Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Derrotar el abstencionismo

Tradicionalmente las elecciones federales intermedias en las que no están en disputa la presidencia de la República ni las senadurías se caracterizan por una baja participación ciudadana en la votación. Sin embargo, las de esta ocasión han despertado una expectativa singular, y quizá sea la excepción por las circunstancias especiales de crispación política por las que atraviesa el país, por lo que ahora sí se espera que la gente abandone la apatía y disminuya su ausencia en las casillas electorales.

Se espera que se salga a votar masivamente, con lo que se derrotaría el alto abstencionismo electoral en este tipo de procesos electorales intermedios. Pero además, en este en lo particular, en el que los políticos, académicos, publicistas y, en buena medida, el sentir de la gente, han colocado en los platos de la báscula dos posturas: populismo y dictadura vs libertad, república y democracia.

Pero aunque se dice que hoy el dilema ya no es de gobiernos de derecha o de izquierda, no creo que así sea del todo, pues aunque parezca mentira, tristemente es una realidad que hay quienes anteponen sus posiciones ideológicas al bienestar general del país, por lo que también se tiene la visión de un comunismo o socialismo que para estos efectos políticos prácticos son casi lo mismo, salvo algunos ligeros matices vs liberalismo político-económico con rostro humano para el bienestar general.

El pueblo, que en este caso fungirá como el fiel de la balanza, tomará la decisión en este proceso electivo, y se tiene toda la esperanza que lo haga con toda libertad, conciencia, razonamiento y responsabilidad con sentido patrio, porque lo que está verdaderamente en juego es el destino y el futuro con certidumbre del país.

Circula en redes sociales cerradas privadas como WhatsApp la atinada expresión de un ciudadano común estadounidense demócrata, pronunciada durante los comicios electorales recientes de ese país, quien a pregunta expresa de por qué iba a votar, (y cuya respuesta, por su sentida vehemencia y sentido patrio reproducimos aquí, ya que acomoda perfectamente para nuestro proceso electivo) como si fuera un soplo divino patrio de vida democrática, dijo: “siento que mi vida depende de mi voto”.

Imagen: Saber votar

Todas las posiciones que están en el candelero electivo sin lugar a duda son importantes: gubernaturas, municipios y/o alcaldías y diputaciones locales porque se trata de la vida política interna de esos lugares; pero estimo que en esta ocasión lo más trascendente es la Cámara de Diputados federal, porque ahí precisamente podrá estar la más apropiada y saludable representación plural, no homogénea, y el destino del país, si se logra el benigno equilibrio entre los poderes federales.

Yo creo que para quienes tienen una visión general de país, sin menosprecio desde luego de lo estatal, les importa mucho más en este momento la nación, que una o unas localidades. Me atrevo a pensar que para los hombres de poder eminentemente pragmáticos, así como obviamente también desde los asientos del poder nacional mismo, por supuesto que electoralmente son atractivos e importantes los espacios locales y que no fácilmente los van a descuidar y dejar de lado. Pero estimo que hoy les importa más la Cámara de Diputados federal, porque ahí pueden estar los equilibrios del poder y porque ahí también se definen los destinos del país entero.

Creo que en última instancia, si no se pueden llevar todo (porque ciertamente para quienes tienen una mentalidad política totalitaria esa es su pretensión ideal), seguramente preferirán dejar ir una o algunas localidades, que perder la federal, porque viéndolo fríamente, si se pierden algunos espacios estatales repercute, pero no en la misma dimensión ni es definitorio para el control y posicionamiento político nacional; mientras que si pierden lo federal, aún ganando todo lo local, no les permitiría seguir teniendo el firme control y mando político total y determinante del país en su ámbito nacional.

Políticamente les reditúa más mantener lo federal que perderlo. Para quienes no tienen una mentalidad política totalitaria, porque la democracia es diversidad y pluralidad política en armónica unidad, están conscientes que la salud política del país exige y es preferible contar con un mosaico político que se configure de esta manera, para tener un ambiente diverso, más fresco, fuerte y oxigenado.

