Cinque Terre

Javier Solórzano

Desaparecidas y desaparecidos

La forma en que el Gobierno ha venido enfrentando el gran problema de los desaparecidos le ha permitido estar cerca de sus familiares y amigos; hecho que no hicieron los gobiernos que le antecedieron.

Felipe Calderón se la pasó enredado con el tema. La reunión que tuvo en el Alcázar de Chapultepec, con familiares de desaparecidos y de personas muertas por hechos violentos, evidenció la forma en que veía y entendía el problema.

Fue un encuentro en el que daba la impresión de que a Calderón no le parecía nada de lo que se planteaba y denunciaba. De no ser por la participación de Margarita Zavala, la reunión hubiera terminado mal, sin que queramos decir que terminó bien; fue una mañana muy tensa y dolorosa.

Estaba de por medio una gran cantidad de enconos y exigencias. Lo que acabó por definir la trascendencia del encuentro fue que al paso de los meses, los acuerdos se diluyeron, no se habló mucho más del tema, de no ser por los lugares comunes y por los hechos violentos cotidianos en el país, los cuales abrumaban y siguen abrumando.

Uno de los grandes problemas que enfrentamos ante este fenómeno es lo delicado que ha sido perder el tiempo, dejar que las cosas crecieran y que, en algún sentido, terminaran por enquistarse. Muchos fueron los factores que intervinieron para que nos arrastrara el violento fenómeno. Quizá uno de los más importantes fue la falta de sensibilidad, la cual siguió por el mismo camino con el gobierno de Peña Nieto; baste recordar las reuniones que sostuvo el entonces Presidente con los padres y madres de familia de los normalistas desparecidos en Iguala.

Sumemos a esto la aparición, el pasado viernes, de un video en el que se tortura, hace al menos tres años, a un presunto responsable del secuestro y desaparición de los muchachos. Lo mucho que se avanzó con la investigación original, tiene elementos rescatables, pero se puede venir abajo ante la posibilidad de que se esté violando el debido proceso, lo que va a llevar a más cuestionamientos sobre la llamada “verdad histórica”.

El que no se haya atendido de manera profunda y comprometida la desaparición de personas nos ha llevado a vivir en medio de un proceso de mayor impunidad, corrupción y, sobre todo, ha convertido a los gobiernos en un actor definitivamente cómplice. No actuaron como uno de los ejes de la solución, más bien han terminado por ser un componente central del problema.

Reunirse con los familiares de los desparecidos y con quienes han perdido a alguien cercano por hechos violentos es una especie de principios sobre los que se debe establecer la gobernabilidad y la posibilidad de tener confianza y sentirse cobijado en medio de la tragedia de muchas familias. Es también acercarse a quienes viven una pesadilla interminable.

Estamos ante un problema estructural que tiene que ver con las formas de vida que hemos adoptado. Lo que nos pasa nos cuestiona a todos y nadie está exento de que le pueda suceder. Hasta ahora no hay signos evidentes de que vaya a revertirse el actual estado de las cosas, habrá que ver en acción el proyecto de la Guardia Nacional.

El actual Gobierno ha dado pasos importantes. Reiteramos, el hecho de que se reúna regularmente con los familiares de las y los desaparecidos, le abre un gran espacio a la necesaria esperanza y, sobre todo, provoca que la gente se sienta por fin atendida y que deje, de una vez por todas, tener que materialmente rogar para que les hagan caso.

El reto ahora está en tener información precisa y una base de datos, lo que deberá permitir tener un diagnóstico claro del doloroso y brutal problema que tenemos como sociedad.

Ahora el Gobierno deberá dar otro paso, el que lleve a las respuestas.

RESQUICIOS

No nos queda claro qué quiere decir que el problema del sargazo no sea “gravísimo”. En dos años, Quintana Roo ha recibido severos golpes a su economía turística, base del estado. Según el gobernador ,se recogen diariamente mil toneladas de sargazo; ¿entons?


Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de junio de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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