Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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¿Al diablo las instituciones?, ¿al diablo la democracia?

¿Todo tiempo pasado fue mejor? No. No necesariamente. Mucho menos en cuanto al ámbito político-electoral en México.

Aunque… en la “Cuarta Transformación” parece que piensan distinto. Así es, ¡ellos!, que en 2006 y 2012 desconocieron los resultados porque les parecieron fraudulentos. ¡Ellos!, que durante tantos años alzaron “la bandera” de la democratización. ¡Ellos!, que han sido beneficiarios de la larga transición a la democracia en nuestro país. ¡Ellos!… los mismos que hoy anhelan el régimen de partido preponderante con elecciones controladas desde Bucareli. Sí, ver para creer.

Con el argumento de la “austeridat” (dicen ellos), buscan reducir costos aunque con ello sacrifiquen lo sustancial. No les importa dejar a enfermos sin tratamientos, humillar a nuestros académicos o desmantelar, por ejemplo, las unidades antisecuestro. No. Su prioridad es financiar los nuevos programas clientelares, esos que les pueden significar votos para las próximas elecciones (insisto, échele un ojo al estudio que sobre este asunto elaboró la Dra. María Amparo Casar). Al fin y al cabo lo “trascendental” es perpetuar la nueva hegemonía al costo que sea… e impulsar el beisbol, claro está.

El “austericidio”, como se ha dado en llamar a los brutales recortes que ni el “neoliberalismo” “prianista” impulsó, ahora tocó la puerta de lo electoral. Bajo ese pretexto centavero, trespesino y ruin, bien podrían atrofiar al preciadísimo sistema electoral en su conjunto y, evidentemente, dar un paso más hacia la restauración autoritaria. Quizás –todavía les doy el beneficio de la duda- es lo que persiguen. Al fin que ya ganó “el pueblo bueno”. Ajá.

Como dirían Lorenzo Córdova, actual consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, o José Woldenberg, ex consejero presidente del mismo organismo y respetado académico, son bienvenidas todas las mejoras a nuestro andamiaje institucional, incluso –por supuesto- las que procuren una mejor administración de los recursos públicos. No así aquellas reformas que nos hagan retroceder, como la que hoy pretender imponer Morena desde el poder.

FOTO: GOBIERNO DE LA REPÚBLICA /CUARTOSCURO.COM

No está de más apuntar que quien ha sido el más visible impulsor de la contrareforma es el diputado Pablo Gómez Álvarez, otrora dirigente del icónico movimiento estudiantil de 1968, quizás el mayor punto de quiebre previo al comienzo de las reformas político-electorales que trajeron tras de sí elecciones competidas, alternancia y mucho mayor respeto a la voluntad ciudadana.

La contrareforma que anhela imponer la “Cuarta” legalizaría las “consultas populares” del presidente, aprobaría la “revocación de mandato” cuya trampa es que permitiría al primer mandatario aparecer en la boleta electoral de 2021, quitaría al INE su carácter permanente, desaparecería los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE’s), reduciría el número de legisladores de representación proporcional y quitaría parte del financiamiento público a los partidos, por mencionar algunas aristas. Todo sea por la “austeridat” (es el pretexto), aunque regresaríamos al escenario predemocrático de los años 70. Puede sonarle atractivo a sectores sociales hartos del dispendio y de los magros avances en su calidad de vida. En realidad es un embuste populista, una puñalada, una traición. Si el objetivo es la austeridad (esta sí con “d”, bien pronunciada y bien intencionada), por qué no instrumentar acciones como la de implementar la urna electrónica, lo cual ya fue abordado por el Dr. Lorenzo Córdova. Así sí.

Se dice que en política no hay sorpresas sino sorprendidos. Que no nos sorprenda entonces la 4T. Recordemos que muchos de sus dirigentes y figuras anclaron su pensamiento en dogmas que aunque ya fracasaron, persisten dentro de sus obcecadas cabecitas. Que no nos sorprenda pues. De sobra sabemos que lo suyo es la restauración de la “presidencia imperial” eliminando cualquier vestigio de las “moditas” neoliberales, como gustan de calificar a organismos cuya blasfemia es restarle poder a la figura presidencial. Para ellos la democracia liberal no es más que un medio para hacerse del poder, una herramienta desechable una vez conquistado el Palacio. Su cruzada, no perdamos de vista, es contra el liberalismo, no contra el “neoliberalismo” (en su tergiversada acepción de “capitalismo de cuates”) al que más bien alientan.

Gracias a la pronta respuesta de la oposición política (PRI, PAN y PRD) a la intentona de contrareforma político-electoral, el presidente López se retractó y pospuso su afrenta antidemocrática. Bien por los partidos que unánimemente alzaron la voz, reconozcámosles el acierto de actuar coordinada, oportuna y atinadamente. Por supuesto, también fue importantísima la postura de otros actores como los previamente mencionados: académicos, empresarios, columnistas, “sociedad civil”, etcétera. Sin esa presión difícilmente se podría haber construido ese dique contra el avance del despotismo populista. Empero, no es para echar campanas a vuelo, esto apenas comienza y vendrán mayores afrentas.

Mención especial merece “Futuro 21”, plataforma plural que aglutina a mujeres y hombres cuyo signo distintivo a lo largo de sus vidas ha sido la construcción de instituciones democráticas, virtud esencial para retomar el camino iniciado hace más de cuatro decenios. Es otra buena noticia que debemos ver con fundado optimismo y no con mezquindad. Lo digo porque el llamado “círculo rojo”, la “opinocracia”, los “comentócratas”, a veces tienden a juzgar con severidad cualquier esfuerzo opositor que no satisfaga sus altas expectativas. Hay oposición socialdemócrata y qué bien que se esté reinventando. No por celebrar este hecho dejaremos de exigirles estar a la altura del momento.

La perfección es enemiga de lo bueno, no caigamos en el garlito de querer ver ángeles inmaculados que conduzcan la salvación de la patria. El fortalecimiento de las alternativas políticas al despotismo populista, como toda actividad política, como toda actividad humana, se hizo, se hace y se hará con hombres y mujeres, no con seres celestiales. Tampoco caigamos en la irresponsabilidad de solo dejar en manos de unos cuantos la defensa de las libertades. Todos los que queramos un México liberado y sin regresiones autoritarias debemos poner de nuestra parte.

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