que, dada la diversidad humana, en algún momento se hayan dado amistades incomprensibles, quizá entre un asesino serial y un ser lleno de empatía, pero es lo menos frecuente. Buscamos, amamos y nos sentimos a gusto con los que se parecen básicamente a nosotros mismos.

1 de diciembre 2018. El presidente López Obrador con su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro, en Palacio Nacional de la CDMX. Foto: Daniel Aguilar / AFP

Dicen también, y ahora que soy mayor lo compruebo, que, si uno es afortunado en la vida, tiene pocos verdaderos amigos, menos que los dedos de la mano y que por eso mismo los apreciamos tanto. Lealtad, compromiso y complicidad es lo que esperamos de ellos y ellos de nosotros.

De ahí mi desconcierto (quizá debería decir preocupación) por los “amigos” del presidente de México. Me explico: todos recordamos la cercanía y tratamiento deferencial que AMLO ha tenido con políticos populistas a quienes no caracteriza precisamente su vocación democrática. La foto de Maduro y su mujer, felices en la toma de protesta de López Obrador fue, al menos para mi, un gesto que me dijo mucho sobre lo que nos esperaba.

El acogimiento fraternal y protección que el primer mandatario dio a Evo Morales (cuando no logró reelegirse por enésima vez) también llamó poderosamente mi atención. El gran recibimiento que hizo el gobierno actual de nuestro país, al presidente argentino Fernández o su negativa a decir fuerte y claro que Nicaragua es una dictadura donde se están violando los derechos humanos también me ha hecho alzar más de una vez la ceja.

Y bueno, ahora en este mes patrio aparece la gota que derrama el vaso o si ustedes prefieren la cereza en el pastel: la llegada de Díaz-Canel, presidente (¿o dictador?) de Cuba el próximo 15 de septiembre como el único jefe de Estado que asistirá a las ceremonias del 211 aniversario de la Independencia de México.

Al parecer se confirma que el sucesor de los Castro (sin Gualberto) tomará la palabra en un acto militar. Con todo esto la foto ya me queda completa, nítida y con excelente definición: estos personajes autoritarios son los amiguitos de López Obrador, no le demos más vueltas al asunto. Con todos ellos, nuestro presidente se siente en confianza y muy a gusto ya que comparten objetivos, formas y modos. ¡Dios los hace y ellos se juntan!

62 años en el poder del autoritarismo cubano, las nutridas protestas de julio pasado exigiendo libertad, así como la violación permanente de los derechos humanos en la isla no han alterado la estrecha amistad entre la 4T y esta dictadura, una de las más longevas del mundo.

Por otra parte, la permanencia interminable (20 años) del Chavismo y Maduro en Venezuela, la destrucción total de su economía, de las libertades y de las instituciones en este país sudamericano tampoco han incidido en la política exterior mexicana hacia esta tragedia en la tierra de Bolívar.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su homólogo de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en Palacio Nacional. Foto: Alfredo Estrella / Getty Images

La represión en Nicaragua, donde todos los reales o posibles candidatos opositores se encuentran presos o en el exilio, apenas mereció, hasta hace unos cuantos días, un descafeinado comentario de AMLO al pedir garantizar la libertad sin fuerza ni encarcelamientos. ¡Al fin, digo yo!

En resumen, mientras Latinoamérica se llena de gobiernos autoritarios que quieren perpetuarse y concentran poder, muchos nos preguntamos adonde va la democracia en nuestro continente. Y en México, en medio de una terrible pandemia, temblores, inundaciones y una situación incierta para las libertades y las instituciones, se recibe con honores, serpentinas y confeti a uno de los máximos exponentes de las dictaduras en el mundo. Mi abuelita decía: dime con quién andas y te diré quién eres. Por nuestro bien, espero que haya estado equivocada.

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