Por eso considero que en este proceso electivo, la de los diputados federales es la joya de la corona de la elección, pues a partir de sus resultados, habrá de reconfigurarse la Cámara de Diputados; el Congreso de la Unión; el Poder Constituyente Permanente para efectos de la reformabilidad de la Constitución Federal; el saludable equilibrio entre los poderes Legislativo y Ejecutivo federales; la sana independencia del Poder Judicial; el federalismo republicano; la revigorización del Estado de derecho; la reanimación de la democracia, así como la redefinición de las acciones de gobierno y de las políticas públicas y, por ende, la dirección, orientación y destino del país. Todo ello, siempre pensando en el fortalecimiento de la República federal democrática de derecho.

Necesitamos revigorizar a la democracia, la división de poderes y al Estado de derecho. El abstencionismo y la nulificación de votos no ayudan a la democracia y menos a la progresividad de ésta, sino por el contrario, es un asalto y una traición a estas tres instituciones político-jurídicas y, por lo tanto, un retroceso a estadios superados. Conforme a la ley, es un derecho pero también es una obligación votar y votar bien. Por eso, bien decía Luis Donaldo Colosio Murrieta en su campaña rumbo a la presidencia de la República, en su firme voluntad y permanente llamado a derrotar al abstencionismo: “prefiero un voto en contra, que una abstención”. Sí, un voto en contra, pero informado, razonado, convencido y responsable.

Y hoy se tiene la percepción de que ha habido regresiones en el Estado de derecho y, en el mejor de los casos, se ha mantenido inmóvil. Esto entonces quiere decir, que hoy vivimos en un Estado de derecho estancado, y por momentos pareciera que hasta en retroceso, que evita que éste avance y se robustezca, a fin de que contribuya y facilite la salud política del país.

El voto en blanco, votar por otras personas no registradas o votar mal conscientemente a propósito, o  que se venda el voto por una dádiva, es una forma simulada de no votar; es una simulación que va en contra de la democracia porque es una forma de no votar, de abstenerse de votar y que perjudica a la democracia y al país.

No se acepta ni se justifica tampoco, que mediante la abstención, se permanezca pasivo, indolente y cómodamente quejándose, lamentándose y esperando a que cambien las cosas, mientras que otros se estén rompiendo la cara para cambiar. Hay que actuar. Todos estamos obligados y es nuestro deber actuar. Y uno de los mecanismos más civilizados y responsables que se tienen es votar con responsabilidad ciudadana y de nación. La nación y la democracia son demasiado importantes como para dejarlas solo en manos de unos cuantos.

Hemos visto una oposición tibia, que no responde a su tiempo. Ya pasaron aquellos días en que la oposición, sobre todo la de izquierda, era aguerrida y batalladora. Por eso, entre otras cosas, también está decepcionado un sector de la gente, la de este pensamiento. ¿O qué solamente era cuando gobernaban otros partidos políticos? ¿Solo para esos gobiernos había oposición fuerte y combativa, y ahora ya no? Hoy está opacada la oposición y desconectada de la gente. Hasta parecería que vivimos una ausencia de partidos políticos: sin voz, sin pluma y letra y sin presencia con aforos públicos.

Hay que decirlo abiertamente, en voz alta y con todas sus letras. El llamado a la actividad política y cívica lo ha hecho la sociedad civil y la prensa, y no los partidos políticos, que es su deber y obligación primordial. La sociedad civil y los medios de comunicación les han hecho el trabajo a los partidos políticos. El hueco que han dejado libre, lo han llenado responsablemente la sociedad civil y la prensa libre fundamentalmente, preocupadas por el rumbo y destino de la democracia y del país en general.

