Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Los desempleados de la 4T

Pese al desbordado optimismo que se quiere transmitir diariamente a través de las mañaneras, el tema del desempleo —uno poco abordado, por cierto— muestra cifras que deben prender todas las alarmas y que confirman que en lugar de revisar las columnas y portadas de los diarios de circulación nacional, el presidente debería trabajar en crear empleos para los mexicanos.

El presidente del desempleo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó el pasado 8 de octubre que la tasa de desempleo en México podría llegar a finales del presente año al 11.7% de la población económicamente activa.

Si bien, el factor principal que explica esta cifra se ubica en los efectos del Covid-19 en la economía nacional, hay otro que ha hecho que este tema se agrave: la falta de una política gubernamental que busque preservar las fuentes de empleo.

Desde el inicio del sexenio, varias decisiones han echado a la calle a miles de trabajadores. Una de las primeras fue el recorte en la publicidad oficial, con el pretexto de que se combatía la corrupción, lo que originó que miles de periodistas y demás empleados de medios de comunicación afectados por la medida perdieran sus empleos.

En este mismo espacio, en julio de 2019, comentabamos el panorama de los despidos en el área de medios, ámbito en el cual el Inegi reconocía una contracción y la Fundación Fernando Mora señalaba que “los despidos se agudizaron, después de que como presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, anunció que reduciría la publicidad del gobierno. El número de trabajadores cesados en meses recientes (esta información se dio a conocer en enero de 2019) se ubica entre cinco y 10 mil, y en un lapso de dos años conforme con un cruce de datos del INEGI, el número llegaría a casi 20 mil”.

Pero no es el único caso en el que se han perdido puestos de trabajo.

Aparejado a lo anterior, con el pretexto de la austeridad republicana, la burocracia federal sufrió un recorte que sumó a otros miles de empleados a las filas del desempleo, por más que se busque recurrir a figuras como retiro anticipado y similares.

De acuerdo con El Heraldo de México, para 2020 “el gobierno federal propone trabajar con un millón 535 mil 423 elementos, 0.40 por ciento menos que lo aprobado en el presupuesto 2019 (un millón 541 mil 665)”.

En el primer semestre de 2019 se dieron de baja ocho mil 353 plazas en el sector público.

Luego vino la pandemia y la falta de apoyos del gobierno a la empresa privada —una de las fobias del presidente—, ha generado la pérdida de más empleos, pues en el informe que citamos de la OIT se apunta que la economía no formal ha crecido “a causa de un traslado de personas trabajadoras hacia la informalidad”.

Y si lo anterior no fuera suficiente, la desaparición de fideicomisos —de nuevo con el pretexto del combate a la corrupción— va a generar que algunos puestos relacionados con la investigación y actividades académicas se tengan que cancelar.

En entrevista con la revista Siempre, Alejandro Madrazo Lajous recordó a propósito de este particular que “en concreto lo que estoy viendo y es lo que más me preocupa es que los asistentes de investigación, que en realidad son los investigadores que estamos preparando para el futuro, se pagan fundamentalmente con el dinero de los fideicomisos, al menos en el CIDE, y vamos a perder la posibilidad de ir formando jóvenes en este proceso de convertirse en investigadores”.

Pero se podría pensar que esto se compensa con algunos de los programas sociales que se han implementado en la presente administración, como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, aunque la falta de información y las denuncias que se han presentado hacen pensar que que tal compensación quedaría pendiente.

De acuerdo a datos de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, “de los 5  mil 439 centros de trabajo revisados hubo 2,881 de los cuales no se encontró ninguna información, 843 fueron personas físicas con datos incompletos, así como 646 empresas identificadas que no pudieron ser localizadas ya que, al visitarlas, se encontraron, en algunos casos, terrenos baldíos”.

Asimismo, del millón 269 mil 337 vacantes que se dieron a conocer al arranque del programa, sólo se ocuparon 900 mil, es decir, quedaron 369 mil 337 sin ocupar.

Y eso que no mencionamos las denuncias de fraude —jóvenes que denunciaron el cobro de mordidas—, además de que sólo el 22% de los poco más de 421 egresados del programa habían sido contratados.

A pesar de estas cifras y de los testimonios de muchos mexicanos que perdieron sus trabajos y que hoy sufren para sobrevivir, el presidente sigue con el guión de que vamos muy bien y que la crisis es prácticamente inexistente, algo similar a la manera en que desestima las más de 85 mil muertes por Covid-19.

Pero la pregunta no es por qué el presidente sigue negando la realidad, sino por qué hay mexicanos que a pesar de que sus familiares o amigos —incluso ellos mismos— sufren por lo describimos en este texto, siguen comprando el mundo ideal que cada mañana se describe desde Palacio Nacional.

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