Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

Desindividuación: Nosotros, todos, nadie

En la pasada década las plataformas tecnológicas que identificamos actualmente como redes sociales han tomado un lugar cada vez más importante en la construcción de relaciones basadas en identificación y pertenencia. Las relaciones establecidas por este medio tienden a magnificar rasgos propios del ser humano, lo que es motivo de estudio como parte de los efectos de la manipulación de sesgos cognitivos y su efecto fuera de la pantalla.

Las redes sociales como las entendemos actualmente se sustentan en el comportamiento gregario del ser humano, la necesidad de formar grupos. Se incentiva con su estructura básica de interacción entre seguidos y seguidores que el usuario establece con quienes se identifica. Esta estructura es tan importante para las redes sociales que es uno de los refuerzos afirmativos que se presentan con más énfasis como rasgo distintivo de un perfil.

La participación de una persona real dentro de una red social parte de su pertenencia a un grupo de otros usuarios con quienes se identifica, porque comparte intereses, encuentra afinidad por sus similitudes y en las interacciones subsecuentes reforzará los elementos de integración.

Así, casi como consecuencia directa, los comportamientos humanos en grupo también encontraron un medio de interacción en las redes sociales.

Los efectos de la desindividuación y el modelo de identidad social

Cuando una persona participa en un grupo empieza a ceder elementos de su identidad para integrarse adoptando las dinámicas del grupo, de manera que se pasa de una identidad individual basada en la propia conciencia y se forma una identidad grupal basada en los rasgos que dan afinidad y se comparten por los integrantes de dicho grupo.

Cada integrante deja de ser “yo”, individual, para convertirse en “nosotros”, el grupo.

Getty Images

Y de la misma manera quien se integra a un grupo disminuye su propia percepción de la responsabilidad y consecuencias, con lo que cede sus límites individuales que sirven para normar el comportamiento, pasando a una actitud desinhibida pudiendo llegar a lo transgresor.

Solo que, la percepción de compartir las consecuencias termina siendo la fuga para evadirlas.

Esta es la teoría que busca explicar el comportamiento de las personas de manera colectiva que tienden a mostrar actitudes violentas. Turbas, tumultos, linchamientos, e incluso genocidios y formas de crímenes de odio basados en choques de grupos sociales, pueden ser explicados de esta manera.

Esta misma teoría aplica para los espacios de interacción de las diferentes formas de grupos en Internet, donde además resulta propicio y se potencia por la sensación de anonimato y la escasa identificabilidad de los usuarios que los integran.

Las turbas digitales

Este modelo de interacción en grupos tiene un elemento más que considerar, los liderazgos.

En las redes sociales específicamente se ha generado la percepción que entre mayor es la popularidad de una cuenta, sobre todo basado en el número de seguidores, más relevancia, importancia y autoridad tiene.

Los usuarios son quienes confieren la relevancia entendida como importancia, en consecuencia, el grupo con quienes se identifican les confiere autoridad y liderazgo sobre el conjunto.

Esta dinámica es especialmente perceptible cuando los integrantes de un grupo se subordinan a estas figuras de autoridad, responden llamados a la acción lanzados por los líderes, simplemente se dejan llevar y participan sin cuestionar, altamente influidos por la afinidad, la identificación y pertenencia al grupo.

Cuando estos llamados a la acción se basan en comportamientos adversariales se convierte en una interacción a manera de turba enardecida, los linchamientos digitales.

Manipulación por sesgos cognitivos

Este modelo también explica que manipular al grupo en su conjunto mediante las figuras de influencia es la manera más sencilla de inducir mensajes que construyan una narrativa conveniente basada en los sesgos de confirmación de los integrantes, es decir, solo confirmando las ideas preconcebidas.

Esto influye en la percepción no solo en lo individual sino en el conjunto por el refuerzo mediante la cámara de resonancia que es el grupo en sí mismo. Además, dando fuerza a una narrativa que no necesariamente está sustentada, ni siquiera  que tenga que ser verdad, pero confirmando prejuicios e ideas, hasta volverse realidad en su mente, y en consecuencia lleva a modificar el comportamiento fuera de línea.

Los estudios más recientes del Parlamento Europeo han concluido que este es el tipo de dinámica que sucedió en las redes sociales y que pudo influir para manipular a los votantes que participaron del referéndum para decidir la permanencia o no del Reino Unido en la Unión Europea, el Brexit.

Un ejemplo más reciente, que se tiene comprobado sin lugar a dudas, que surge y se difunde completamente a partir de las redes sociales, y ahora es visible en las calles, es la teoría de conspiración QAnon.

Pero además, estas dinámicas no solo aplican en temas políticos, sino en todos los aspectos sociales donde se pueda influir, como es el caso de la crisis antivacunas.

Posiblemente en México los ejemplos de estas dinámicas que hay perceptibles para los usuarios cotidianos de redes sociales son las convocatorias a linchar “periodistas chayoteros”, las demostraciones de apoyo al gobierno actual, y en general las narrativas que poco a poco, pero de manera sostenida, van en detrimento a la institucionalidad del país y la confianza incluso en el prójimo.

No se puede dejar de mencionar que este tipo de manipulación dada la apertura y alcance de internet, se ha convertido en un riesgo sin fronteras. Así es como la ahora famosa “Granja de Troles de Olgino”, mejor conocida como la IRA, influyó desde Rusia en Estados Unidos, Inglaterra, España y Qatar. ¿Y México?

De esto, platicaremos en la próxima entrega.

Hagamos red, sigamos conectados.

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