Hoy, contrariamente a lo que consideramos debería ser, la sociedad civil y la prensa se han convertido en los principales actores políticos; en los más importantes y mejores contrapesos del poder, y no el Legislativo ni el Judicial; este último por varios titubeos motivo por el que no termina de afianzarse en su independencia, como tampoco los partidos políticos ni otros grupos de poder. Es más, a diferencia de como lo hacían antes algunos partidos políticos, hoy es la sociedad civil la que hizo suya la iniciativa de tomar las calles y plazas para protestar y manifestar sus inconformidades y reclamos. Hoy la prensa y la sociedad civil son los principales actores políticos y los que, contra viento y marea, han recogido la bandera que abandonaron los partidos políticos, para enarbolarla en alto.

Los organismos constitucionales autónomos son también reguladores del poder. Para eso se crearon, para coadyuvar en su balanceo y equilibrio. Los organismos autónomos como contrapeso son esenciales. Son factores del equilibrio del poder, y ellos también han estado en su papel de defensa de este nuevo equilibrio del poder.

Han hecho lo que han podido, sobre todo para defenderse de la avalancha de ataques del poder que los amenaza con desaparecerlos, y hay la han ido librando, siempre acompañados en esta batalla y defensa, también por la academia, la sociedad civil y la prensa fundamentalmente, y con un débil posicionamiento de los partidos políticos. Tal parece que están pasmados,  espantados y amedrentados por el espectro del poder. Quedó atrás, en el pasado, el combatibismo de los partidos políticos.

Tenemos todos que pensar como estadistas: tanto ciudadanos como gobernantes. El concepto de estadista que encierra la famosa frase de  Winston Churchill,  que dice que “el político piensa en las próximas elecciones y el estadista piensa en las próximas generaciones”, considero que no solo es aplicable a los gobernantes y a los políticos de carrera; de profesión, sino también a todos los ciudadanos, pues todos: gobernantes y gobernados debemos pensar y actuar como estadistas. Esto es, no solo pensando en las próximas elecciones, sino también en las próximas generaciones. Los políticos y gobernantes gobernando bien, y los gobernados, entre otras facetas de la vida del país, votando y votando bien, y de manera responsable, garantizándoles el  derecho a tener un mejor futuro a las siguientes generaciones.

Por eso, también tenemos que exigir integridad desde la selección de candidatos por parte de los partidos políticos, que es el primer filtro, o durante los propios procesos electivos, con la elección del candidato que mejor reúna esta cualidad, para tener gobiernos íntegros, inteligentes, comprometidos y con una buena visión político-social. No podemos intercambiar o vendernos por una miseria electoral de algunos candidatos. Hay que elegir verdaderamente a los mejores, y no dejarnos llevar solo por simpatías y “chistosadas”, como se dice en el lenguaje popular. Hay que vencer al abstencionismo, venciendo a la irresponsabilidad, y votar. Pero hay que hacerlo con generosidad, con inteligencia y con visión política. Elige, pero elige bien y bien pensado.

Por cierto, se recomienda salir a votar temprano. Entre más temprano mejor, porque recordemos que por la pandemia sanitaria por la que atravesamos, seguramente el día de la votación se tomarán las medidas sanitarias preventivas que pudieran hacer más lenta la votación y provoque largas filas de personas en espera para votar, a lo cual no se puede tampoco descartar que pudiera llover, pues ya entramos en la temporada de lluvias, lo cual haría más dificultosa la votación. No corramos riesgos y mejor salgamos a votar temprano. Es mejor que hagamos un voto tempranero, a un posible frustrado voto tardío, pues hasta por esta emergencia sanitaria, ésta será una elección peculiar.

Tenemos que aspirar a realizar un proceso electivo pulcro; inmaculado; sin cuestionamientos, y lo ideal sería que sin judicializarlo para que pasemos a una nueva etapa de normalidad político electoral democrática. Pero para ello, necesitamos votar con auténtica pulcritud ciudadana.

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